EL NÉMESIS DEL AMOR (parte 8)
- 24 mar 2020
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Déjenme profundizar sobre la última película que hice.
Mis niveles de irritación crecieron de nuevo cuando volvió la primavera. Jougasaki blandía su batuta sin señales de detenerse. Como un niño con su chupete, extendió su autoridad por el club con sus ojos tentados por comandar a los nuevos miembros. A su vez, los primerizos estaban cautivados por su poco carisma y parecían querer desperdiciar su precioso tiempo como estudiantes. Necesitaban urgentemente que alguien les lanzara agua helada en las cabezas y decidí ser quien ser encargara de aquella desagradable tarea.
Hice dos películas para la proyección que haría el club de abril a mayo con el fin de reclutar nuevos miembros. La primera era increíblemente monótona, se trataba de Ozu sentado frente a la cámara recitando la escena de Tasuno Yoichi de la historia de Genji. Los miembros del club se opusieron por unanimidad.
Pero yo, con una autoridad que rivalizaba con la de Winston Churchill, me les enfrenté con mis palabras de oposición y los obligué a permitir mi película. Utilicé todo mi esfuerzo para hacerlos comprender.
—Puedes proyectar la película que te dé la gana —dijo Jougasaki casualmente interrumpiendo mi discurso—. Solo no entorpezcas el plan de reclutamiento.
La segunda película era un teatro de marionetas inspirado en Momotaro, solo que la pareja de ancianos lo llamaron Misaki. Y así comenzó su insoportable viaje. Misaki inaugura el club de cine Onigashima y usa veneno para engañar a los estudiantes mayores para que acepten su autoridad. Con su acento de imbécil él configura su visión de mundo y teoría sobre el amor. Espía mujeres desnudas acompañado siempre por su fiel perro/mono/loro; en resumen, esconde su monstruosa personalidad mientras mantiene su fachada de hombre respetable y termina siendo el rey del reino Masaki, pero luego de un tiempo aparecen dos aliados de la justicia que le pintan todo el cuerpo de rosado, lo enrollan en una estera de bambú y lo arrojan al río Kamo, restaurando así la paz en la galaxia.
Superficialmente parece una comedia de humor negro basada en Momotaro, por lo que me esforcé por entretener a la audiencia. Sin embargo, Masaki suena similar a Jougasaki, y le agregué un montón de sus características. Aquella película inspirada en Momotaro se trataba realmente de un documental que exponía la vida de Jougasaki.
Confié totalmente en la red de información de Ozu para averiguar la verdadera forma de ser de Jougasaki. Como homo sapiens, no puedo revelar a cabalidad cuán íntimamente relacionado estaba Ozu con Jougasaki, lo único que me dijo fue—: Tengo un espía en su servicio secreto. —Pero eso seguía siendo incomprensible. En cualquier caso, me contagié de su maldad y me puse manos a la obra.
Como estaba planeado, el día de la proyección Ozu estaba encargado de intercambiar la película de la historia de Genji por la de Momotaro antes de que la comenzaran a emitir. Yo, por mi parte, me sumí en la oscuridad y abandoné el edificio.
***
Al escapar del restaurante de barbacoa en Kiyamachi, monté en mi bicicleta hacia el norte siguiendo el camino del río.
Al otro lado del gran río Kamo las luces brillaban como si se tratasen de una escena de ensueño. El área entre el puente Sanjou y el puente Oike era famosa por ser un punto de encuentro para parejas. Mantendré mi mente lejos de ese asunto, de hecho, no tengo tiempo para pensar en ello. Continúe montando en mi bicicleta y pronto desaparecieron de mi vista las luces del distrito comercial y la zona del Kamo exclusiva para parejas.
Incluso a aquella hora el Kamo delta seguía repleto de actividad con un montón de estudiantes atontados. Podía ver la densa arbolea del parque Aoi al costado norte del río. Con el frío viento nocturno golpeándome en la cara pedaleé en dirección al santuario Shimogamo dejando atrás el Kamo delta.
El camino al santuario estaba oscuro y vació.
Estacioné mi bicicleta en la entrada del sendero y me adentré en el bosque Tadasu. A pocos pasos de la entrada había un pequeño puente en el que recuerdo haberme recostado para destapar un Ramune el año anterior, en la feria de libros usados del santuario Shimogamo.
Cerca al sendereo del santuario, extendiéndose de sur a norte, están los terrenos donde se monta a caballo, pero en ese entonces estaba repleto de carpas llenas de gente buscando libros. Como quedaba a pocos pasos de la residencia Shimogamo Yuusuisou, fui casi a diario. Ahora los terrenos estaban completamente vacíos, parecía que el ajetreo de esos días hubiera sido un sueño.
Conocí a Akashi en esa feria de libros.
Caminaba por el terreno bebiendo mi Ramune bajo los árboles bañados por la luz solar mientras disfrutaba de la refrescante atmosfera del verano y entraba a las diferentes carpas del lugar. Había tantos libros apilados sin importar a donde mirara que me comenzó a dar vueltas la cabeza. Por fortuna había bastantes sillas dispuestas en el lugar para que las personas pudieran reposar y me senté en una de ellas. Era agosto y me estaba sofocando, me tuve que limpiar el sudor de la frente con un pañuelo.
Había una tienda llamada Librería Gabi frente a mí y Akashi estaba sentada en el mostrador —¿No es una nueva del club? —me pregunté. Parecía que estaba trabajando en la tienda. Para ese entonces ella acababa de unirse al club, pero como no ocultó sus talentos todo el mundo ya conocía su habilidad y naturaleza distante. Me levanté y comencé a mirar las estanterías. Ella solo bajó un poco la mirada cuando la volví a mirar e hicimos contacto visual. Decidí comprar Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne y cuando me estaba alejando de la tienda ella me alcanzó corriendo.
—Por favor usa esto —dijo y me ofreció un abanico con la frase “brisa nocturna en la feria de libros de segunda mano” inscrita en su interior. Caminé por el bosque mientras sostenía el libro con una mano y me abanicaba la cara con la otra.
***
Al día siguiente me levanté al atardecer y fui a un café cerca de Demachi para cenar. Recordé que el día anterior había visto el sol poniente iluminando las piras de la montaña y pensé que no faltaba mucho para el Okuribiki. Pensé cómo sería ir a mirar los fuegos de Daimonji con Akashi, pero, sin importar cuán buena era aquella fantasía, como no llenaría mi estómago decidí dejar de soñar despierto.
Al terminar volví a mi habitación de cuatro tatamis y medio y comencé a leer Veinte mil leguas de viaje submarino. Era fácil imaginarme tomando vuelo en aquel mundo, pero aquello también eran solo fantasías. Pensé que las predicciones de la adivina y la aparición repentina de Kamotaketsunuminokami debían tener algo en común. Comencé a murmurar la palabra “coliseo”. Todavía no entendía lo que significaba “aprovechar la ocasión”.
Al anochecer Ozu vino de visita.
—Buenas noches.
—Como siempre, eres rápido para escapar.
—Como siempre, eres un malhumorado —respondió—. No tienes novia, te exiliaste voluntariamente del club, no estudias ni un poco. ¿Qué es lo que quieres hacer con tu vida?
—¡Cuida tus palabras si no quieres morir!
—¿Me matarías? ¿Serías capaz de hacerlo? Es demasiado cruel para alguien como tú. —Sonrió—. Traje algo para animarte.
—¿Qué?
—Una Castella. El maestro Higuchi me dio un montón, así que esta es tu parte.
—Vaya que es raro que le estés regalando algo a alguien.
—Es porque cortar y comerte una Castella tan grande como esta por ti mismo representa la soledad más profunda. Quiero que sientas cuán solo estas realmente.
—Así que es por eso. Ya la he sentido hasta el hastío, estoy cansado de ella.
Por primera vez Ozu habló sobre su maestro.
—Una vez el maestro decidió que quería un caballo de mar por lo que conseguí una pecera de la basura y la subí a su cuarto, pero cuando tratamos de llenarla el agua comenzó a filtrarse por todos lados. La habitación del maestro se inundó completamente, fue un desastre.
—Para. ¿Cuál es la habitación de tu maestro?
—La que queda encima de esta.
En ese instante en enfurecí. Hace un tiempo, mi habitación comenzó a gotear mientras yo no estaba y cuando volví todos mis libros estaban arruinados. No solo eso, mi computadora se estropeó y perdí todos mis archivos. Ese percance agilizó mi separación de la ruta estudiosa. Estaba dispuesto a realizar una protesta iracunda, pero decidí que era demasiado molesto involucrarme con ese residente desconocido y dejé las cosas sin resolver.
—Así que fue tu culpa.
—Estoy seguro de que no fue muy relevante la destrucción de tu colección pornográfica —dijo audazmente.
—Vete, estoy ocupado.
—Me voy. De todas formas, hoy tengo una sopa a ciegas en la habitación del maestro.
Pateé al sonriente bastardo hasta el pasillo y recobré la paz de mi habitación.
***
Comencé a mirar la Castella que había traído Ozu mientras escuchaba el sonido burbujeante de la cafetera en medio de la noche. Aunque él había dicho que quería que sufriera de soledad al comerla, no tenía intención de perder ante él. El débil aroma me trajo vagos recuerdos de infancia. Mientras me ensuciaba la cara me di cuenta de lo difícil que era comer todo eso por mí mismo, hubiera sido mucho mejor comerla mientras tomaba té elegantemente con alguien como Akashi, definitivamente no con Ozu, quizá con Akashi. Era sorprendente que estuviera pensando en ello. La retirada del Kamo delta, la molesta intromisión de ese dios, la profecía misteriosa de la adivina, el encuentro con Akashi en el restaurante de barbacoa; los eventos inesperados de los últimos días me habían convertido en un verdadero cobarde. Mi poder de raciocinio se disolvía como un terrón de azúcar.
Aunque no era alguien que ansiaba por las pasiones del amor, en ese momento de debilidad ansiaba la compañía de otra persona, algo que iba en contra de mis ideales. ¿No fue por despreciar a esos estudiantes desvergonzados que anhelaban la compañía de otros que me gané mi título de ‘némesis del amor’? ¿Acaso no fue gracias a mis sufrimientos y mis constantes acercamientos a la muerte que conseguí mi victoria final?
Entonces, asumo que la oportunidad es mía. Seré feliz en lugar tuyo.
Eso fue lo que dijo Ozu en el restaurante. No creía para nada en las palabras del sospechoso dios y estaba seguro de que alguien tan perspicaz como Akashi nunca sería engañada por un youkai pervertido con una dieta desbalanceada como Ozu, pero, por otro lado, parecía tener la mente tan abierta que podría contemplar la posibilidad de aquella relación. Pensando en ello, ambos estaban en el departamento de ingeniería y habían abandonado el club por ideas afines. Si me quedaba de brazos cruzados sin hacer nada lo inimaginable podría suceder y Ozu y Akashi se involucrarían románticamente. No se trataba solamente de mi anhelo por otra persona; el futuro de Akashi estaba en juego.
De alguna forma había entrado una polilla en mi habitación y volaba alrededor de la bombilla del techo. Podía escuchar a un hombre y una mujer hablando a través de las paredes. Cuando agudicé el oído supe que las voces venían de la habitación de al lado; podía escuchar sus coqueteos y risitas. Salí al pasillo para investigar y vi que tenían las luces apagadas, al posar mi oreja contra la pared pude escuchar sus palabras melosas.
Al lado mío vivía una pareja de estudiantes de intercambio chinos. Estaba seguro de que abandonar su hogar natal y acostumbrarse a vivir en una tierra extraña debió ser complicado para ambos. Que encontrasen consuelo el uno en el otro era un instinto de la naturaleza humana. Entendía que eso era algo que no estaba en posición de criticar. Lo entendía, pero no lo podía dejar pasar. Como no entendía nada de lo que decían no me pude entretener escuchando su coqueteo en el cuarto oscuro. Frustrado, me lamenté no haber estudiado chino como lengua extranjera y volví a mi habitación a seguir con la Castella.
¿Será que voy a perder?
¿Será que voy a perder contra la soledad?
Para distraerme del sentimiento de soledad empecé a morder cada rincón del biscocho frente a mí, pero luego de un tiempo recobré control. Luchando contra las lágrimas de mi abismo, devolví al recipiente la Castella a medio comer y lo contemplé. Después de morderla salvajemente ya no parecía una Castella, recordaba más al antiguo coliseo romano…
—Coliseo —murmuré.
Vaya profecía tan absurdamente confusa.



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