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LA GUERRA MASOQUISTA (parte 7)

  • 25 mar 2020
  • 8 Min. de lectura

El maestro Higuchi caminaba relajado a la sombra de la calle Mikage frente al santuario Shimogamo, con el bosque Tadasu balanceándose en la noche. Estaba completamente desierto, solo pasaban ocasionalmente algunos autos por la calle Shimogamo. Yo seguí silenciosamente al maestro. Hanuki, quien al parecer había vuelto en sí, nos seguía de cerca.

—Aprendiz, escucha —dijo el maestro con una sonrisa que le desfiguraba la cara con forma de berenjena—. Te voy a hacer mi representante

—¿Representante de qué? —pregunté confundido.

—Jeje. En cualquier caso, prepárate.

—¿Por qué no escoges a Ozu?

—Ozu tiene sus propias tareas.

Se rumorea que el Neko Ramen hace su caldo con gatos, pero sin importar que sea cierto o falso el sabor es inigualable. El maestro lucía animado y tomo una bocanada de aire entusiasmado mientras se acariciaba la barbilla. En el puesto solo había otro cliente, que estaba hablando con el tendero.

Cuando nos acercamos el tendero levanto la cabeza y nos saludó con un casual “hola”. El cliente, con sus características finamente cinceladas siendo iluminadas por la luz naranja se levantó y nos miró.

—Llegan tarde —se quejó Jougasaki.

—Perdón, fue mi culpa.

—Jougasaki, ha pasado tiempo. ¿Cómo ha estado todo? —lo saludó Hanuki.

—Con la sonrisa perfecta, gracias a ti —dijo con una sonrisa que mostraba sus dientes relucientes.

Los tres se sentaron en la barra, pero como no había más sillas me yo me escondí en un rincón. ¿De qué se trataba esa reunión exactamente? Nunca había visto al maestro Higuchi y a Jougasaki en el mismo lugar, por lo que asumí que tenía que ser por algo realmente importante.

Y así comenzaron las negociaciones de reconciliación entre Jougasaki y el maestro.

—Bueno, ya es hora de que terminemos esto —dijo el maestro.

—Opino lo mismo —concordó Jougasaki.

Y así concluyeron las negociaciones de reconciliación entre Jougasaki y el maestro.

***

—Esta vez duró bastante —comentó el tendero—, creo que un poco más de cinco años.

—No recuerdo —dijo Jougasaki sin ponerle atención.

—Probablemente cinco años exactos. Fue por esta época que nuestros predecesores tuvieron su negociación —dedujo el maestro Higuchi.

—Mmm, entiendo. Cinco años exactos —asintió el tendero—. ¿Qué saben de ellos?

—Como mi predecesor venía de Nagasaki, se consiguió un trabajo en un juzgado de allá.

—¿Y el tuyo? Jougasaki.

—Mmmm. No estoy muy seguro. Él era bastante irresponsable —reflexionó—. No he hablado con él desde que dejó la universidad.

—Es justo como Higuchi, siempre desconectado de la realidad. Me pregunto cómo fue que él terminó siendo tu maestro.

—No tengo idea, creo que solo terminó pasando así —dijo con una risa irónica.

El tendero les sirvió ramen y mientras ellos continuaban discutiendo entre sí yo seguía de pie fuera de la mosquitera, sorprendido por el hecho de que se conocieran tan bien con el tendero.

—¿Quién es ese tipo? —preguntó Jougasaki mirando hacia donde yo estaba.

—Es mi representante —dijo el maestro Higuchi orgullosamente dándome una palmada en el hombro—. ¿El tuyo no va a venir hoy?

—Ese idiota. Dijo que no podía venir porque tenía otra cosa que hacer.

—Ya veo…

Una sonrisa apareció en la cara de Jougasaki. —Es un villano sin salvación, pero no tengo duda de que será un buen representante; es mejor que se prepare el tuyo.

—Lo espero con ansias.

—Asegúrate de traerlo al duelo.

—Entonces, ¿de verdad van a hacerlo? —rio el tendero.

—Naturalmente. Después de todo, el duelo del puente Kamo es una de las ceremonias —dijo el maestro.

***

Como la negociación había terminado armoniosamente, Jougasaki montó su bicicleta y se fue. El maestro Higuchi bostezó fuertemente y dijo—: supongo que tenemos que volver y despertar a Ozu tarde o temprano.

—Maestro, no entiendo —dije—, ¿qué es un representante?

—Te lo explicaré mañana, hoy ya estoy muy cansado.

Partió devuelta a Shimogamo Yuusuisou y me pidió que acompañara a Hanuki hasta su apartamento cerca de la calle Kawabata. Caminó por el oscuro camino sosteniendo cariñosamente el osito que encontramos en la sopa. En esos momentos dejó de parecer una comandante del ejército y se me asemejó más a una niña solitaria y preocupada.

Caminé por la calle Mikage con esos pensamientos en la cabeza.

—Jougasaki es bastante genial, ¿no te parece?

Rio cuando me escuchó decir eso.

—Él no es muy diferente de Higuchi.

—¿De verdad? A mí se me hace que no se parecen en nada… solo participan en la misma guerra.

—El la disfruta, aunque no deja que se le note en la cara.

—Eso suena difícil de creer.

—Es porque hace mucho tiempo que no tiene otro amigo además de Higuchi.

Se quedó en silencio y acercó el osito a su pecho, quien me miró tristemente.

Finalmente nos acercamos al rio Takano. El puente Mikage es un puente angosto y curvo desde el que puedes ver el monte Daimonji al este. Siempre que llega el festival Bon el puente se llena de gente que quiera ver los fuegos de Daimonji; por cierto, yo todavía no he visto ninguno.

Hanuki seguía sin decir nada y no me podía sacar de encima una premonición siniestra, sentía que alguna creatura extraña se había apoderado de su cuerpo y estaba a punto de salir. Su cara parecía azul, como si estuviera pensando demasiado; aunque temblaban ligeramente sus labios estaban apretados. Era como si estuviera meditando sobre una decisión que le cambiaría la vida.

—¿Te estas sintiendo mal? Hanuki —le pregunté tímidamente, pero ella sonrió ampliamente.

—¿Te diste cuenta?

De repente corrió a la baranda del puente y vomitó de una manera casi bella. Miró detenidamente cómo la comida que acababa de comer en Neko Ramen caía al agua y fluía por el rio Takano.

En ese momento de debilidad dejó caer el osito, este se precipitó por la baranda y cayó al rio. —Ah —dijo y comenzó a subirse a la baranda; me aferré a ella para detenerla. Casi nos caemos del puente. El osito giró y giró mientras caía, hasta que finalmente hizo un leve chapoteo cuando se encontró con la superficie del agua.

—Ahh, se me cayó —exhalo con pesar mientras posaba su barbilla en la baranda—. Me pregunto a donde lo llevará la corriente —dijo como cantando.

—Desde aquí irá al Kamo delta, luego al rio Kamo, después al rio Yodo y finalmente a la bahía de Osaka —le expliqué amablemente.

Me sentí mal por el osito.

***

Volví a Shimogamo Yuusuisou luego de acompañarla hasta su apartamento. Cuando llegué al pasillo creí ver una desconcertante y sucia bestia sentada frente a mi puerta, pero cuando me acerqué me di cuenta de que era Ozu.

—Vete a tu casa —le reproché, pero él me contestó—: No seas tan cruel. —Y entró a mi habitación para colapsar como un cadáver.

—¿A dónde fueron todos sin decirme?

—Neko Ramen.

—Banda de descorazonados. Me quedé solo, tan solo que pensé que iba a desaparecer.

—Tus deseos son órdenes.

Se siguió quejando con una voz patética hasta que quedó dormido. Intenté ponerlo en un rincón, pero murmuró algo y se negó a moverse.

Yo gateé hasta mi futón y comencé a pensar. Me había convertido en el sucesor del maestro, pero todavía no entendía muchas cosas. ¿De qué trataba la guerra masoquista de los representantes exactamente? ¿Qué había pasado entre el maestro Higuchi y Jougasaki? ¿Cómo iba a ser el duelo del día siguiente en el puente Kamo? ¿Estaba el tendero del Neko Ramen involucrado? ¿Me vería forzado a continuar esa batalla de bromas con el sucesor de Jougasaki? ¿Podía escapar de ello? ¿Qué tipo de persona era ese sucesor? ¿Qué haría si era el tipo de persona que golpea cruelmente al débil, que se arrastra ante el fuerte, que es egoísta, engreído, perezoso, descuidando sus estudios, falto por completo de orgullo y que se alimenta de la desdicha de los otros tres veces al día?

Me levanté y escuché el sonido de la respiración de Ozu por un rato.

Tenía el terrible presentimiento de que lo estaba mirando, se esparció por mi pecho como aceite y todo intento por negarlo resultó inútil. Estaba tan enojado con mi situación que incluso recurrí al consejo de una adivina en Kiyamachi, pero ¿de qué sirvió exactamente? Se suponía que debía aprovechar una ocasión y escapar a una mejor vida, pero ahora estaba siendo presionado hacia un barranco que me imposibilitaba cambiar.

Ozu se volteó hacia mí, su cara dormida adquirió la semblanza de un querubín.

***

Al día siguiente pateé a Ozu hasta el pasillo y me fui al campus.

Pasé todo el día ansioso porque no podía sacar de mi mente el duelo en el puente Kamo. Terminé apresuradamente el experimento que estaba haciendo y volví a Shimogamo Yuusuisou. Me dirigí a la habitación del maestro, pero el tablero que tenía colgado de la puerta tenía escrito “tomando un baño”. No había duda de que se estaba preparando para el duelo que ocurriría pronto.

Volví a mi habitación y comencé a mirar la Castella, que me había dado Hanuki la noche anterior, mientras escuchaba el sonido burbujeante de la cafetera en medio de la noche. Era bastante cruel hacer que una sola persona se comiera toda esa Castella, hubiera sido mucho mejor comerla mientras tomaba té elegantemente con una persona agradable, y sorprendentemente llegó a mi mente la figura de Akashi. Lo único que puedo hacer para enfrentar esa realidad de ser escogido como el sucesor del maestro en la guerra masoquista de los representantes y ser puesto forzosamente a las puertas de la desdicha es dar rienda suelta a mi imaginación y escapar de la realidad, aunque sea por poco tiempo. No soy inconsciente de mi deshonra.

Una polilla había entrado en mi habitación y volaba alrededor de la bombilla del techo. Recordé que Akashi odiaba las polillas y comencé a pensar en el incidente de las escaleras como un idiota. Corté la Castella con un cuchillo para fruta y llené mis cachetes con cada bocado mientras me quejaba conmigo mismo. Cuando me dirigí a mi biblioteca pornográfica para calmar mi sentimiento de ineptitud, escuché que alguien golpeó mi puerta.

Cuando abrí, vi a Akashi al otro lado, pero ella gritó y retrocedió. Al principio pensé que fue mi apariencia la que la había asustado y mis mejillas se sonrojaron furiosamente, pero luego me di cuenta de que fue por culpa de la polilla a mis espaldas. Persuadí a la polilla par que saliera por la ventana y luego invité a Akashi a entrar en la habitación como todo un caballero.

—El maestro Higuchi me dijo que te dijera que vendrá al anochecer. Parece que no va a estar en su habitación.

Le conté brevemente los acontecimientos de la negociación entre el maestro Higuchi y Jougasaki de la noche anterior.

—Las cosas cambiaron un montón mientras estaba trabajando en mi reporte. Supongo que fallé como discípula.

—No te preocupes, terminó muy rápido.

Serví una taza de café y se la pasé a Akashi. Ella tomó un trago y dijo—: Te compré algo. —De su mochila sacó una caja de paulonia que me pareció familiar; la abrió y me mostró el cepillo Kamenoko que habíamos buscado juntos.

—Ahora no vas a ser excomulgado por el maestro.

Estuve tan conmovido que comencé a llorar.

—Perdóname, perdóname… —le pude decir.

—No pasa nada —me respondió.

—Por cierto, ¿quieres un poco de Castella? —le ofrecí. Ella tomó una rebanada y comenzó a comer.

—Te he molestado más de la cuenta. Estabas ocupada con tu reporte.

—Puede ser, todavía falta mucho para terminarlo.

—¿Qué tipo de reporte es? Tu estas en ingeniería, ¿verdad?

—Estoy en el departamento de ingeniería de estructuras. Es sobre cosas como santuarios y coliseos.

Coliseo

Se escuchó un fuerte golpe en mi puerta y luego resonó la voz del maestro.

—Hola discípulos. Es hora del duelo.

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