LA GUERRA MASOQUISTA (parte 6)
- 25 mar 2020
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Nadie sabe que le deparará el futuro. En medio de la oscuridad cada persona debe aferrarse a las cosas que cree que le serán útiles. El maestro Higuchi propuso que tuviéramos una fiesta de sopa a ciegas. Tener la percepción para tomar los ingredientes que queremos en medio de la obscuridad es una habilidad necesaria para sobrevivir en la despiadada sociedad actual, o por lo menos eso es lo que había dicho, pero yo todavía tenía mis dudas.
Esa noche Ozu, Hanuki y yo llegamos a la habitación de cuatro tatamis y medio del maestro para la fiesta de sopa. Akashi no pudo asistir porque tenía que terminar un reporte. Yo también les dije que tenía que escribir un reporte sobre un experimento sumamente complejo, pero nadie me hizo caso. Esto era un caso ejemplar de sexismo.
—No te preocupes, yo me encargo de conseguírtelo en el taller de copiado —dijo Ozu, pero esa misma dependencia en Ozu para conseguir mis tareas era la causa principal de mi fracaso académico.
Aunque cada uno trajo los ingredientes que quería, el maestro nos prohibió revelarlos antes de echarlos en la sopa. Ozu, que todavía estaba enojado por lo que pasó con el plan de secuestro, dijo con una sonrisa repulsiva—: Como es una sopa está bien que pongamos lo que queramos. —Y trajo un montón de ingredientes extraños. Comencé a temer por mi vida sabiendo que estaba lidiando con Ozu.
Como yo sabía que Ozu odiaba las setas, es más, se negaba a reconocerlas como algo comestible, traje una gran variedad de setas. Hanuki también parecía divertirse.
La habitación del maestro estaba tan obscura que a duras penas si podíamos distinguirnos las caras. El maestro metió la primera tanda de ingredientes y nos animó diciendo—: Vamos, ¡a comer!
—Todavía no se han cocinado —reproché.
—No te preocupes por eso, simplemente come lo que sea que agarres con tus palillos —me ordenó en respuesta.
—A oscuras no sabe a cerveza —se quejó Hanuki, que al parecer estaba tomando—. No me puedo emborrachar si no veo nada.
***
El maestro me presentó a Hanuki en el verano de mi primer año, después de eso me la he encontrado varias veces en su habitación.
Ella era muy bella y su cara recordaba esas de las esposas de los comandantes de la era Sengoku. No, quizá sería más adecuado decir que ella misma parecía ser la comandante. Se notaba mucha ambición en ella, si los tiempos no hubieran cambiado, ella seguramente hubiera podido convertirse en una señora feudal y cortarnos a Ozu y a mí por la mitad. Lo que más le gustaba era la Castella y el alcohol.
Trabajaba como dentista en la clínica dental Kobotsuki, cerca al puente Mikage. Me había dicho varias veces que fuera, pero no soportaba la idea de postrarme indefenso con diversas cosas metidas en la boca; es más, no me podía quitar de la cabeza la imagen de Hanuki usando una lanza ensangrentada para quitarme la placa de los dientes.
Habíamos debatido muchas veces con Ozu cuál era la relación de Hanuki con el maestro, pero nunca pudimos llegar a una conclusión certera. Era seguro que no era su discípula, y lo más seguro es que tampoco fuera su esposa, pero nunca logramos saber siquiera si era su novia. Era todo un misterio.
Ella tenía la misma edad del maestro y también conocía a Jougasaki desde hace mucho. Jougasaki iba seguido a la clínica donde ella trabajaba para que le hicieran sus controles regulares, por lo que se habían encontrado muchas veces a lo largo de los años.
No era claro qué había pasado entre los tres, pero estábamos seguros de que Hanuki sabía el por qué comenzó la guerra de los representantes en la que estaban involucrados Jougasaki y el maestro. Ozu y yo intentamos emborrachar a Hanuki una vez para que nos respondiera, pero todo salió mal. Nunca le volvimos a preguntar nada.
***
Comer cosas que no puedes ver es una cosa muy extraña, y entre los miembros de la fiesta estaba Ozu, que aumentaba mi incomodidad, su persona era la malicia destilada hasta su forma más pura.
Comenzamos a comer luego de que se cocinaron los primeros ingredientes, pero cada bocado de comida o, más bien, de cosas que parecían comida, nos abrumaba. —¿Qué es esta cosa pulposa? —gritó Hanuki mientras me acercaba a la frente lo que sea que hubiera cogido, por lo que me asusté de la sorpresa. Se lo arrojé a Ozu y el me gritó quejándose. Después nos dimos cuentas de que era solamente un fideo grueso, pero en la oscuridad parecía más un gusano largo y delgado.
—¿Qué es esto? ¿El cordón umbilical de un alíen? —preguntó Ozu.
—¿Qué no lo echaste tú? Cómetelo.
—Me niego.
—Niños, no beben desperdiciar la comida —nos dijo el maestro Higuchi como si fuera una ama de casa, y nosotros nos callamos al instante.
Al rato Ozu gritó repentinamente—: ¿Qué es eso? ¡Se siente como un hongo! —Al parecer había caído en una de mis trampas. Me reí para mis adentros y tomé algo que parecía una especie de demonio diminuto. Casi se detiene mi corazón, pero al inspeccionarlo detalladamente me di cuenta de que era un calamar luciérnaga.
Cuando llegamos a la tercera tanda me di cuenta de que la comida se había tornado sospechosamente dulce, además me percaté del leve olor a cerveza.
—Ozu, bastardo. Le echaste pasta de frijol —le grité.
—Jejeje —se rio—, pero la cerveza la puso Hanuki.
—¿Te diste cuenta? Creo que acentúa el sabor, ¿no crees?
—Es tan fuerte que ya no puedo distinguir que es cada cosa —me quejé.
—Esta sopa es tan profunda como un abismo.
—Solo quiero que sepan que no fui yo quien puso los malvaviscos —proclamó Ozu. Al parecer estaba comiendo uno.
Me comí un camarón con sabor a frijol y luego un pedazo de repollo cubierto con malvavisco. Cuando miré al maestro Higuchi, que estaba sentado a mi lado, me di cuenta de que comía felizmente cualquier cosa que agarrara con los palillos. Parecía estar en su salsa.
Hanuki rio cuando comencé a hablar sobre cómo Akashi había descarrilado el plan de secuestro.
—Ella estaba en lo correcto. Secuestrar a Kaori hubiera sido muy malo.
—Piensa en todo lo que tuve que planear para que saliera bien. Además, Jougasaki pintó de rosa el yukata del maestro, eso también es bastante ruin —se quejó Ozu sonando herido.
—Pero tienes que admitir que fue divertido. Jougasaki es muy gracioso.
Ozu, callado por la sorpresa, se camufló en la oscuridad. Considerando que siempre se ocultaba en medio de las sombras, en esa situación era imposible percibirlo.
—Ha sido bastante complicado para Jougasaki —reflexionó Hanuki—. Lo echaron de su club. Aunque eso fue tu culpa. ¿verdad, Ozu?
Dijo mirando en la dirección donde se supone que estaba, pero él se mantuvo en silencio mezclado con las sombras.
—Jougasaki no podía quedarse en el club toda la vida —declaró el maestro—. Era su hora.
—Eso no suena convincente viniendo de ti.
Como ya estábamos cansados de comer cosas tan desagradables nos concentramos en discutir, aunque Hanuki tomaba cerveza y Ozu continuaba malhumorado y se negaba a hablar.
—¿Por qué no dices nada Ozu? —dijo el maestro confundido—. ¿Sigues aquí?
Como Ozu no contestó Hanuki dijo alegremente—: ¡hablemos de su novia ya que él no está aquí!
—¿Ozu tiene novia? —dije lleno de rabia.
—Han estado saliendo por dos años. Ella está en uno de sus clubes. Creo que es una chica encantadora de una familia rica, aunque nunca la he visto. Una vez, cuando dejó a Ozu, me llamó por teléfono para pedirme consejo, se la pasó llorando por ella toda la noche.
—Eso es una mentira. ¡una cochina mentira! —Ozu protestó desde la oscuridad.
—Ah, entonces sí estás aquí —dijo el maestro feliz—. Bueno, ¿cómo van las cosas con ella?
—Usaré mi derecho para permanecer en silencio —dijo sin salir de la sombra.
—¿Cómo es que se llamaba? —dijo Hanuki dubitativa—. Creo que era… Hiko…
En ese instante Ozu volvió a protestar—: ¡Usaré mi derecho para permanecer en silencio, quiero un abogado! —tan fuerte que Hanuki comenzó a reírse y dejó de molestarlo.
—Maldito traidor. Te escabulles por ahí sin decirme nada —le grité indignado, pero el solo me contestó inocentemente—: No sé de qué hablas.
Mientras miraba en su dirección el maestro dijo con una voz apagada—: Esto es bastante grande, también es muy suave. —E intentó masticarlo.
—Esto no es comida —dijo suavemente—. Creo que esto es contra las reglas. ¿Puede alguien encender la luz?
Me levanté y fui a encender las luces. Ozu y Hanuki estaban sentados con las bocas abiertas por la sorpresa. Había un osito de peluche completamente mojado en caldo en el plato del maestro sobre la mesa.
—¡Qué osito tan adorable! —dijo Hanuki.
—¿Quién lo puso en la sopa? —preguntó el maestro—. Es obvio que esto no se puede comer.
Sin embargo, ninguno sabía que había pasado. Nadie culpó a Ozu porque era obvio que él nunca pensaría usar algo tan puro y bello para sus fechorías.
—Me lo quiero quedar —dijo Hanuki, y se levantó para ir a lavarlo.
***
Hanuki es una persona muy agradable, pero se pone muy pesada cuando está borracha. A medida que su cara se va poniendo más pálida sus ojos comienzan a brillar y de la nada ella se pone a lamerte la cara. Ciertamente fue interesante cuando Ozu o yo tuvimos que correr de ella cuando estaba borracha y nos arrinconaba hasta una pared para poder lamernos las caras, pero sería impropio de un caballero como yo emocionarse más de la cuenta frente a una cosa como esa. El maestro puso una cara de entretenimiento mirando todo el evento.
Cuando Hanuki me dijo que durmiera a su lado después de habernos terminamos una Castella completa que le había dado su jefe me negué firmemente.
Dado que Ozu se puso a hablar de cosas pervertidas Hanuki terminó por calmarse lo suficiente y empezó a cabecear.
—Me voy a ir de viaje —dijo el maestro con una voz extraña. Él no había bebido nada, pero Hanuki tenía la misteriosa habilidad de emborracharlo cuando ella era la que bebía mucho.
—¿A dónde vas a ir? —preguntó Hanuki agotada.
—De momento planeo navegar por el mundo, aunque puede que tome varios años. ¿Irías conmigo, Hanuki? Me sería útil alguien que pueda hablar inglés.
—No seas ridículo, eso es absurdo.
—Maestro ¿Cómo es tu inglés? —le pregunté.
—Me rehúso a aprender una lengua tan simple.
—¿Pero y entonces cómo vas a hacer? Higuchi —dijo Hanuki.
—Oh, miren la hora. Ya son más de las doce. Tengo que ir a comer al Neko Ramen.
—¿Despertamos a Ozu?
El maestro meneo la cabeza.
—Déjalo, con nosotros tres será suficiente.
Guiño un ojo y dijo—: Vamos a encontrarnos con Jougasaki.



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