top of page

EL NÉMESIS DEL AMOR (parte 6)

  • 24 mar 2020
  • 7 Min. de lectura

Entre los bares y burdeles, una pequeña y oscura casa se erguía en las sombras. Bajo el alero, una vieja se sentaba en una silla de madera cubierta por una tela blanca; lucía como una adivina. En el letrero colgante había inscritos unos cuantos kanjis de forma críptica. De la luz anaranjada de la linterna la cara de una bruja flotaba por la oscuridad. La apariencia del conjunto era algo amenazante, como un fantasma que trata de tomar las almas de los transeúntes. Alguna vez me leyeron el futuro, pero después de ello mi fortuna empeoró, la sombra de una mujer me seguía a donde iba. Nada de lo que hice terminó bien; la gente a la que esperaba me dejaba plantado, nunca pude encontrar nada de lo que se me perdía, reprobé mis clases, la tesis que estaba a punto de entregar comenzó a arder de la nada, caí en los canales del río Biwa, fui estafado por un vendedor de aceite de serpiente en la calle Shijou, y muchas otras cosas desagradables me pasaron. Mientras pensaba sobre todo eso la vieja se percató de que la miraba. Desde la espesa oscuridad me dirigió una mirada con unos ojos relucientes que me atraparon en su aura fantasmagórica. Aquello tenía un poder persuasivo, y llegué a la conclusión de que alguien con ese tipo de aura emanando de sí no podría equivocarse en sus predicciones.

En mis casi veinticinco años de vida eran pocas las veces en las que había tomado el consejo de alguien humildemente. Aunque tomé pocos riesgos en mi vida todavía fue posible que eligiera un camino lleno de espinas. Si tan solo hubiera escogido dejar de confiar en mi propio juicio antes, mi vida de campus probablemente habría sido distinta. No hubiera entrado en el retorcido club de cine Misogi, no habría conocido a un personaje tan laberíntico como Ozu, y tampoco habría sido marcado con el título de “némesis del amor”. Es más, habría sido dotado de mentores y amigos increíbles, habría sido reconocido como un artista talentoso, por supuesto que tendría una bella doncella de cabello negro a mi lado, tendría de frente un futuro brillante y conseguiría esa tan importante “vida de campus color rosa”. Para alguien como yo, no parecía muy difícil tener ese estilo de vida.

Eso es.

Todavía no era demasiado tarde. Podía escuchar el consejo objetivo de alguien y terminar con esta vida desgraciada.

Moví mis piernas hacia la vieja como atraído por su extraña aura.

—Muchacho. ¿Qué es lo que deseas saber?

La vieja masculló como si su boca estuviera llena de algodón, dando la impresión de que sus palabras eran aún más valiosas.

—Esa es una buena pregunta. ¿Qué debería decir?

Viéndome sin palabras ella se rio.

—Por tu cara puedo decir que estas muy frustrado. No eres capaz de usar tus talentos; tu situación actual no es adecuada para ti.

—Sí, me pasa exactamente eso.

—Muéstrame tus manos.

La vieja agarró mis manos y las examinó gruñendo con aprobación.

—Tienes un gran talento en tu interior.

Me quité el sombrero ante su perspicacia. Justo como un gran maestro que oculta sus habilidades, que pudiera darse cuenta de mi gran talento oculto en menos de cinco minutos demostraba que ella no era una persona ordinaria.

—No debes dejar que se escape tu ocasión. Una ocasión no es más que una oportunidad excelente. ¿Entiendes? Es difícil asir las ocasiones. Algunas veces están ocultas en lugares que no esperarías y algunas veces algo que pensabas que era una ocasión no era nada en realidad. Pero debes actuar si quieres aprovecharla. Parece que vas a tener una vida larga, así que tarde o temprano serás capaz de tomarla.

En concordancia con su aura, sus palabras eran realmente profundas y misteriosas.

—No quiero esperar demasiado por algo así; quiero tomar la oportunidad ahora. ¿Puedes ser un poco más específica?

Las arrugas de la vieja aumentaron con mi pregunta. Pensé que su mejilla derecha le estaría picando o algo por el estilo, pero luego de un rato ella sonrió.

—Es difícil ser específicos sobre el futuro. Incluso si te lo dijera con exactitud cambiaría rápidamente por el efecto del tiempo mismo. El destino es algo que cambia segundo a segundo.

—Pero todavía no me has dicho nada más que cosas confusas.

Al inclinar mi cabeza en confusión ella resoplo por la nariz.

—De acuerdo, me contendré de hablar de cosas muy lejanas, pero te puedo hablar sobre lo que está pronto a venir.

Ensanché mis orejas como Dumbo.

—Coliseo —susurró de repente.

—¿Coliseo? ¿Qué es eso?

—Es la señal de una ocasión, no la debes dejar escapar, no puedes seguir buscando a tientas como siempre. Aférrate a ella atrevidamente, no como tus acciones hasta ahora. Si lo haces no estarás insatisfecho por más tiempo y te podrás embarcar en un nuevo camino. Aunque puede que ese te lleve a un tipo distinto de insatisfacción. Espero que lo entiendas.

No lo entendí en lo más mínimo, pero igual asentí.

—Incluso si no tomas esta no necesitas preocuparte, eres un joven esplendido y algún día lo conseguirás. Lo puedo ver, no hay por qué apresurarse.

Con eso, la vieja termino sus predicciones.

—Muchas gracias.

Asentí y pagué la tarifa. Cuando me di la vuelta vi a Ozu detrás de mí.

—¿Eres una ovejita perdida? —preguntó.

***

Pasear por la ciudad esa noche fue idea de Ozu. Como no me gustaba el alboroto del centro, casi nunca iba allá. Pero a él le gustaba caminar por la calle buscando sucesos obscenos y acumulando nuevas ideas malévolas. Como siempre se quejaba pidiendo lengua de ternera salteada con puerro frecuentábamos un puesto de barbacoa en la calle Kiyamachi para complementar en algo nuestra mala nutrición. Ordené setas shiitake para acompañar la carne y Ozu me miró como si estuviera presenciando una persona metiéndose mierda de caballo en la boca.

—Vaya cosas más asquerosas las que tienes ahí. Eso son hongos. ¿Sabías? Hongos cafés y esponjosos. No puedo creer que te los estés comiendo ¿Para qué son esos filamentos asquerosos que tiene al final? ¿Por qué siquiera tiene esas cosas?

Me molestaba su dieta totalmente carnívora y recordé claramente que tuve que abrirle la boca para embutirle un pedazo de cebolla verde. Pero él estaba completamente comprometido con su dieta desbalanceada y nunca lo había visto comer una comida completa.

—¿Quién era la chica de antes?

Lució desconcertado.

—Ya sabes, con la que estabas hablando frente al puesto de la adivina.

—Era Hanuki —dijo antes de continuar comiendo—. Es una conocida del maestro Higuchi, nos hemos encontrado muchas veces. Estaba de vuelta de sus clases de conversación en inglés y me invitó a tomar algo.

—Maldito sinvergüenza, eres más popular de lo que esperaba.

—Pues claro, las chicas nunca me dan espacio para respirar. Pero tuve que rechazarla cortésmente.

—¿Por qué?

—Cuando ella se emborracha tiene el mal hábito de lamer la cara de la gente.

—¿Incluso tu mugrosa jeta?

—Sí, incluso esta cosa adorable. Así es como ella demuestra su amor.

—Si alguien te lamiera la cara de seguro contraería una enfermedad terminal. Qué mujer tan temeraria.

Asábamos nuestra carne en la barbacoa mientras teníamos esta conversación estúpida.

—¿Qué te dijo esa adivina? —Aunque había sido una conversación portentosa sobre el rumbo por el que iba mi vida, descartó su pregunta diciendo—: Probablemente era sobre el amor de tu vida; algo inútil—. Continuó menospreciándome, repitiendo una y otra vez cosas como “Ew, eso es desagradable” y “Vaya pervertido” interrumpiendo constantemente mis profundos pensamientos. Enojado, me metí una seta a medio cocinar en la boca y nos quedamos en silencio.

La adivina vieja había dicho algo sobre el “coliseo”, pero nunca había tenido nada que ver con Roma o con su coliseo. Sin importar cuánto busqué en mi memoria no pude encontrar ninguna conexión. Aun así, seguramente aparecería en el futuro lo que fuera que se refiriera el coliseo. ¿Pero qué podría ser exactamente? Seguramente dejaría pasar la ocasión si me ponía a pensar en un nuevo plan en esos momentos. Estaba inquieto.

El restaurante estaba repleto de caras jóvenes que aparentaban haber sido estudiantes de preparatoria hace tan solo unos días. Parecía que estaban celebrando muchas fiestas de bienvenida en ese restaurante. Me duele recordar, pero yo alguna vez también fui un primerizo rebosante de timidez y esperanzas por un futuro color rosa.

—Estás pensando cómo pudiste haber tenido una mejor vida universitaria, ¿verdad? —De repente Ozu le apuntó al meollo del asunto. Resoplé, pero me mantuve en silencio.

—Es inútil —dijo con un suspiro antes de continuar comiendo.

—¿Qué lo es?

—Sin importar lo que hubieras hecho, eventualmente habrías llegado al mismo lugar.

—Eso son tonterías. Ciertamente no lo hubiera hecho.

—Es inútil. Siempre pones la misma cara.

—¿Cuál cara?

—Es como si hubieras nacido bajo una estrella de mal augurio o algo por el estilo.

—Como puedes tener el descarado para decir eso con esa cara de duende tuya.

Cuando Ozu sonrió su cara se pareció aún más a la de un youkai.

—Acepto de frente mi nacimiento bajo una estrella de mala suerte —murmuré—, pero yo soy así porque tú eres como eres.

—Pero es divertido ser así, ¿o no? ¿Estás insatisfecho con algo?

—Con todo. Este estado desagradable en el que me encuentro es totalmente tu culpa.

—Vaya cosa tan descarada acabas de decir.

—Si no te hubiera conocido mi vida hubiera sido mucho más significativa. Me habría aplicado a los estudios, habría salido con doncellas de cabello negro y habría disfrutado una vida maravillosa sin una sola nube posada sobre mi cabeza. Al menos eso es seguro.

—Esos no son hongos mágicos, ¿verdad?

—Es solo que ha sido hasta hoy que me he dado cuenta lo mucho que he desperdiciado mi vida de estudiante.

—No es por confortarte ni nada por el estilo, pero creo que sin importar cómo hubieras encaminado tu vida, igualmente hubieras sido contaminado por mí eventualmente. A fin de cuentas estoy poniendo todo mi esfuerzo por hacerte una persona inútil. No hay nada que puedas hacer en contra del destino. —Me apuntó con el dedo dramáticamente—. Tu y yo estamos ligados por el hilo negro del destino.

Me estremecí cuando una imagen de los dos, hundiéndonos en el fondo del océano atados por una soga negra, me llegó a la mente.

Ozu, ese maldito youkai retorcido, sonrió contento al ver mi incomodidad y continuó comiendo su lengua de ternera.

Comentarios


Gracias por consultar el sitio

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

bottom of page