Fooly Cooly - Parte 2
- 10 oct 2019
- 13 Min. de lectura
Actualizado: 24 mar 2020
La familia Nandaba tenía una panadería. Como la había abierto el abuelo Shigekuni se llamaba ‘Panadería Shigekuni’. Cuando él se retiró le pasó el negocio familiar al padre de Naota, Kamon.
Kamon era el yerno de Shigekuni. Cuando conoció a la única hija del panadero trabajaba en una casa editorial.
Cuando su hijo mayor, Tasuku, nació, Kamon y su esposa volvieron a su pueblo natal pensando que Mabase era el lugar donde les gustaría criar a sus hijos. Sin embargo, los chicos perdieron a su madre antes de que Naota entrara al jardín infantil. A Naota no le dijeron que su madre estaba muerta, sino que no sabían dónde estaba.
Siendo así, la familia de Naota consiste ahora de su abuelo, Shigekuni; su padre, Kamon; su hermano, Tasuku, quien se encuentra actualmente estudiando en Estados Unidos; y finalmente, Naota. Era un hogar constituido por cuatro hombres.
También tenían de mascota un viejo gato llamado Miyu Miyu. Era bastante gordo y cuando gruñía sonaba como un oso salvaje.
Hablando del gato, Naota recordaba un hecho particular. Ocurrió justo después de la desaparición de su madre, mientras un tifón pasaba sobre Mabase.
Por uno de los lados de la casa Nandaba pasaba un río. Ambos costados estaban reforzados con muros de concreto de 2 metros de altura. Normalmente el río era apacible, pero debido al tifón el nivel del agua subió y pasaba furioso como si se tratara de una cascada lodosa.
Solo, el joven Naota miraba el río desde la ventana de su habitación cuando vio un gatito en una caja flotando río abajo. Pensó que el gatito lo observaba. Gritó, pero el gatito se alejaba llevado por la corriente. Desde su lugar, en la ventada del segundo piso, no había nada que Naota hubiera podido hacer.
Nunca le conto a nadie sobre ello, pero seis meses después Kamon llegó a la casa con un gato. Por esos días Kamon solía salir a caminar. Pensando en retrospectiva, probablemente su padre se encontraba buscando a su esposa perdida o, tal vez, simplemente deambulaba por la ciudad todavía conmocionado, Naota nunca lo averiguó. Un día Kamon llegó a casa con un gato y comenzó a cuidarlo diciendo que con él ya no tendrían que preocuparse por pestes en la panadería nunca más. Desde ese día Kamon cambió su actitud descuidada y comenzó a tomar en serio la panadería.
Quizá el gato, su ahora mascota, Miyu Miyu, era el gatito que Naota había visto flotar por la corriente. Lamentablemente no podía recordar ninguna característica distintica de aquel gatito que pudiera sustentar esa teoría.
Las noches en las que no podía dormir solía recordar diversas cosas del pasado distante. Esta era una de ellas.
No puedo dormir. Naota, en posición fetal, pensaba su cama. No puedo dormir. No puedo dormir. No puedo dormir.
Sintió escalofríos pasar por su espalda. Por alguna razón no se podía calmar. ¿será que agarré un resfriado?
No quería pensar sobre ellos, pero no podía sacar de su cabeza la idea de que la chica de la Vespa le había contagiado algo cuando lo basó en la tarde.
Recordó la sensación de los labios de la chica de la Vespa. Su primer beso tuvo un sabor a curry picante.
Ese sabor. Necesito olvidarme de eso. Fue como un mal accidente.
Su cama crujió cuando se dio la vuelta.
Dormía en la parte baja de una litera, la superior era la de su hermano. Aunque Tasuku estaba fuera del país Naota no la podía usar. Después de todo, en una pequeña habitación compartida por dos personas, las camas eran el único espacio sagrado que tenían los dos hermanos.
- Bueno, Naota, yo pido la cama de arriba, a ti te toca la de abajo – dijo Tasuku.
Nunca puedo escoger.
Si su hermano se convertía en un jugador profesional de beisbol, probablemente su padre esperaría que Naota continuara el negocio familiar.
Naota se destapó la cabeza y suspiró. Será difícil dormir esta noche. Posó su mano sobre su frente para ver si estaba enfermo.
¿Qué es esto?
Tenia un gran bulto en su frente.
¡Un gran bulto!
¡Un gran BULTO!
¡UN BULTO GRANDÍSIMO!
¿Qué es esto? ¿estoy soñando? Tratando de entender aquella situación surreal, se quitó la frazada de un manotazo y se sentó. Calma. Tengo que calmarme.
Tocó su frente en un intento por evaluar la situación.
- ¡Ouch! – se quejó reflexivamente al experimentar el dolor intenso que repentinamente se apoderó de él.
Al mismo tiempo, desde el centro de su frente, sintió una sensación palpitante. Da-bum…da-bum…da-bum.
Se sentía mareado como cuando su abuelo le dio a probar un poco de alcohol, la diferencia es que esta vez no había tomado ni una gota de licor.
Da-bum…da-bum…da-bum. Su cabeza palpitaba como si tuviese un corazón dentro. No, el bulto era el que palpitaba.
La cara de Naota se tornaba más pálida a medida que examinaba el bulto con más cuidado.
Como lo imaginaba, se trataba de un bulto grande y duro, de aproximadamente quince centímetros, que se extendía perpendicular a su frente. Le dolía la cabeza si lo tomaba fuertemente. ¿pero qué es esto?
Naota recordó que la chica de la Vespa le había golpeado la cabeza con una guitarra en la tarde. Mamimi había dicho que fueran a un hospital pues, después de todo, lo había atropellado una motocicleta. Aunque nada parecía estar mal, debió haber ido para que un doctor le hiciera una revisión. El la ignoró diciendo que solo era un moretón. Junto a Mamimi el había actuado según su actitud de “chico maduro”.
Si tan solo hubiera ido al hospital probablemente esto no hubiera pasado. Pensó - ¡Ouch!
Da-bum…da-bum…da-bum…
Naota encendió la luz y se puso sus gafas.
No, no era un sueño. En verdad había un bulto enorme saliendo de su cabeza. Podía ver un objeto azul oscuro saliendo de su frente. El objeto era menos ancho que largo, de hecho “cuerno” sería una descripción más certera que “bulto”.
Tengo un cuerno en la cabeza, ¿qué clase de enfermedad es esta?
Recordó las enfermedades descritas en comics de horror, como las que aparecían en Black Jack, en lugar de las que podría encontrar en documentos más realistas. ¿Pero qué clase de enfermedad es esta? ¿Quizá era algún tipo de enfermedad hereditaria que todavía no se había descubierto en su padre ni en su abuelo pero que había manifestado a causa del trauma del día?
No, cálmate y piensa esto de una manera científica. ¡claro! Dicen que el lóbulo frontal de las personas pacientes se desarrolla más que el de las demás, tal vez he sido demasiado paciente y por eso mi lóbulo frontal ha crecido tanto que se ha deformado. ¡AAhhgg! ¡eso no tiene nada de científico!
A Naota lo venció la ansiedad.
Y entonces recibió otro susto. Con cada palpito el cuerno crecía un poco más.
Da-bum…da-bum…da-bum…
Aquello no era un chiste.
Naota entró en pánico y empujo el cuerno hacia su frente. Inesperadamente, el cuerno se retrajo fácilmente hacia su cabeza. A la vez, el dolor también menguó.
En la habitación silenciosa solo se oía el tictac del reloj.
Luego de meter por completo el cuerno en su frente todo parecía haber sido solo un mal sueño. ¿habría estado soñando?
Sí, debió haber estado soñando. Hablando lógicamente esa era la mejor explicación.
Dios ¡Por favor!
Temerosamente alejó las manos de su frente.
Aparentemente Dios no estaba de buen humor esa noche. Sin obstrucciones, el cuerno volvió a crecer. Da-bum…da-bum…da-bum…
Parece que tengo que mantenerlo oprimido para siempre. Naota temblaba mientras se preguntaba ¿qué carajo voy a hacer? No hay nadie al que pueda decirle esto. No quiero que nadie sepa.
¿Cómo voy a hacer para ir a la escuela mañana? Incluso en medio de una situación tan inusual Naota Nandaba pensaba en esos detalles. Bueno, tendré que encontrar algún tipo de solución, aunque sea temporal.
***
Al día siguiente Naota pegó un vendaje a su frente.
- Buenos días Naota - una de sus compañeras de clase, Eri Ninamori, lo saludó mientras se acercaba a las puertas de la escuela.
- Hey – respondió indiferentemente mientras se dirigía hacia la entrada rápidamente.
Había usado un vendaje extralargo en su frente para asegurarse de que su cuerno no saliera, incluso agrego unas gotas de super pegamento para estar doblemente seguro de que no pasara nada (imagínense los horrores a los que se enfrentó cuando fue la hora de quitársela).
Es obvio que cualquiera que piense que él había ido muy lejos es porque no ha pasado por la angustia de tener un cuerno saliendo de su cabeza. Sin embargo, Naota Nandaba sí tenía un cuerno saliendo de la suya.
Naota, el diablo.
No podía dejar que nadie supiera la terrible verdad. Ciertamente no encajaría con su persona. Empero, dado que el vendaje estaba justo en su frente, era bastante notorio.
Sabía que pasaría: era claro, esmerarse tanto por ocultar algo paradójicamente generaría interés y atraería miradas curiosas. Si tan solo no se hicieran notar tanto… un vendaje por sí mismo es algo normal, quizá la gente podría pensar que se había raspado la frente y la había tapado con el vendaje, nada de extraordinario en algo como eso.
Naturalmente, así no pasaron las cosas.
- ¿Qué te pasó? – preguntó Ninamori.
- ¿Eh?
- El vendaje.
- Oh, eso… - comenzó Naota – ahmm, ayer, mi abuelo y un vendedor puerta-a-puerta tuvieron una pelea muy violenta, traté de detenerlos y terminé así.
Dijo la historia que había preparado de antemano, temía que si decía que había chocado con un poste de luz o algo parecido sonaría sospechoso e incrementaría la curiosidad de la gente. Aunque realmente no importaba si se descubría que una chica lo había golpeado con su Vespa, era una historia extravagante. Decidió que describir una historia que sonara realista era mejor que contar una realidad poco creíble.
En este mundo siempre habrá entrometidos que, percatándose del camuflaje, sienten que deben meter sus narices donde no los han llamado. Y así Ninamori es un ejemplo perfecto de este tipo de personas. Como su padre era el alcalde de Mabase, ella era totalmente consciente de su posición como la ‘princesa’ de la ciudad. Era la presidenta de la clase, la clase de persona que indefectiblemente ayudaría a sus amigos en problemas sin importar cuales fueran, y que se regodea de ser felicitada por sus profesores (De hecho, era la primera persona en reportar a cualquier compañero que se saltara el aseo del salón).
Aún más problemático, gracias a sus excelentes calificaciones, ella parecía tratar a Naota con un tipo de camaradería especial. Usualmente buscaba conversar con él sin importar que tan descabellado o pueril pudiera ser el tema.
- Eso se ve demasiado raro, no te queda – opinó Ninamori mirando el vendaje de Naota - ¿seguro que no ocultas nada?
Tenía una muy buena intuición.
En serio que odio a esta niña, pensaba Naota para sí.
***
Todavía era temprano, pero Gaku ya se encontraba en el salón de clases. Él y Naota habían estado en la misma clase desde tercer grado. Él era un chico entusiasta con cabeza rapada y gafas de montura gruesa. Estirado, leía una revista para adultos. Como era de esperar, al ver el vendaje, le preguntó a Naota si se había lastimado, luego siguió como si nada.
- ¿Sí oíste? La Vespa super rápida apareció de nuevo.
- ¿Vespa super rápida? – repitió Naota.
- ¿No has oído? Recientemente la gente ha visto a una chica con una guitarra conduciendo una Vespa a gran velocidad por la autopista.
- ¿Qué es una Vespa super rápida? – preguntó Ninamori.
- Una Vespa es, bueno, una Vespa. Es una motocicleta. Que va rápido.
- Una Vespa super rápida… - dijo Naota.
Sin duda alguna Naota estaba recordando su encuentro con la chica del día anterior, la misma que le había dado ese beso sabor a curry, tenía que ser ella. Si esa salvaje chica ha estado paseando por toda la ciudad es claro que sería un tema del que hablar.
- Según los rumores, ella siempre aparece en frente de las personas que están haciendo cosas que no deberían – continuó Gaku – le robó un rollo de curry picante a Kumiko en clase y –
- ¿Un rollo de curry? ¿Qué se supone que es lo que no debería haber estado haciendo?
Gaku sonrió sugestivamente antes de susurrar – Kumiko compartía un diario con Koji de la clase tres.
- ¿Se supones que eso es algo pervertido?
- De cualquier modo, la historia dice que si la Vespa super rápida toca a una persona que está haciendo cosas pervertidas aparece la ‘marca del diablo’ en alguna parte del cuerpo de esa persona. Kumiko dijo que a ella no le ha pasado nada, pero sigue siendo raro, las personas con la marca eventualmente serán destruidas por la chica de la Vespa super rápida.
¿La marca del diablo?
Esa era una información terrible. Naota no solía escuchar leyendas urbanas, pero esta vez, las circunstancias eran totalmente diferentes.
La marca del diablo ¿podría ser el cuerno que le apareció en la cabeza?
De repente Ninamori señaló el cuello de Naota y preguntó – oye ¿qué es eso?
- ¿La marca del diablo? – dijo Gaku, echando un vistazo.
- Claro que no. Eso es ridículo.
Miraban el ‘mordisco de amor’ que Mamimi le había dado el día anterior. Normalmente lo hubiera tratado de esconder, pero ese día, con un cuerno saliendo de su cabeza, se le había olvidado.
- ¿Has estado haciendo cosas que no deberías?
- ¿A qué te refieres? Claro que no.
¿A la gente pervertida? No seas absurdo. Mamimi y yo no hacemos ese tipo de cosas, pensaba Naota. No es la marca del diablo.
Naota se subió el cuello de la chaqueta para tapar su cuello. Ninamori miró su vendaje, pero no dijo nada sobre ello frente a Gaku.
***
Distintos compañeros le preguntaron sobre su vendaje, pero Naota fue capaz de darles explicaciones apropiadas y así sobrellevó el día.
Naota salió del salón tan pronto como sonó el timbre que indicaba el final de las clases. Caminó hacia su casa tomando un camino distinto a los usuales.
Tenía dos rutas regulares para volver a casa, una era la ruta normal de final de clases, la que seguía la norma “niños, por favor vuelvan los más rápido a sus casas, no se entretengan en el camino y no hablen con extraños”, la otra, que lo llevaba hasta el Puente Mabase, era la que tomaba cuando se encontraba con Mamimi.
Realmente nunca acordaban encontrarse. Algunas veces, cuando Naota iba al puente, Mamimi estaba ahí, y otras, cuando iba Mamimi, coincidencialmente Naota también estaba ahí. Si, por alguna razón, decidían ir al puente, entonces, en algunas ocasiones, pasarían el tiempo juntos.
El puente se había convertido en su roca, en su zona segura.
Hubo muchas veces en las que Mamimi no apareció y Naota pasó el tiempo solo a la orilla del río; a su vez, también hubo días en los que Mamimi pasó la tarde por su cuenta.
Obviamente, la verdadera razón por la que iban al puente era para ver al otro… pero si hacían una promesa para encontrarse su relación tomaría cambiaría. Ambos temían, aunque de forma inconsciente, ese tipo de compromiso.
Ese día, sin embargo, Naota no tomó ninguna de esas rutas.
Creo que sí iré al hospital.
No tenía muchas esperanzas de librarse de su cuerno en el hospital. A decir verdad, pensaba que no se sorprendería si no hubiera nombre para su condición. Lamentablemente, no sabía qué otra cosa hacer. Rogaba que fuera una simple enfermedad, algo con una cura.
Se dirigió al hospital más grande de la ciudad. Al salir de casa había tomado su tarjeta del seguro médico, preparándose para tomar esa ruta desde la mañana.
***
Esperaba que terminase de pasar el tren para cruzar la calle.
Cuando la barrera de seguridad se elevó, Naota escuchó el sonido de una motocicleta justo a su lado. Se paralizó. Como por acto reflejo, el color abandonó su cara mientras contenía la respiración. Un sentimiento de pánico le sacudió todo el cuerpo.
Justo como lo temía, era la chica de la Vespa.
El día anterior había estado completamente perturbado durante el encuentro, ese día, sin embargo, tenía el miedo de un niño quien, luego de haber sido picado, se encontraba frente a otra avispa.
Esta avispa en particular comía un rollo de curry picante. No podía haber error, se tenía que tratar de la chica de la Vespa super rápida de la que hablaba Gaku. Si los rumores eran ciertos, ese era el rollo que le había quitado a Kumiko.
La barrera se había ido, pero Naota seguí quieto. Después de todo, podría ser un error enojar a un oponente como este.
- Hola – dijo con un tono demasiado familiar - ¿te pasó algo ayer? ¿algo extraño?
Tú fuiste lo más extraño, pensó Naota.
- Pasó algo ¿verdad?
- ¿A qué te refieres cuando dices “algo raro”? – preguntó.
La chica notó el vendaje en su frente y se maravilló – entonces, ¿qué hay con ese vendaje?
- ¡Tú me golpeaste ayer! ¡¿no te acuerdas?!
- Eso se ve demasiado raro, no te queda - la chica miraba le miraba la frente con sospecha, luego repitió lo mismo que le dijo Ninamori en la mañana – a mí me parece que estas ocultando algo.
El no podía hablar. ¿Será que sabe lo del cuerno?
Por unos momentos titubeaba si preguntarle a la chica sobre los cambios por los que atravesaba su cuerpo, sin embargo, lo reconsideró cuando vio la guitarra en su espalda.
No, tenía que irse lo más rápido posible. Si le seguía hablando, podría volverse violenta de nuevo. ¡Podría llegar a matarlo esta vez! Era una loca.
La campana del tren sonó nuevamente y la barrera volvía a bajar. Percatándose de la oportunidad, Naota esperó a que la barrera hubiera bajado casi por completo antes cruzar corriendo.
Dándose vuelta, vio a la chica en el mismo lugar, mirándolo, tapándose la luz del sol con la mano.
El tren pasó, los había separado.
¡Lo logré!
Naota corrió lo más rápido que pudo.
***
El hospital MM era el centro de salud más grande de Mabase.
La MM se autoproclamó como la líder mundial en innovación de tecnología médica y sus hospitales eran los mejores de todo el país. Contaban con veinte camillas para la sala de emergencias, y su ala de cuidados intensivos tenía treinta. Las instalaciones superaban los requerimientos de la población de Mabase, sesenta mil personas.
La luz que pasaba por la claraboya iluminaba todo el vestíbulo.
Neurología, medicina interna, cirugía ortopédica… Naota se detuvo un momento mientras decidía a cuál departamento dirigirse. Eventualmente, en la recepción y pidió una cirugía cerebral y fue al quirófano.
Al mirar el equipo de alta tecnología de la sala (como las máquinas para hacer TC o IRM) su corazón se llenaba de esperanza. Ese era realmente un hospital de una empresa fabricadora de aparatos médicos. Se sentía seguro. Ahí debían tener alguna idea de lo que era su enfermedad y por qué le había dado.
Una enfermera, con su espalda aún hacia Naota, miraba un portafolios.
- Umm… - comenzó él.
- Por favor acuéstate en la cama.
Siguiendo las instrucciones de la enfermera, Naota se recostó en la cama fría.
- Por favor cierra tus ojos y relájate – continúo ella - ¿qué te pasó?
- Umm… bueno… - titubeaba Naota.
- Este es un hospital, puedes contarme lo que sea, incluso cosas relacionadas con tus sentimientos – dijo la enfermera para animarlo – no tienes de qué avergonzarte aquí.
- No, no se trata de eso. Es una cosa completamente extraña.
- ¿Qué clase de cosa?
- ¿Cómo describirla…?
- Por favor, no te avergüences – repitió la enfermera.
- Es una especie de bulto.
- Cuando se trata de adolescentes un bulto es algo completamente normal, ¿cuánto tiempo te ha molestado?
- Durante la noche, solamente que…
- Siempre durante la noche – anotó la enfermera.
- Umm… está justo en la mitad de mi frente.
- Entonces, ¿está debajo del vendaje?
- Sí, verá, sale si no lo mantengo presionado – explicó.
- Bastante ansioso ¿verdad? Yo entiendo.
- ¿Eh?
- Es el síndrome flictónico Clipple Webber, una anomalía psicogenética que se manifiesta en la pubertad. Una enfermedad en la que una parte de la piel se endurece, si el joven se sobre esfuerza le sale en la frente.
¡Eso no suena para nada real!
Naota, por fin, se dio cuenta de que reconocía la voz de la enfermera. Estando asustado abrió sus ojos solo para comprobar que era, de hecho, la chica de la Vespa.
- ¿Cuándo fue que tú?
- Entonces ¿qué es lo realmente tienes bajo ese vendaje?
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- ¿Pensaste que te me habías escurrido? – preguntó sonriendo descaradamente mientras sacada su guitarra eléctrica.
Tal como lo esperaría cualquiera, Naota salió corriendo de inmediato.
¿Es una enfermera del hospital?
Naota no tenía idea de que la verdadera enfermera, junto a un doctor inconsciente, estaba atada en la sala de espera con nada más que su ropa interior.
- No corras – dijo la chica de la Vespa – la diversión acaba de comenzar.
- ¡Tienes que estar bromeando!
Las personas con la marca del diablo eventualmente serán destruidas por la chica de la Vespa super rápida.
Como siendo perseguido por una bestia carnívora, Naota huyó del hospital tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
Era una pesadilla hecha realidad.



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