LA VUELTA A LA GALAXIA DE TATAMIS (parte 10)
- 25 mar 2020
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La multitud se comenzó a dispersar tan pronto como se llevaron a Ozu. Haber estado rodeado de tanta gente luego de mi confinamiento de ochenta días fue sorprendente, por lo que me quedé ahí por un rato acariciándome la barba sin pensar en nada.
Mientras estaba mirando distraídamente desde la orilla del río vislumbré la figura de una chica sentada en un banco. Su cejo estaba fruncido y tenía la cara enterrada entre las manos.
Caminé hacia ella.
—¿Estás bien? —pregunté.
—No soporto las polillas —me respondió con una cara pálida.
Ya veo, eso explica su situación
—Había mucha gente en el puente, ¿qué pasó?
—Ozu… bueno, es muy complicado para mi explicártelo en estos momentos.
—¿Tú conoces a Ozu?
—Sí, ¿tú también?
—Sí, lo conozco desde hace mucho.
Me presenté, vivía en el primer piso de Shomogamo Yuusuisou y había conocido a Ozu desde mi primer año en la universidad.
—¿Eres parte de la policía de la biblioteca? —me preguntó—. ¿Eres el del incidente del caballo de mar?
—¿Incidente del caballo de mar?
—Una vez el maestro nos pidió un caballo de mar, por lo que Ozu consiguió una pecera, pero cuando tratamos de llenarla el agua comenzó a filtrarse por todos lados.
—Ah, ya sé de qué me hablas. Esa fue una muy mala experiencia.
—Pero al final el maestro no pudo tener su caballo de mar.
—¿Por qué?
—El maestro Higuchi decidió que prefería un pulpo gigante en su lugar.
—No creo que puedas poner uno de esos en una pecera normal.
—Ni siquiera Ozu podía conseguir uno de esos. Luego me enteré de que contentó al maestro con una bandera gigante de Ferrari que compró en algún lado.
Ella comenzó a frotarse fuertemente las mejillas.
—¿Quisieras tomar un café para calmarte un poco? —le pregunté.
No me estaba aprovechando del momento de debilidad de una chica para alcanzar fines indecentes. Simplemente estaba preocupado por ella, todavía estaba muy pálida.
Compré café enlatado en una máquina expendedora del lugar y lo bebimos juntos.
—Por cierto, ¿cómo están los Mochiguma?
—Bien… pero uno de ellos sigue perdido… —musitó y cerró la boca. Luego me miró penetrantemente a los ojos y se dio cuenta de quien era. —Trabajaste en la librería Gabi durante la feria de libros usados, ¿verdad? Perdóname, no te reconocí.
—¿Me recuerdas?
—Sí, te recuerdo. Esa barba tuya es sorprendente —dijo mirándome a la cara.
Es imposible describir cómo me sentía en ese momento. Batallé por expresar mis sentimientos con acciones y terminé diciendo lo único que se me vino a la mente.
—Akashi, ¿quisieras ir a comer algo de ramen?
***
Cuando comí mi ramen sorprendí al tendero con mi torrente de lágrimas. Era mi primer viaje a Neko Ramen en ochenta días.
—¿Es realmente tan bueno? —preguntó Akashi.
—¡Mmm, mmph! —gemí.
—Genial —dijo y comenzó a sorber sus propios fideos.
***
Esos son los hechos de mi viaje alrededor del mundo de cuatro tatamis y medio en ochenta días.
No pude soportar estar otra noche en esa habitación de cuatro tatamis y medio, por lo que dormí en el pasillo hasta que encontré una residencia en Mototanaka y me mudé. En esa ocasión escogí una habitación de seis tatamis y me aseguré de que tuviera baño privado, aun así, varias veces me encontré tentado a usar una botella de cerveza para orinar y recordaba aquellos horribles ochenta días.
Lo más extraño de todo es que, a pesar de pasar tanto tiempo en ese mundo, casi no había pasado tiempo en el mundo real. Mi aventura era menos como la de Urashima Taro y más como el sueño de Katan, solo que no había sido un sueño. El enjambre de polillas, mi cabellera salvaje y mi mochila repleta de billetes de mil yenes eran prueba suficiente de ello. Pagué todos los gastos de la mudanza con lo que había recogido en la mochila.
***
Describir cómo se desarrolló la relación entre Akashi y yo sería desviarse del propósito de este escrito, por lo que me contendré de recapitular cada uno de los acontecimientos maravillosos. Estoy seguro de que mis lectores preferirían no desperdiciar su tiempo en cosas tan insignificantes.
No hay nada más aburrido que contar una historia de amor exitosa.
***
Hablando después de experimentar los numerosos eventos que permearon mi vida de campus luego de estos, es irritante tener que reconocer lo ingenuo que fui. No soy alguien que reconozca sus errores fácilmente. Es cierto que me apreciaba mucho, pero ¿qué mujer hubiera querido aferrarse a un joven tan repugnante como mi yo de veinte años? Me enojé tanto por eso que rechacé vehementemente ayudar a mi antiguo yo.
No puedo quitarme el sentimiento de que escoger la sociedad secreta del “restaurante del gato afortunado” frente a la torre del reloj ese día había sido un error. Si hubiera escogido un camino distinto, estoy casi seguro de que hubiera tenido una vida muy diferente.
Pero después de recorrer esas habitaciones infinitas de cuatro tatamis y medio por ochenta días, supongo que sin importar lo que hubiera escogido mi vida no hubiera cambiado mucho. Lo más aterrador era que en cada una de mis vidas, sin importar el camino que anduviera, siempre me relacioné con Ozu. Era justo como él había dicho: estábamos conectador por el hilo negro del destino.
Por lo tanto, no acogeré a mi yo pasado ni reconoceré mis errores, sino que dejaré que me resbalen ambas cosas.
***
Ozu fue internado en un hospital cerca al campus.
Era placentero verlo amarrado a la cama del hospital. Su tez pálida daba la impresión de que había contraído una enfermedad terminal cuando solo se trataba de una fractura. Probablemente sería apropiado decir que fue suertudo al escapar solo con una fractura. Vine a regodearme por su incapacidad para llevar a cabo sus habituales fechorías, pero me quedé comiendo una Castella en silencio sin decirle nada.
Higuchi, Jougasaki, Hanuki, Akashi, miembros del club de cine, amigos del club de softbol, el jefe de la secretaría escolar de planeación para festivales, el dueño de un bar, el tendero de Neko Ramen e incluso un buen número de miembros de la sociedad secreta fueron a visitarlo constantemente. Me sorprendió ver a Aijima en el lugar una vez. Los miembros de la sociedad secreta vigilaban el hospital día y noche para asegurarse de que Ozu no pudiera escapar.
Un día, cuando Akashi y yo estábamos hablando al lado de su cama, llegó una bella chica con un almuerzo casero. Ozu se puso nervioso de repente y nos dijo que nos fuéramos. Cuando salimos Akashi comenzó a reírse entre dientes como un pequeño demonio.
—¿Quién ese esa chica? —le pregunté.
—Es Kohinata, era parte del club de cine en el que estamos Ozu y yo y parece que han estado saliendo juntos desde que Ozu estaba en su primer año de universidad.
—No puedo dejar pasar esto, ¿tiene una novia?
—Incluso cuando pasa tanto tiempo planeando sus fechorías todavía saca tiempo para estar con ella —dijo Akashi divertida—. Ozu odia cuando otras personas se la encuentran. Creo que pretende ser un buen chico cuando está con ella.
Desde el pasillo miré hacia el vestíbulo del hospital. En un rincón había un hombre extraño aparentando sin éxito meter una moneda de diez yenes en el teléfono de monedas. Su cara me pareció familiar y recordé que él había sido parte del grupo desplegado en la operación de secuestro de Kaori que había ejecutado la policía de la biblioteca. Colgó el teléfono y se escondió detrás de la recepción tan pronto como se dio cuenta de que lo estaba mirando.
Suspiré.
—Oye, Akashi, Ozu tiene muchos enemigos, ¿no sería mejor si se escondiera por un tiempo?
—Quizá tengas razón —dijo sonriendo—. Déjamelo a mí, me encargaré de todo.
***
Cuando vi a Ozu, que había sido mi único amigo durante los últimos dos años, metido en problemas, decidí hacer todo lo que estuviera a mi alcance para ayudarlo.
—Todo seguirá siendo difícil para ti cuando abandones el hospital, ¿no es así?
—Eso es bastante obvio.
—Entonces, ¿por qué no huyes a algún lado hasta que las cosas se hayan calmado? Estoy dispuesto a costearte el viaje.
Ozu me miró con sospecha.
—¿Qué estas tramando? ¡no me puedes engañar!
—Deberías confiar un poco más en el prójimo. Recuerda que en el mundo todavía existen personas de gran corazón como yo. ¿Siquiera tienes algo de dinero?
—Eso es bastante presuntuoso viniendo de ti.
—No te preocupes por eso, déjame encargarme de todo.
—En cualquier caso ¿Por qué quieres pagar por mí?
***
Una gran sonrisa se posó en mi rostro.
—Así es como demuestro mi amor.
—No necesito una cosa tan repugnante —me respondió.



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