Fire Starter - Parte 3
- 23 nov 2019
- 9 Min. de lectura
Actualizado: 24 mar 2020
¿Cuánto tiempo pasó?
Los dos miraban estaban en el puente. El puedo estaba cubierto por una oscuridad leve y el viento les congelaba la piel.
- Mi falta se seca más rápido de esta forma – dijo Mamimi sentándose en la orilla del puente. Naota solo pudo sentarse a su lado en silencio.
Las luces de los automóviles pasaban por encima de ellos.
Ese puente era más pequeño que el puente Mabase, donde usualmente se encontraban. Allí no pasaban tantos carros y había menos postes de luz.
Naota se sentía como en un sueño pasajero. Si alguien pintara esa escena, definitivamente sería una imagen melancólica. Mamimi no había dicho nada desde que se sentó. Jugaba a la consola con un cigarrillo en la boca.
Debería decir algo, pensó Naota pero, como no podía pensar en nada que decir, seguían sonando los sonidos del videojuego.
Era como un robot que había sido programado para jugar a la consola. La única cosa que le permitía saber que ella seguía respirando era el brillo rojo del cigarrillo entre sus labios.
Naota sentía que le habían arrancado el corazón.
La noche anterior, en que Mamimi lo había visitado cargando sus fotos del Amo Canti y saludándolo con una sonrisa alegre, parecía muy distante.
Naota sentía como si hubieran pasado cientos de años. Sin importar si algo había pasado mucho tiempo atrás o tan solo la noche anterior, una vez que terminaba se convertía en parte inseparable del pasado. “Hace mucho tiempo” se refería a algo del pasado que es imposible experimentar nuevamente. Por eso mismo, la expresión inocente de Mamimi no era sino una memoria distante para el Naota ese momento.
Ella aplastó su cigarrillo y se levantó.
- ¿Ya secaste tu falda?
Tan pronto preguntó se arrepintió tanto que prefería estar muerto. ¿Podía haber dicho algo peor? En ese momento se sentía la peor persona del mundo.
Como si no lo conociera, Mamimi lo miró de reojo fríamente. Aun en silencio, y con el mismo gesto con que tiró el cigarrillo, le lanzó la consola.
Naota la agarró y presionó el botón de inicio. Sentía que no soportaría el silencio. Era claro que el juego que estaba en la consola era el que siempre jugaba Mamimi: Fire Starter. Naota también lo había jugado en su lanzamiento, pero lo abandono luego de un tiempo. No le pasó solo a él, la mayoría de los niños que lo compraron lo abandonaron casi de inmediato. Fire Starter era un juego raro, no vendió mucho.
«Biendenido a Endsville, el pueblo del diablo.
Es un pueblo maligno, es la ciudad de los demonios.
Una oscuridad invisible ha infectado el corazón de las personas. Se propaga a medida que consume el mundo. No se detendrá hasta que Endsville devore todo.
Este pueblo vuelve realidad esa imposible idea de conquista mundial. Al final, todo el mundo será como Endsville y toda la gente será como los habitantes del pueblo. Gobiernos, empresas e iglesias se afiliarán a Endsville. También las escuelas serán como las de Endsville.
Orgullo, la obsesión por ser amaro, morales superficiales, igualdad distorsionada. Este pueblo está lleno de presas fáciles para los diablos. Está repleto de frutas al alcance de la mano.
¡Detén la destrucción de Endsville!
Como un apóstol del dios del fuego negro, el Amo Canti, debes detener el crecimiento de Endsville que no sabe cómo detenerse.
¡Ve con cuidado! Si te relajas, aunque sea por un momento, Endsville crecerá
La única arma a tu disposición para detener la expansión de Endsville es el fuego, sacro y purificador: fósforos, mecheros, bombas, explosivos y cigarrillos. Si quema, lo puedes usar. El fuego es la debilidad del pueblo de los demonios.
Consigue tus herramientas, evita a la policía, engaña a los bomberos y quema el pueblo para destruirlo.
¡Ahora ve y desata el fuego purificador!
Sin embargo…
Hay algo que no puedes olvidar, algo que no puedes hacer. Sin importar cuán fuerte las llamas a tu disposición, no puedes quemarlo todo, después de todo, si lo quemas por completo no tendrás donde vivir.
Recuerda, nunca podrás ganas esta guerra. Una y otra vez, sin fin, tendrás que quemar el pueblo descorazonado.
Esta es tu misión.
Ve amparado por la bendición del Amo Canti, dios del fuego negro.»
- ¿Mamimi?
Naota despegó sus ojos de la pantalla y miro a su alrededor. Mamimi había desaparecido mientras le ponía atención al juego.
Eso…
¿A dónde pudo ir sin sus zapatos?
Entrando en pánico, Naota se levantó y corrió a buscarla sosteniendo la consola.
***
Ya no necesito un juego, sé dónde estoy. Esto es el Endsville.
En la tarde, la tienda frente a la estación del tren era muy concurrida. Oficinistas y trabajadores hacían compras de último momento en su vuelta a casa. Naturalmente eran oficinistas y trabajadores diabólicos que salían de la compañía del diablo.
Una vez tocados por Endsville, las personas se convertían en parte del pueblo. Solo podían respirar el aire y comer la comida de Endsville.
Demonios con corbatas ajustadas y maquillaje; demonios que no se daban cuenta de sus propias máscaras; demonios distribuyendo panfletos, pasando volantes; demonios hablando fuerte; demonios con caras falsas, volteando hamburguesas; demonios vendiendo cosméticos; demonios agachados frente a la tienda de conveniencia; demonios gordos; demonios viejos; demonios infantes, dentro de carritos para bebe; todos eran demonios.
Como Mamimi se comenzó a sentir enferma, empezó a correr por el callejón.
Ya sé.
No soy una excepción. Yo nací en Endsville y la maldición también estoy maldita.
Pero soy distinta al resto. Los otros demonios no se dan cuenta que son demonios. No sabe que están en Endsville. Esparcen Endsville por el mundo inconscientemente. En eso somos diferentes: soy la que va a detener el crecimiento de Endsville, la que va a limpiar este pueblo con el fuego sagrado y salvar el mundo. He protegido este mundo, días tras días, con ese poder.
Ruego por la bendición del dios del fuego negro, Amo Canti, soy tu fiel sirviente, la portadora del fuego negro. Por favor lléname con tu espíritu santo.
Andando por los callejones oscuros, Mamimi escuchó los gatos callejeros. Entonces, por entre las luces de los edificios, vio la figura de un robot jugando con los gatos.
- Amo Canti.
Ella sonrió.
Era el comienzo de su vida santa.
***
Naota usaba una cabina telefónica para llamar al celular de Mamimi, pero parecía estar apagado. Tampoco respondió nadie en su casa.
Como no estaba en el puente Mabase solo podía salir y buscarla por la ciudad.
¿Dónde estás?
Era la hora de la cena, pero Naota sabía que no podía ir a casa en esos momentos. Tenía que buscar a Mamimi. Habían estado juntos hace unos momentos, ella estaba sentada justo a su lado.
Le fastidiaba que solo se equivocara. Mamimi se estaba alejando de él, cada día un poco más.
- Oye tú.
Cuando levantó la mirada vio un policía junto a una patrulla.
- ¿Vives por acá? – le preguntó el policía - ¿has visto a una chica de preparatoria que parece sospechosa por aquí?
Una chica de preparatoria que parece sospechosa.
El corazón de Naota se detuvo brevemente.
- Has escuchado sobre los incendios que han ocurrido últimamente – continuó el policía – qué persona tan horrible… ¿no sabes nada? ¿no has escuchado ningún rumor sobre el culpable?
- Oye – Naota escuchó otro policía desde la patrulla - ¡mira arriba!
El cielo se había tornado rojo.
Era un incendio.
Mamimi…
***
- Lo siento, lo siento. No he escuchado nada de él. Recluté uno de los robots del enemigo, pero parece inútil.
Haruko se disculpaba de rodillas en la habitación de Naota. Era un comportamiento extraño para ella dado lo escandalosa, revoltosa, salvaje y exagerada.
Con Miyu Miyu como excepción, que miraba a la ventana desde la cama, ella estaba sola en la habitación. Las llamas de la llamarada se reflejaban en los ojos del gato.
- Eso…
Haroko notó el fuego. Apresuradamente abrió la ventana, salió por ella y camino por el techo.
Escuchó el sonido de las sirenas viniendo desde el río.
***
El fuego venía de un baño público al lado del río. Era un edificio abandonado de dos plantas.
Rápidamente se congregó una multitud alrededor del lugar. La gente estaba nerviosa debido a la reciente avalancha de incendios. Se escuchaba murmurar que ese incendio también debió ser provocado. Por lo general nadie pasaba mucho tiempo por esos lados, por lo que se preguntaban la razón de un incendio en un lugar así.
El pequeño edificio se quemaba esplendorosamente.
Aunque las llamas eran tan potentes que la destrucción completa era inevitable, afortunadamente no había edificios cercanos.
Destellos de fuego se veía por el cielo.
Es verdad, un incendio real es así de caliente.
Naota recordó el ultimo incendio que presenció: la escuela en llamas que había visto con su hermano. Por ese entonces Naota estaba en el jardín infantil.
Fuego… ¡eso es!
De repente Naota se dio cuenta que recordaba el lugar en el Mamimi se debía estas escondiendo. Probablemente estaba ahí en esos momentos. Probablemente estaba llorando.
***
Los edificios de la escuela carbonizada todavía permanecían en el lugar bajo una capa de ceniza. Los residentes cercanos, de vez en cuando, usaban el terreno como jardín.
Desde el jardín escolar al lado del río se podía ver quemar el edificio del baño público en la otra orilla. El río reflejaba el fuego y los camiones de bomberos se escuchaban con fuerza.
A este lado del río, el jardín de la escuela estaba tan oscuro y silencioso como un teatro. Como si estuviera en el escenario, visto por una audiencia enorme, el fuego al otro lado del río era una escena fantástica, casi irreal.
Mamimi…
Mamimi estaba ahí, justo como lo pensó Naota. El oscuro patio de la escuela era iluminado por pequeñas luces rojas. Había puesto cigarrillos en lugar de velas.
¿Qué estás haciendo?
Iluminada por el fuego de la otra orilla, Mamimi se balanceaba con un ritmo extraño. Cuando se puso de pie levantó sus brazos al cielo; luego, se agachó y bajó su cabeza para rezar. Parecía una danza ritual.
No, quizá quería que fuera un verdadero ritual. Cuando Naota miró más de cerca, pudo ver que Mamimi dibujaba un circulo mágico con sus pies.
Cerca, estaba Canti inmóvil. El robot parecía parte del ritual, pero solo era un observador pasivo.
- Mamimi – la llamó Naota.
Se volteo y lo miró con unos ojos helados, con los ojos de una bruja que había sido interrumpida mientras lanzaba un hechizo.
- ¿Por qué viniste acá?
Naota trató de pasarle la consola – toma.
- Ya no la necesito. Es tuya.
Él no pudo decir nada.
Mirando al viejo edificio escolar, Mamimi le dijo - ¿Recuerdas el incendio de acá?... No, no lo debes hacer, eras muy pequeño en ese entonces.
Aunque no le respondió, si recordaba el incendio de seis años atrás.
Todo empezó en ese momento.
***
Había ocurrido justo antes del inicio de la primavera.
Esta noche Naota estaba por quedarse dormido cuando comenzaron a sonar las alarmar contra incendio.
Naota le preguntó a su hermano qué pasaba.
Tasuku abrió la ventana, miró hacia afuera y dijo – un incendio, parece que es en la escuela. Vamos a mirar.
Salir en medio de la noche era toda una aventura para Naota. Se emocionó cuando su hermano le dijo que fuera a ver el incendio. Era raro tener una aventura nocturna. Sin importar que pasara, su hermano estaría con él así que estaría a salvo.
Todos se dirigieron a la escuela en llamas a la que Tasuku todavía asistía y a la que Naota entraría al año siguiente.
El fuego era vista gloriosa a los ojos de Naota. Estaba emocionado por las llamas y el calor, algo que nunca había experimentado.
Es tan hermoso ¿verdad?
Su hermano le dijo que no dijera ese tipo de cosas.
Un gran número de personas se había reunido en el patio escolar.
- Espera aquí un momento – le dijo Tasuku mientras desaparecía entre la multitud.
De pronto se comenzó a sentir nervioso. Aunque no estaba lejos de su casa se sentía incómodo en lo que parecía un mundo extraño.
- ¡Tasuku! ¿dónde estás? – gritó mientras corría por el lugar.
A pesar de las ordenes de su hermano, Naota corrió tras de él, buscándolo desesperadamente. Tenía miedo de que su hermano hubiera desaparecido.
¿Por cuánto tiempo lo buscó?
El edificio de la escuela tenía dos plantas. Detrás de una parte que no se estaba quemando Naota encontró su cobija de seguridad: su hermano Tasuku.
Tasuku estaba con una chica que Naota no reconoció. Era más grande que él, pero más baja que Tasuku. Parecía que había estado llorando. Cuando Tasuku vio a Naota, le acarició la cabeza a la niña y se rio de que su hermano lo hubiera seguido.
Esa chica, viendo a Naota por primera vez, se volteó para mirarlo y le dijo alegremente que Tasuku la había salvado.
¿La había salvado?
Naota no preguntó de qué la había salvado Tasuku.
La niña era Mamimi Samejima.
Después del incendio, Mamimi y Tasuku comenzaron a salir.
***
Es verdad, recordó Naota. A Mamimi también la molestaban antes, por eso siempre decía que odiaba la escuela.
Durante los últimos seis años él se había olvidado sobre su primer encuentro. Había pasado hace mucho tiempo y el solo pensaba en Mamimi como una chica despreocupada.
¿Podría ser que…?
Naota pensó algo terrible. ¿Cómo lo pudo haber olvidado? Por ese entonces también se decía que el incendio había sido provocado, pero nunca encontraron el culpable.
- Odio este lugar – dijo Mamimi – me alegra que se haya quemado. Gracias a eso conocí a Tasuku.
¿Qué estaba pensando? Se preguntó Naota. No sabía. No sabía nada.
Por supuesto su hermano si lo sabía, de otra manera no habría ido a rescatarla.
- Aunque se quemó, las ruinas siguen acá.
Naota no respondió.
Los restos calcinados del viejo edificio escolar estaban esencialmente intactos. Estaba allí, iluminados por el fuego.
Mamimi señaló los baños públicos y dijo – Endsville está ardiendo.
No le estaba hablando a Naota, se dirigía a Canti – Ahora, Amo Canti, dame un beso como recompensa.
Ensimismada, Mamimi caminó hacia Canti. Naota no había visto esa mirada sugestiva en sus ojos.
Finalmente, Naota creyó entender lo que Mamimi quería de Canti. La primera vez que vio a Mamimi, su hermano la había reconfortado acariciándole la cabeza. Probablemente ese gesto le dio ánimos en esos tiempos difíciles.
De hecho, por todo este tiempo, ese simple recuerdo le había dado las fuerzas para seguir adelante.
Mamimi se puso en las puntas de sus pies para darle un beso a Canti; su expresión era la de una devota que le ofrecía todo a su dios. Naota sintió dolor en su corazón.
Mamimi, yo… Mamimi, yo…
- ¡Aahg!
En ese momento Naota sintió un fuerte dolor en su frente. Todo su cuerpo se paralizo como si hubiera sido electrocutado.
Da-bum…da-bum…da-bum…
Su cabeza comenzó a palpitar.
***
Las alarmas y los reflectores de MM se preparaban para la guerra una vez más.
Haruko, que miraba la fábrica con el rabillo de su ojo, se apresuró al lugar con su Vespa.
“Esa” noche comenzaba una vez más.



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