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Fire Starter - Parte 2

  • 14 nov 2019
  • 11 Min. de lectura

Actualizado: 24 mar 2020

Naota bajaba por la pendiente cuidándose de no resbalar con el suelo mojado.

Mamimi se protegía de la lluvia bajo el puente.

Ella se sentó en el concreto sosteniendo un gato callejero en su regazo. Jugaba con su consola mientras metía y sacaba sus pies del agua que había subido por la lluvia.

Había llovido desde la mañana. Al amanecer el cielo ya se encontraba nublado y oscuro, en la tarde comenzó el aguacero.

Justo cuando Naota llegó a su casa después de haber caminado en medio de la lluvia recibió una llamada de Mamimi.

- Estoy en el puente – le dijo – el río se llevó mis zapatos, ¿podrías traerme algo para caminar?

Naota sentía que recientemente había recibido un montón de llamadas en las que le pedían hacer distintas cosas. La primera había sido en la que Haruko le pedía unas piezas para la motocicleta, ahora Mamimi le pedía unos zapatos, sin embargo, mientras se decía que no se convertiría en el esclavo de nadie guardó unas sandalias en su mochila, agarró un paraguas y salió de su casa.

Su relación había cambiado desde esa noche. Ayer, lo había esperado en frente de la escuela, hoy, lo había llamado. Era la primera vez que ella había hecho algo así desde que se conocían. Tiempo atrás, si Naota hubiera recibido una llamada de Mamimi, habría saltado de la emoción y corrido fuera de la casa inmediatamente sin importar si estuviera nevando, en medio de un tifón o cualquier otra cosa.

Refugiándose de la lluvia bajo el puente, Naota cerró el paraguas, sacó las sandalias de su mochila y se las ofreció a ella.

Mamimi lo miró desde abajo y sonrió mostrándole los dientes como lo había hecho ayer.

- Ya estás preparatoria – le dijo - ¿qué crees que estás haciendo?

- Estaba jugando con Takkun y perdí mis zapatos en el río.

- ¿Con quién?

- Con Takkun – repitió y comenzó a acariciar el gato que tenía en las rodillas.

- ¿Ese también es Takkun?

El gato era Takkun, Naota era Takkun, aparentemente cualquier substituto era Takkun. Naota suspiró pensando en esa desdichada situación.

A esta chica caprichosa realmente no le importa para nada cómo me siento.

- Este Takkun tiene hambre – dijo Mamimi - ¿Tienes algo de comer? Los gatos no pueden comer chicle.

- ¿Tú lo encontraste?

- Soy como una diosa – dijo Mamimi sonriendo satisfecha – soy la protectora de los débiles, como Canti, el amo del fuego negro.

Canti, el dios del fuego negro era un personaje del videojuego que Mamimi había estado jugando por más de un año, “Fire Starter”. Estoy viciada, decía con una expresión inocente mientras lo jugaba una y otra vez sin aburrirse.

De repente Naota se dio cuenta de que faltaba algo y le preguntó - ¿no tienes un paraguas?

- No pasa nada, pronto dejará de llover.

- ¿Que dejará de llover? Mira bien.

- Nunca llevo un paraguas conmigo.

- ¿Entonces que haces cuando llueve?

- No me importa mojarme de vez en cuando.

Naota se estaba volviendo a enojar. ¿Que no le importa mojarse de vez en cuando? ¡con este aguacero se va a empapar! me debió decir que no tenía un paraguas cuando llamó.

- Juguemos un rato – dijo Mamimi sin enterarse de la rabia que ocultaba Naota.

Por “jugar” se refería a su clásica pérdida de tiempo.

A Naota le gustaba su olor, su suavidad, y sus travesuras. Hoy, sin embargo, quería alejarse de aquella chica despreocupada que no pensaba en los sentimientos de otras personas.

- Estoy ocupado – le dijo tajantemente mientras abría su paraguas y se iba.

- Takkun – susurró tocando la nariz del gato.

***

La lluvia se detuvo aproximadamente una hora después.

Las nubes comenzaron a dispersarse dejando entrever un cielo azul.

Mamimi se puso las sandalias que Naota le había llevado y luego se levantó sosteniendo al gato. Con unas sandalias que le quedaban grandes caminó por la orilla del rio mirando las libélulas que aparecieron cuando terminó la lluvia.

Entonces…

Ella vio algo que le quitó el aliento.

El césped junto al rio era muy alto, y en ese césped se encontraba una figura con forma extraña, una forma que ella no había visto antes. Era grande, tenía un cuerpo azul oscuro y parecía un tipo de escultura, pero estaba vivo, no era una estatua.

Dio tres pasos enormes hacia la orilla del río mirando a su alrededor.

- ¿Dios? – conteniendo el aliento instintivamente, Mamimi se escondió en el césped y miró aquella figura con emoción.

La extraña figura no era otra cosa que el robot que había salido de la cabeza de Naota, debió aprovecharse de que Kamon no estaba poniéndole atención para escaparse de la tienda. Era un misterio lo que estaba haciendo en un lugar tan desolado.

Luego de deambular en la orilla del río por un rato, el robot volvió a la calle y comenzó a caminar a otro lugar.

Mamimi, con el corazón acelerado, comenzó a perseguirlo.

***

Parecía que el robot se dirigía al edificio en ruinas de la vieja escuela primaria que estaba al lado del río. La vegetación se había apoderado de las ruinas. A pesar de los años, todavía no habían demolido el edificio y las ruinas seguían cubiertas de cenizas, justo como la noche del incendio. Los relojes de las paredes marcaban la hora exacta en la que el fuego estalló.

El robot se detuvo en el centro del edificio. De pronto se volteó hacia Mamimi. La miraba con su cabeza de monitor.

Mamimi se sorprendió, ¿acaso había sido escogida? Sí, debió ser escogida. La chica sentía, o imaginaba, algún tipo de espíritu místico escondido en la cara inexpresiva del robot.

De entre las nubes, que habían parado de llover, un único rayo de luz apareció, como un reflector, iluminando al robot. Limpiado por la lluvia, el robot brillaba por la luz como un objeto sagrado o, por lo menos, así lo sentía Mamimi.

- ¡Oohh! – exclamó Mamimi sorprendida.

El pesado cuerpo metálico comenzó a flotar en el aire. Mientras miraba a Mamimi desapareció entre las nubes. Cuando ella miró al cielo, que estaba ya totalmente iluminado, vio aparecer un arcoíris gigante.

Inspirada por los eventos que había presenciado, en su cabeza no había duda, había visto un milagro.

- Eres Dios, en verdad lo eres.

El arcoíris dibujaba un perfecto arco brillante en el cielo otoñal.

Mamimi permaneció allí, mirando, como hechizada, el lugar en el que su dios había desaparecido.

***

Había una buena cantidad de rumores sobre el maltrecho robot que trabajaba en la panadería Shigekuni, algo que no era sorpresivo dado lo mucho que destacaba. Los vecinos hablaban de cómo se quedaba leyendo revistas pervertidas hasta por tres horas seguidas en la tienda de conveniencia. Hablaban de cómo caminaba por el barrio examinando máquinas expendedoras buscando dinero olvidado. Rumoreaban sobre cómo iba a la barbería y se ponía a leer comics en la sala de espera antes de volver a la panadería.

Por eso, Mamimi averiguó muy rápidamente donde vivía el robot. Aunque escucho los rumores en los que lo calificaban como pervertido, nada podía cambiar su visión de él. En ese momento, para bien o para mal, ella ya se había entregado por completo al robot.

Ahora, ella seguía al robot con su cámara. Aumentar su colección de fotos se había convertido en una parte importante de su rutina diaria. Actuaba exactamente como un paparazzi con su celebridad favorita.

Dado un rumor según el cual el robot acosaba a algunas chicas que pasaban por la panadería Mamimi pasaba seguido por la casa de Naota, aunque, claro está, era solo para ver al robot.

Esta tarde la cena de la familia Nandaba terminó normalmente. Cuando se enteró de que el robot no estaba en casa, mientras Kamon limpiaba, puso sus fotos en la entrada de la panadería y se las mostró a Naota. Explicaba las que más le gustaban. Quizá pensaba que a todos les gustaba el robot tanto como a ella. La forma en la que hablaba del robot la hacía parecer una fanática que quería que todo el mundo compartiera su obsesión.

Naota no sabía qué hacía ese dios al que seguía Mamimi, pero como estaba preocupado por las acciones del robot miró las fotos. Al mirar las fotos descubrió que el robot estaba vagabundeando por la ciudad. Vistiendo un suéter de Kamon, había ido por las calles secundarias, el río, las áreas de comercio, la biblioteca, la escuela, el jardín infantil, el ayuntamiento, la parada del bus… muchos lugares.

¿Pero qué piensa que está haciendo? ¿siquiera está pensando algo?

De cualquier forma, para captar todo eso en fotos, el camarógrafo debía ser muy dedicado. Recientemente Mamimi se había saltado las clases para seguir al robot.

A Naota no le gustaba como se desarrollaban las cosas, tal vez porque ahora ella le ponía más atención al robot que a él. Maldición, ¿esto son celos?

- Takkun, eres tan afortunado – dijo Mamimi – él no viene a mi casa.

- ¿No dejan tener mascotas en tu apartamento? ¿verdad? – preguntó Naota fríamente.

Naota ocultaba el hecho de que el robot hubiera salido de su cabeza. Manteniendo vagos los detalles de cómo había hecho su familia para tener un robot, le explicó que era un ayudante automatizado que ayudaba en la casa Nandaba.

- Hola Sameji – la saludó Haruko que salió vistiendo una camiseta vieja. Le había comenzado a decir Sameji por su apellido “Samejima”.

Mamimi sonrió – Hola Haru, buenas tardes.

Mamimi parecía admirar a Haruko, algo que había sorprendido a Naota ya que, después de todo, ella había visto cómo Haruko lo había golpeado cuando se conocieron. A pesar de ello, Mamimi respetaba a la joven mujer, quien carecía completamente de sentido común. Podría decirse que Mamimi tenía mal gusto, pero si eso era verdad, ¿qué se podría decir de Naota? a quien le gustaba ella.

Parándose en la entrada, Haruko miró hacia el cielo y dijo – Hey, ya vino.

Un objeto brillante se veía zigzaguear por el cielo. Era el robot.

- ¿Está haciendo eso otra vez? – se quejó Naota - ¿no lo puede hacer donde nadie lo vea?

- Es genial – dijo Mamimi.

El robot descendió en el jardín de la casa Nandaba con su monitor brillando como un faro.

- Apara las luces – gruñó Naota.

- ¡Amo Canti! – Mamimi comenzó una oración de agradecimiento al robot que todavía estaba en el jardín.

- ¿Canti? – preguntó Naota.

- El amo del fuego negro, el dios Canti.

- Siempre con ese juego, ¿no le podías dar un nombre por ti misma?

- Llegas tarde Canti, ¿traes las cosas? – preguntó Haruko usando el nombre que Mamimi le había dado mientras extendía su mano hacia el robot.

El “amo Canti” le pasó la bolsa de compras.

Sacando su habitual pan de curry picante y una bebida enlatada, Haruko regaño al amo Canti – no pedí esto, ¡te dije que el jugo de pulpa! ¡eres un inútil!

- Haru, no deberías decir eso – la advirtió Mamimi, incapaz de dejarlo pasar – él es un dios, va a volver polvo Endsville.

- ¿Endsville?

- Es del juego – le explicó Naota.

“Endsville” era otra palabra que había tomado de “Fire Starter”, era la ciudad en la que ocurría el juego.

Shigekuni se asomó por la puerta corrediza. Como siempre trató a Mamimi con desdén, no pensaba mucho de ella, cada vez que la veía hacia comentarios crueles o sarcásticos.

Naota pensaba que el comportamiento de Shigekuni era a causa de los celos. Su abuelo era fan de beisbol desde que era pequeño, por lo que estaba muy orgulloso de Tasuku, quién había heredado su pasión por el deporte y demostrado un talento natural para jugarlo. Como pensaba que Mamimi lo iba a alejar de él, era completamente desagradable con ella.

- Mira mi ropa – le dijo de la nada el viejo – Tasuku me las mandó de los Estados Unidos.

Pudo estar presumiendo inocentemente, pero también era, no por accidente, un ataque a Mamimi que no había escuchado nada de Tasuku. Ese simple hecho pudo haberla enojado, no obstante, ignoró al anciano y apuntó su cámara hacia el robot y presionó el botón para tomar otra foto de Canti.

- Oye, ¿qué estás haciendo, sacándole fotos a las máquinas de otras personas? No te atrevas a tomas otra, si lo haces voy a llamar a la policía – dijo el abuelo de Naota sacudiendo la alarma que le dieron los guardias de la MM y después cerró la puerta de un golpe.

Como a Naota no le gustaba esa nueva obsesión de Mamimi, aprovechó la oportunidad para decirle – ¿sabes? deberías dejar de seguir a ese robot, has faltado tanto a clase que si lo sigues haciendo te vas a meter en problemas. Si te echan de la escuela no hay manera de que le vayas a gustar a mi hermano.

Mamimi se levantó en silencio y miró a Naota brevemente con una expresión triste. Parecía que iba a decir algo, pero se contuvo y caminó fuera del jardín sin decir nada. Dejó las fotos que le había mostrado en la entrada de la tienda.

- ¿De verdad vas a dejar que se vaya? – le preguntó Haruko.

- ¿Por qué no? – le respondió Naota – nunca le molesta nada.

- Ya veo – dijo Haruko dándole una mordida a su rollo de curry.

- Deja de comprar pan en la tienda de conveniencia. Esto es una panadería.

El robot, todavía en el jardín, miró a Mamimi alejarse.

***

Al día siguiente, volviendo de la escuela, Naota, Gaku y Masahi fueron a ver las ruinas quemadas nuevamente. Escucharon que hubo otro incendio la noche anterior y que muy probablemente también era uno provocado.

- Todavía se puede oler el humo – dijo Masahi.

Los escombros estaban bordeados con una cinta de advertencia y varios agentes estaban revisando por entre las cenizas.

Había sido una casa abandonada y, aunque Naota pasaba por ahí de vez en cuando, ahora que ya no estaba, el terreno se veía muy pequeño.

Cuando se acercaron uno de los trabajadores les dijo que no pasaran más allá de la cinta.

- Esto no es solamente algo provocado – dijo Gaku – esto es culpa de un OVNI.

- ¿Un OVNI?

- ¿No has escuchado? Recientemente la gente ha estado viendo un objeto raro en los cielos de Mabase, mostraron una foto en el periódico.

Estaba bien que Gaku se hubiera interesado tanto en los incendios, pero Naota quería evitar el tema del OVNI.

- Estos incendios – continuó Gaku – probablemente los causó el OVNI.

Silenciosamente, Naota pensaba: puede que tenga razón, puede que el incendiario no sea Haruko sino Canti.

La razón por la que había aparecido Canti, como lo había bautizado Mamimi, todavía era un misterio. El robot había salido de la cabeza de Naota, hacía zigzag en el cielo nocturno, hacía brillar su cabeza. No era imposible que el causante de los fuegos fuera ese robot.

Naota recordó que la noche en que apareció también había otro robot que Canti venció. Ese era bastante violento, podría ser solo cuestión de tiempo para que Canti se volviera igual. Nadie había muerto en los incendios, pero nadie podía saber lo que podría pasar. Tenía que hacer algo.

Cuidadosamente, Naota se quitó la pañoleta de tal forma que sus compañeros no lo notaran.

¿Por qué todas las cosas malas me pasan a mí?

***

Cuando dejó a los otros en los escombros y se fue a casa tomó una ruta distinta. Aunque normalmente no cruzaría el puente, Naota caminó hacia la orilla del río pensando que debía pasar por el lugar de reunión.

Puede que Mamimi estuviera ahí y, si estaba sola quizá él no se sentiría tan irritado como lo estuvo la noche anterior. Tal vez él podría ser más agradable.

Lo reconsideró de inmediato.

¡Como si estuviera ahí! En estos momentos le gusta Canti. Esa estúpida chica de preparatoria está pasándolo genial sin saber que tengo un cuerno bajo esta pañoleta. Sería estúpido tener fe en esa chica despreocupada.

Aunque, puede que sí esté en el puente Mabase en estos momentos.

Su irritación batallaba con su deseo por ver a Mamimi… sabía que se pondría furioso apenas la viera. Se pondría furioso, pero aun así quería verla. Sin saber exactamente como se sentía, miró el agua que pasaba bajo el puente.

Algo café flotaba allí. Zapatos. Y un par de medias.

Mirando detenidamente, vio varias chicas de preparatoria a la orilla del río. Una chica estaba rodeada por las demás. Esa chica estaba sentada en medio del río, su falda ondeaba según el ritmo del agua. Parece que los zapatos que había visto eran de ella.

Parecía como si las otras la estuvieran molestando.

Vamos, estúpidas, maduren.

Las hostigadoras la dejaron sentada en el río, burlándose de ella mientras se alejaban. Naota suspiró por la escena, luego, se paralizó cuando pudo ver mejor a la chica que se levantaba lentamente en medio del río.

No puede ser.

Vestía el uniforme característico de la preparatoria Shinda de Mabase. La chica del río era, sin dudas, Mamimi.

La chica a la que molestaban frente a mí era Mamimi.

Mamimi silenciosamente retorcía su falta para exprimir el agua.

Aturdido, Naota miraba como se desenvolvía aquella escena. Pensó en el día en que Mamimi lo llamó para pedirle que le llevara zapatos. Le había dicho que se los había llevado el río mientras jugaba con Takkun.

Mamimi tenía su típica sonrisa cuando lo dijo, y viendo esa sonrisa Naota había pensado rencoroso lo bien que lo debía pasar una chica que no se preocupa por nada

La noche anterior, cuando Mamimi se alejaba, Haruko le preguntó si estaba bien dejarla ir así como así. “¿Por qué no?, nunca le molesta nada.” Había respondido.

La chica a la que molestaban frente a mí era Mamimi.

De pie en medio del río, Mamimi miró en su dirección. Al verlo en el puente, se detuvo. Abandonó sus intentos de secar la falda y dejó de moverse.

Por un momento, chica y chico estuvieron ahí, mirándose.

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