LA VUELTA A LA GALAXIA DE TATAMIS (parte 9)
- 25 mar 2020
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Caminé hacia el vestíbulo sin prestar atención al enjambre de polillas que salía de mi habitación.
Escuché un sonido silbante que venía del rincón del vestíbulo, probablemente alguien estaba haciendo arroz usando los enchufes del lugar. Me tentó la posibilidad de un cuenco de arroz fresco, pero resolví firmemente seguir caminando sin detenerme. En la entrada, mis zapatos todavía estaban cuidadosamente puestos.
Salí de Shimogamo Yuusuisou y caminé hacia Shimogamo Izumigawa.
La ciudad estaba llena de las sombras del atardecer, la briza nocturna que corría por entre los callejones acarició mi rostro suavemente y fui alcanzado por el aroma más delicioso que había sentido nunca. No era el olor de algo en particular, solo el olor de la calle; la esencia del mundo. No se trataba solo del olor, también del ruido: los crujidos del bosque Tadasu, las corrientes de los ríos, el sonido de las bicicletas que pasaban.
Mis inestables piernas me llevaron hasta Izumigawa. Ante mí podía ver el asfalto extenderse hacia el horizonte, las lámparas del camino, las lámparas de las puertas, incluso luces saliendo de ventanas de diferentes pisos. Pasé la casa de té de Shimogamo, cuyas luces internas iluminaban la calle. Caminé entre las silenciosas casas que iluminan el camino al santuario Shimogamo y finalmente pude escuchar el sonido de los coches y las fiestas estudiantiles que venían del Kamo delta a través del campo de pinos que se presentaba frente a mí.
Crucé el sendero y entré al Kamo delta dejando atrás los árboles del terraplén y, lleno de emoción, comencé a trotar acariciando los troncos de los árboles a medida que pasaba junto a ellos y me acercaba a los estudiantes; muchos me miraron con desprecio, pero mi cabellera y barba desordenadas los disuadieron de decir cualquier palabra.
A medida que salía de la arboleda comenzó a presentarse ante mí un bello cielo despejado color índigo.
Corriendo, y casi cayéndome por el terraplén, llegué hasta el borde del delta, donde fui recibido por los fuertes sonidos del río y me paré ahí orgullosamente, como si estuviera en la proa de un barco. Del este llegaba el río Takano, del oeste el río Kamogawa, y en ese punto se unen para formar el río Kamo que fluye hacia el sur.
La superficie del río se comenzaba a tornar de platino a medida que se encendían una a una las luces de los postes. Frente a mí podía ver el gran puente Kamo cruzar el río; sobre sus barandas estaban dispuestas bellamente muchas lámparas de color naranja. Sin importar a donde mirara podía ver gente por todos lados. Las brillantes lámparas, la iluminada línea Haiken de la estación Demachiyanagi, los postes de luz, las luces del distante Shijou, las luces de los coches sobre el puente, todo brillaba como gemas preciosas destellando frente a mis ojos.
¿Qué era ese sentimiento?
Esa noche estaba viva.
Era como si hubiera llegado el festival Gion.
Respiré la fragante atmosfera hacia mis pulmones y miré hacia el cielo, que poco a poco cambiaba su color de rojo a índigo, para finalmente desatar un rugido primitivo que me desfiguraba el rostro.
***
Me bañé en las miradas de disgusto y temor de la gente que estaba en el Kamo delta, completamente fascinado por el hecho de estar vivo y en ese lugar.
No estoy seguro de cuánto tiempo estuve allí, pero pronto se armó un escándalo en el puente Kamo. Cuando miré hacía arriba desde mi posición al borde del delta vi que había una multitud furiosa sobre el puente. ¿Por qué estaban gritando?
Mientras me preguntaba eso, un hombre se encaramo en la baranda del puente. Parecía estar discutiendo con la multitud que yacía frente a él. Cuando su cara se iluminó por las luces de las lámparas de la baranda me di cuenta de que era Ozu. Hizo una pose como si fuera a saltar del puente sonriendo ampliamente y sacudiendo su cadera de un lado a otro. Aunque no lo había visto en ochenta días, él todavía tenía ese rostro de diablillo impertinente. Parece que él había seguido con sus fechorías mientras yo estuve ausente.
Lleno de emoción grité su nombre, pero no me escuchó.
¿En qué tipo de idiotez se había metido para terminar en una situación tan mala como esa? Quizá tenía algo que ver con una fiesta.
Mientras miraba y me preguntaba lo que sucedía en frente de mí, comenzaron a oírse gritos a mis espaldas.
Me di la vuelta solo para vislumbrar una nube oscura que se avecinaba sobre el terraplén. Los estudiantes que estaban dentro de la nube corrían en todas direcciones agitando sus brazos y golpeándose las cabezas como si estuvieran locos.
La nube oscura continuó esparciéndose, acercándoseme implacablemente desde el bosque de pinos. Aquello no era un hecho ordinario. Con el zumbido fortaleciéndose, la nube se nos acercó hasta que finalmente bajó el terraplén y me embistió.
Era un enjambre de polillas.
***
La tormenta de polillas apareció en el noticiero de Kioto al día siguiente, pero nadie entendía de donde habían salido. Al rastrear su ruta, parecía que habían salido del bosque Tadasu, ósea, del santuario Shimogamo, pero todavía no se podía asegurar nada. No había explicación para que todas las polillas del bosque decidieran migrar simultáneamente. También circulaba el rumor de que las polillas habían llegado desde el pueblo vecino, Izumigawa, pero ese rumor tampoco tenía sentido. Parece que la tormenta de polillas se había reunido en una esquina de mi residencia esa noche.
Cuando volví, el pasillo estaba lleno de polillas muertas, y como había olvidado cerrar la puerta de mi habitación, ahí también había otro montón. Así que junté y enterré los cadáveres con el máximo respeto.
Pero sospecho que la verdad del asunto es evidente para mis lectores.
Esto es lo que yo creo.
Durante mi viaje a lo largo del mundo de cuatro tatamis y medio, las polillas de cada habitación se terminaron por juntar en un gran enjambre que terminó por llegar a mi habitación y de ahí logró salir al mundo exterior.
***
Valientemente mantuve mi posición en la orilla del Delta con un montón de polillas pasando por mi cara, algunas de ellas entrando en mi boca.
Aun así, la cantidad abrumadora de polillas de esa noche era absolutamente ridícula. El zumbido estremecedor del aleteo me abstrajo del resto del mundo. Parecía más una banda de diablillos alados que un enjambre de polillas. lo único que pude percibir a través de mis ojos entrecerrados fueron las aguas del río Kamo, la baranda del puente Kamo y la silueta de alguien cayendo al río desde la baranda.
Luego de un tiempo la tormenta terminó de pasar, dejando detrás a la multitud de juerguistas atónitos que murmuraban nerviosamente sobre lo que había pasado, pero yo me dediqué a examinar el puente sin decir nada. Había un objeto oscuro enredado entre los pilares del puente Kamo como un alga. ¿Podría ser Ozu?
Los estudiantes que estaban sobre el puente comenzaron a gritar cosas como “de verdad se cayó”, “Oh mierda, Oh mierda, mierda, mierda” “alguien ayúdelo” “No, solo deja que se muera” “Aunque lo matemos no morirá”.
Entré en el río Kamo y chapoteé hasta que llegué al centro del río. Perdí el equilibrio varias veces, pero continué mi caminó hacia Ozu. Aunque me empapé completamente, si consideramos cuán sucio estaba podríamos decir que estaba tomando un baño.
Con algo de esfuerzo llegué hasta los pilares y grité—: ¿Estás bien?
Ozu me miró por un rato y eventualmente preguntó—: ¿Eh? ¿Quién eres?
—¡Soy yo, Soy yo!
Entrecerró los ojos mientras me inspeccionaba de nuevo y finalmente chasqueo la lengua.
—¿Qué hay con esa facha de Robinson Crusoe?
—Sí, yo también lo he pasado mal. ¿Te puedes mover?
—…au au au au! No, no puedo. Definitivamente se me rompió algo.
—Bueno, al menos intentemos llegar a la orilla del río.
—¡Auch! ¡Que no me puedo mover!
Algunos de los que estaban en la orilla se acercaron para ayudar. —¡Levántenlo! ¡Agárralo de ese lado! ¡Yo lo agarro de este! —gritamos coordinando nuestras fuerzas.
—Auh auh, ¡más cuidado! —gritaba mientras lo llevamos hasta la orilla.
Una multitud se había reunido en el costado oeste del río y estaba armando un gran escándalo. Creí ver a Aijima entre la multitud y retrocedí, pero llegados a ese punto no había razón para que le siguiera temiendo. Todos comenzaron a agruparse alrededor de Ozu, que estaba tirado como un tronco sobre la orilla.
—¿Dónde está la ambulancia? —preguntó al aire Higuchi cuando llegó luciendo despreocupado.
—Akashi ya la llamó, no demorará mucho —le respondió Jougasaki.
—Cosechas lo que siembras —se le burló Hanuki, que había aparecido tras Higuchi.
Ozu gimió acostado en la oscura orilla.
—Me duele, me duele mucho. ¡Hagan algo!
Higuchi se agachó a su lado.
—Fallé —dijo Ozu con una voz muy suave.
—Ozu, has estado a la altura de mis expectativas —le dijo el maestro.
—Maestro… ¡Muchas gracias!
—Pero no tenías que llegar a tal punto de romperte un hueso. Vaya tonto más incorregible.
Ozu se tendió ahí sollozando.
Entre la multitud que lo rodeaba, un grupo de gente que parecía importante se reunió y comenzó a discutir algo.
—Cálmense, Ozu no huirá —tronó Higuchi con un tono intimidante —yo asumiré la responsabilidad de sus actos.
La ambulancia llego después de unos minutos.
Jougasaki subió el terraplén para explicarle las cosas a los paramédicos, quienes pronto cubrieron a Ozu con una cobija y lo subieron a una camilla. Yo hubiera celebrado si lo tiraban al río en ese momento, pero ellos, como profesionales, no distinguían entre pacientes. Llevaron la camilla hasta la ambulancia sin importarles las maldades de Ozu.
—Yo acompañaré a Ozu —dijo el maestro subiéndose a la ambulancia junto con Hanuki antes de partir.
***
Mucho pasó mientras yo no estuve.
La historia completa de por qué Ozu fue perseguido y atrapado en el puente es tan complicada que sería necesario todo un libro para explicarla, por lo que solo describiré el resumen.
Higuchi y Jougasaki habían estado participando por mucho tiempo en una misteriosa batalla llamada “guerra masoquista de los representantes”. A mediados de mayo, cuando encontró su yukata pintado de rosa, Higuchi le había pedido a Ozu, su discípulo, que tomara venganza y elaboró un plan para secuestrar a Kaori como venganza, lo mismo que había hecho Aijima el otoño pasado; en un principio había pensado ponerla en mi habitación, pero como yo no estaba en ese momento se la encargó al supervisor A de la policía de la biblioteca. Desafortunadamente, A se enamoró de Kaori y huyó furtivamente con ella de Kioto. Ozu uso a la policía de la biblioteca para sus propios fines y consiguió un automóvil prestado con el que persiguió a A para recuperar a Kaori, sin embargo, cuando se descubrió que Ozu había usado la organización para sus propios fines, un grupo de clubes y organizaciones que estaban insatisfechos bajo el mando del nuevo vice jefe del taller de copiado y jefe de la policía de la biblioteca aprovecharon su ausencia para ocupar las oficinas de la fuerza de bicicleta “cerezo”, de la policía de la biblioteca y del taller de copiado. Luego se dieron cuenta de que Ozu había estado desviando parte de los recursos del taller de copiado para comprar comida y otras cosas para Higuchi y decidieron emprender un plan para hacerlo devolver todo el dinero. Aijima, que había estado esperando por una oportunidad para obtener su venganza, hizo sus propios arreglos para recuperar su buen nombre y volver a la sociedad secreta. Maltrató algunos miembros jóvenes del club de cine Misogi para que le revelaran la posición de Ozu y lo persiguió; pero esa noche, en su camino de vuelta, Ozu sintió que algo andaba mal y no volvió a su apartamento, en su lugar se escondió en el jardín de un conocido suyo en Joudo-ji y llamó a Hanuki pidiéndole que lo ayudara a contactar a Higuchi. En consecuencia, Akashi recibió la orden de salvar a Ozu y se infiltró en Joudo-ji; había toda una red de vigilancia en torno al apartamento de Ozu que iba desde Joudo-ji hasta Ginkaku-ji, pero Akashi ingenió un plan para pasar a través de los canales del río Biwa y atravesaron la red sin ser detectados. Para evadir los cientos de ojos que observaban el área al este del río Kamo y al norte de la calle Marutamachi, Ozu se vio obligado a vestirse con ropa de mujer y deslizarse entre los vigilantes y cruzar el puente Tadekura, finalmente llegando a Shimogamo Yuusuisou. En la habitación de Higuchi Ozu por fin pudo respirar con calma, pero en ese momento llegó Jougasaki lleno de ira e hizo un alboroto a causa del secuestro de Kaori, lo que causo que la sociedad secreta descubriera a Ozu. Estuvo a punto de escapar de sus perseguidores, pero en el último momento lo atraparon en el puente Kamo y, sin ningún lugar al cual correr, decidió subirse en la baranda del puente.
Se paró ahí impávido con una sonrisa sombría en su rostro.
—¡Prefiero saltar del puente que someterme a que me hieran! —les gritó—. ¡No bajaré de acá si no garantizan mi seguridad!
Al final terminó rompiéndose una pierna debido a su caída en el río Kamo.



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