Fire Starter - Parte 1
- 1 nov 2019
- 12 Min. de lectura
Actualizado: 24 mar 2020
Todas las penas del mundo juntas en un solo cuerpo.
Aunque supuestamente era la temporada especial de Naota, él se sentía más deprimido que nunca.
Afuera, estudiantes montaban en bicicleta, ancianos disfrutaban caminatas en pareja, dos cuervos estaban posados en un árbol de ginkgo. Los ciclistas, los ancianos, los cuervos, todos parecían disfrutar su libertad. Eso era afuera de la ventana.
Se sentía injusto, de todo el mundo, solo los estudiantes de esa clase continuaban encerrados. No gozarían de la libertad para caminar por las calles arborizadas bajo el cielo otoñal hasta que cumplieran con su sentencia de cien años en prisión.
Clases de la tarde, hora de la limpieza, y todo lo demás había terminado. Las otras clases abandonaban la escuela, todas excepto la de Naota. Su clase no podía volver a casa porque era el día de debate.
La profesora de Naota, la señorita Miyaji, era una persona joven, entusiasta y llena de vitaminas. A pesar de ser una adulta, en algunas ocasiones se comportaba con una princesa mimada, de las que tendría cientos de juguetes de felpa en su habitación, cada uno con su propio nombre.
Por una sugerencia de la señorita Miyaji, la clase tenía que quedarse después de clases, dos veces por semana, para un debate inútil. Lo primero que pensó Naota cuando escuchó esa idea fue: tienes que estar bromeando.
Naota no confiaba mucho en la señorita Miyaji.
Una de sus compañeras de clase, bastante olvidadiza, había sido asignada como encargada. La señorita Miyaji la regañaba en público siempre que la chica olvidaba algo. La profesora no era particularmente cruel, pero la chica era muy sensible y comenzaba a llorar, y pasaba un largo rato hasta que se calmaba. Siempre que eso pasaba, la señorita Miyaji se paraba al lado de la chica y comenzaba a cantar dando palmas con las manos “la chica que derramó lágrimas de cocodrilo era una geisha”.
Mientras tanto, no había nada que pudieran hacer los demás miembros de la que quedarse en silencio y presenciar esa bizarra presentación. Ella era bastante entusiasta, pero no podías posar tus esperanzas en ella. Si siguieras sus enseñanzas muy de cerca, probablemente terminarías por un muy mal camino.
Como la señorita Miyaji había recomendado, el debate del día era sobre los incendios.
En Mabase habían ocurrido algunos incendios últimamente, y parecían haber sido provocados adrede. Estos incidentes habían pasado por las noticias.
La noche anterior, una residencia no muy distante de la escuela secundaria se había incendiado. La escuela no podía ignorar el asunto y emitió un mensaje de precaución: “recientemente han ocurrido algunos incendios provocados, les solicitamos que estén atentos a cualquier persona sospechosa” Eso fue todo, o más bien, eso fue todo lo que habían dicho a las otras clases.
La señorita Miyaji comenzó una historia interminable sobre los recuerdos que tenía de sus años de estudiante cuando una gasolinera había explotado destruyendo su techo por completo.
Por favor cállese, pensaba Naota molesto.
El también recordaba un incendio. Todavía recordaba el incidente vívidamente, aunque había ocurrido cuando estaba en el jardín infantil, había sido una noche de los primeros días de primavera…
La escuela primaria de Mabase solía ser un edificio de madera al lado del río, pero ese edificio se había quemado. Conducido por su hermano, Tasuku, el joven Naota salió de su casa para ver el fuego.
Crujido, crujido, crujido.
La escena era hermosa. El jardín de cerezos de la escuela había florecido y los pétalos que caían comenzaban a arder a causa del edificio en llamas.
Naota era muy joven en ese tiempo, pensando sobre ello. Siempre que Naota recordaba ese momento, aunque Tasuku también debía estar en la escuela primaria, él lo recordaba como si fuera muy grande. Por muchas razones, su hermano siempre había sido muy maduro.
Naota no podría olvidar ese incendio, había conocido a Mamimi muy cerca de esa escuela en llamas.
Mamimi Samejima…
Tengo que ver a Mamimi hoy.
Esa era la verdadera razón del por qué Naota estaba tan enojado por esa actividad después de clases.
Naota no había vuelto al puente desde la noche en la que el robot salió de su cabeza. Francamente, su necesidad de encontrarse con Mamimi era mucho más intensa que antes. La única cosa en su mente, estuviera en su casa o en la escuela, era Mamimi. Al mismo tiempo, sin embargo, su corazón todavía estaba receloso. Sentía que no debía encontrarse con ella por un tiempo. Más aun, se sentía asustado de estar con ella nuevamente.
Se llenaba de ansiedad pensando cómo debía actuar la próxima vez que se encontrara con ella. Esa extraña noche tenía planeado terminar esa confusa relación, pero no tuvo la oportunidad de volver realidad su propósito.
Hoy, el quería tanto ver a Mamimi que no se podía controlar, verla de lejos le sería suficiente.
Él no había vuelto al puente Mabase, pero quizá ella si estaba ahí, sola. Tal vez esperaba encontrarlo ahí. No, definitivamente lo estaba esperando, y el iba a ir a verla. Tenía que ir.
¡Tengo que verla!
Por eso Naota estaba tan enojado de quedarse en la escuela para ese debate eterno.
Por favor, termina y déjanos ir. Si no me apuro Mamimi se podría ir.
- Así fue el incendió que presencié, la próxima vez les mostraré periódicos con la noticia.
Finalmente, las palabras que señalaban el final de la reclusión llegaron a sus oídos. En el instante en que la profesora dijo “todos, por favor sean cuidadosos de vuelta a casa” Naota ya había salido corriendo cargando su mochila.
***
Naota salió del salón a toda velocidad, pero en la entrada lo saludaron Gaku y Masahi.
- ¿Qué pasa Naota? ¿por qué la prisa? – le preguntaron - ¿estás ocupado?
- No, no realmente - les pudo decir que sí e ir a su casa de inmediato, pero mintió.
Como quería esconderles la causa por la que necesitaba irse tan rápido terminó diciéndoles justo lo contrario a lo que quería decir. Se arrepintió apenas las palabras salieron de su boca.
Gaku y Masahi eran viejos amigos de Naota. Como vivían cerca, solían volver a casa juntos.
Recientemente, eso se había vuelto algo preocupante para Naota, quien quería que sus compañeros supieran lo menos posible de su tiempo en el puente con una chica de preparatoria. No quería imaginarse la clase de rumores que se esparcirían si la gente se enterara que un niño de doce años estaba haciendo ese tipo de cosas. Sus acciones serían una grave ofensa contra sus amigos, algo como divulgar un diario secreto. Naturalmente, Naota no quería arruinar aquella amistad por culpa de rumos, por lo que escondía sus encuentros con Mamimi lo mejor posible.
Gaku y Masahi ya lo habían visto con ella algunas veces. Él les había explicado que era solo una chica que terminó por conocer por diversas razones, pero o veían muy seguido con ella, probablemente se darían cuenta de la extraña relación que mantenían.
- Vamos a mirar la casa que se quemó – le dijo Gaku refiriéndose a los escombros que quedaron del incendio de la noche anterior.
- ¿Vas con nosotros? – le preguntó Masahi.
- Claro – se escuchó decir Naota.
No quiero ir a mirar una cosa como esa.
- ¿A dónde van?
Se volteo sobresaltado para mirar a la persona que acababa de hablar a sus espaldas. Era Ninamori. Debió haberlos escuchado.
- No se entretengan, vayan a sus casas.
- Que presidenta tan mandona – dijo Masahi.
Naota estaba de acuerdo en que era una mandona, pero en su corazón rogaba porque Gaku y Masahi le obedecieran por esa vez. Claro está, rogar no le sirvió para nada.
Eventualmente los cuatro de ellos dejaron la escuela juntos.
Malumorado, Masahi le preguntó a Ninamori por qué los estaba siguiendo. Gaku se burlaba diciendo que debía de haber una razón por la que la presidenta de la clase quisiera estar con ellos. Un poco enojada, Nanimori le pidió que explicara que estaba insinuando. A parte de ellos, era un grupo bastante feliz.
De pronto, Naota tuvo un presentimiento cuando escucho el sonido de un juego portátil.
¡No puede ser! Dame un respiro.
Cuando miró adelante, Mamimi estaba en las puertas de la escuela. Estaba sentada en la calle, todavía con su uniforme escolar, jugando con su consola.
Esto es lo peor, pensó Naota suspirando fuertemente. Mamimi está aquí.
Ansiaba verla a solas, no en frente de gente, y ciertamente no en frente de sus compañeros de clase. ¿Cómo se había atrevido a ir a su escuela de una manera tan desconsiderada? Naota estaba furioso.
- Hola Takkun.
- ¿Qué estás haciendo aquí? En mi escuela.
Tan siquiera una vez piensa en las otras personas, le quería decir.
Las palabras cortantes de Naota se perdieron en el viento de mayor efecto y Mmimi lo miraba con su sonrisa habitual. Parecía disfrutar la preocupación de Naota sobre lo que pensaría la gente.
Ninamori, mientras tanto, miraba a Mamimi con sospecha. Tenía escritos sus pensamientos por toda la cara: “¿quién es esta chica tan amistosa con Naota? Cabello teñido, labios rojos, sentada en la calle, jugando con la consola a pesar de que está en preparatoria. ¡totalmente patética!”
- ¿Quién es?
- Es su esposa – le respondió Gaku.
- Sí, le gustan las chicas mayores – agregó Masahi.
Naota escuchó todo el intercambio de palabras. Avergonzado, se maldecía por no haber aclarado las sospechas que sus amigos tenían.
- ¿Están saliendo?
Gaku y Masahi se reían entre dientes. Sabían que Ninamori había estado prestado atención a Naota desde hace un tiempo, eran bastante malévolos.
Naota intentaba buscar una excusa para irse.
- Takkun, eso se ve genial – dijo Mamimi inocentemente – te queda muy bien.
¿De verdad?
Hablaba de la pañoleta que tenía en la cabeza. Tan pronto como la mencionó, Naota intentó esconderla con las manos. La había usado todo el día.
La necesitaba porque un segundo cuerno le comenzaba a salir.
***
Había pasado la noche anterior.
Naota se había despertado en medio de la noche, sintiendo que no podía mover sus brazos ni sus piernas. Era como si lo hubieran atado.
Un miedo indefinido se transformó en una alarmar real. Se sentía mareado por el olor de algún tipo de droga. ¿será la persona de la que hablan en la escuela? pensó cuando se sintió paralizado ¿el que amarra a la gente?
Mirando alrededor divisó a Haruko en la oscuridad. Como dormía en la cama de arriba no era extraño que estuviera en su habitación, sin embargo, parecía distinta a lo normal. Por alguna razón estaba vestida totalmente de blanco y miraba lo miraba.
- ¿Qué estás haciendo? – dijo cuando se pudo levantar.
- Jugando al doctor – se rio Haruko.
Entonces se dio vuelta y le hablo a alguien que estaba detrás de ella - ¿qué? La señal se está intensificando … No, quería preguntar por qué está pasando acá, si miras los rayos X puedes ver que la cabeza de este niño está totalmente vacía…
Pensó escuchar la voz de un hombre detrás de ella, pero no podía estar seguro.
¿Mi cabeza está vacía?
Haruko le tocó la cabeza. Cuando sintió las manos frías de Haruko se dio cuenta de que estaba desnudo. Con miedo y vergüenza intentó gritarle que se detuviera, pero no podía controlar su boca y terminó por volver a perder la conciencia.
No había sido un mal sueño, cuando se despertó, otra vez había cuernos saliendo de su cabeza, esta vez había uno al frente y otro atrás de su cráneo. ¡Dos cuernos! Parecía como si un objeto metálico hubiera atravesado su cabeza.
- Desde que llegaste todo lo que me ha pasado ha sido horrible – le dijo a Haruko.
- Eso es porque tu cabeza está vacía, yo no tengo nada que ver con esos cuernos – le respondió ella.
¿Entonces de quién es la culpa?
Enojado, Naota miró con el ceño fruncido a Haruko cuando le ofrecía la pañoleta.
Entre más tiempo se quedase con él, peores se volverían las cosas. Naota tenía un cuerno otra vez. Su vida, de hecho, había tocado fondo.
***
Al final, dejó a Gaku, Masahi, Ninamori y Mamimi en las puertas de la escuela y se fue a su casa.
Había visto a Mamimi como había esperado, pero otra vez la realidad lo había hecho sentir dolor.
¿Por qué siguen pasando todas estas cosas terribles?
Cuando llego a su casa ocurrió otro desastre. ¡Vio al robot había salido de su cabeza el otro día fuera de la casa otra vez!
Kamon había puesto el robot a trabajar en la tienda. Ahora, el androide descargaba unas revistas del automóvil. Al parecer Kamon no había abandonado su sueño de volverse un autor famoso, había escrito un tipo de fanzine. Por supuesto que Naota, quien no tenía interés en ese material, no lo había leído.
- ¡Los vecinos no están ciegos! – reprochó Naota.
Su padre seguía usando al robot para recados fuera de la casa sin importarle las instrucciones de su hijo de no dejar que los vecinos lo descubrieran.
- ¿Solo por haberlo encontrado tienes derecho a acapararlo? – dijo Kamon completamente desinteresado - ¿no te parece un poco egoísta de tu parte?
- Es raro ¿quién más tiene un robot?
- ¿Por qué no podemos tener uno nosotros? Una casa con un robot, piensa el significado de ese tipo de ciencia y tecnología. Aquí tenemos un robot funcionando como ama de casa. ¿Acaso no habla esto de la perdida de la figura paterna y de la sustitución de las relaciones familiares? ¿cuál es tu percepción de lo que simboliza este robot asimilado en una familia normal?
Sin decir palabra alguna, Naota suspiró. El libro que su padre había publicado alguna vez era sobre máquinas robóticas: Los misterios y significados de Evangelion. Copias sin vender todavía estaban apiladas en la biblioteca de la casa.
- ¿No estaba caminando solo anoche? ¡ese estúpido robot! – rigió Naota.
- Quería respirar aire fresco, ¿no es verdad chico-tv?
Kamon lo había comenzado a llamar “chico-tv” debido a su cabeza tipo pantalla.
- Has escuchado sobre los incendios de por aquí estos días ¿verdad? – le preguntó Naota – Si camina por la calle, la gente puede pensar que él es el que los está iniciando.
Tan pronto como termino de decir aquello, pensó ¿este no es un robot escupe fuego verdad?
Los incendios habían comenzado por las mismas fechas en que el robot había salido de su cabeza. Ahora, andaba caminando por sí mismo en mitad de la noche. Había un montón de cosas en su comportamiento por las que preocuparse.
No, espera un segundo, pensó. Se dio cuenta que los incendios también habían comenzado después de que llegara Haruko. El robot era extraño, pero de todas las cosas, esa grosera y maniática chica era, de lejos, mucho más sospechosa.
No podía decir que era mucho para ella. No, en realidad, no era difícil creer que había sido ella. Simplemente había demasiada evidencia como para no sospechar que era ella la que había causado los incendios.
Maldición…
Ella había traído más mala suerte de lo que él había imaginado. Por su culpa la vida de Naota estaba en su peor momento.
El teléfono de la tienda sonó.
Cuando Naota contestó escucho su insolente voz - Hey Takkun, soy yo, Haruko. ¿será que puedes venir por mí? Ellos me tienen detenida…
***
Contrario a sus expectativas, no eran los policías quienes la tenían detenida. La habían atrapado los guardias de la fábrica MM.
Le había pedido que le llevara una de las partes de motocicleta de su cuarto cuando fuera a recogerla.
No me lo puedo creer, ella solo me trae problemas.
Pensó ignorarla, pero luego pensó en lo que le había dicho Haruko cuando le dio la pañoleta: “Hey, te queda muy bien, luces grandioso”
Maldición, supongo que me toca ir.
Caminó veinte minutos para llegar a la fábrica MM que parecía una plancha de ropa. Como lo había pedido, Naota fue a la pequeña oficina al lado de la entrada. Dentro vio a Haruko de cuclillas junto a la Vespa examinando una parte que parecía haberse dañado por accidente.
Al abrir la puerta saludó al guardia que estaba sentado en la silla – buenas tardes, hace poco recibí una llamada.
- Oye, ¿este niño es tu fiador? – preguntó el guardia de manera escéptica al mirar de arriba abajo a Naota.
- ¿La trajiste? – preguntó Haruko sin inmutarse.
Cuando Naota le mostró la parte, Haruko la agarró y la puso en la motocicleta sin siquiera darle las gracias.
- ¿Esta chica es estúpida? – preguntó el guardia – se comporta de forma muy sospechosa. No ha sido muy seguro por aquí estos días, escuché que el incendio de anoche en la calle segunda fue provocado.
Naota se sentía inquieto – ¿provocado?
- Sí, por eso llamé a la policía. Ella golpeo la reja con su motocicleta, es una amenaza.
Sí, ya se.
El guardia los dejó irse después de anotar los datos de Naota en una libreta.
- Como la reja todavía sirve no los molestaré mucho, pero la próxima vez que la vea voy a llamar a la policía.
Esto es tan deprimente.
- Tu ya eres una adulta – dijo Naota - ¿qué se supone que estás haciendo?
- Probablemente solo se preguntaba por qué tengo un niño de fiador.
- No tienes nada de sentido común.
- Igual viniste – Haruko lo miró anhelante con una expresión totalmente inocente – como viniste todo el camino hasta aquí te voy a agradecer.
- ¿Qué clase de agradecimiento?
- Algo mejor que RCP – dijo Haruko con una sonrisa.
Oye, no me deprimas más de lo que ya estoy.
***
Cuando pasaron un camino arborizado se encontraron con el amplio océano. Vieron el cielo brillar con la luz del sol y el fresco azul del mar.
Haruko y Naota montaban en la Vespa por el camino de la playa. Sintiendo el viento en su rostro, Naota se sentaba en frente de Haruko, que conducía.
- ¿Qué tal el océano? – preguntó Haruko sonando satisfecha.
- No estamos en la temporada de turismo – le respondió Naota, pero el sonido del motor y el viento ahogaron su voz y sus palabras no llegaron a Haruko.
Ella conducía a una velocidad espeluznante, zigzagueando por el camino. Tan libre como el cielo o el mar, ella ignoraba todas las reglas y se movía de derecha a izquierda a voluntad.
- ¡Ten cuidado! – le gritaba Naota.
Haruko, quien de seguro lo había escuchado, le dio vuelta al acelerador gritando “!Rider’s High!”
- ¡Es en serio, me estás asustando! ¡esto es peligroso, no tengo casco!
Empero, Naota no parecía totalmente en desacuerdo con el viento dándole en la cara. Después de todo, era la primera vez que se subía en una motocicleta. Era la primera vez en su vida en que había sentido el viento así.
- No tienes cerebro, ¿de qué te preocupas? – se burló Haruko.
Entonces la Vespa aceleró aún más.
El viento frío de otoño le golpeaba todo el cuerpo. La briza que lo golpeaba fuertemente lo estimulaba.
¡Esto se siente genial!
Quizá disfrutaba el sentimiento del viento golpeándolo así de fuerte porque, como dijo Haruko, tenía vacía la cabeza.



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