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LA GUERRA MASOQUISTA (parte 8)

  • 25 mar 2020
  • 7 Min. de lectura

La cara del maestro todavía estaba húmeda a causa del baño, pero todavía seguía sin afeitarse. —Estaba en los baños públicos con Ozu —dijo.

—¿Y dónde está el?

—Fue a donde Jougasaki. Parece que también es su discípulo. Qué tipo tan interesante.

—También fue él quien pintó mi yukata de rosa —musitó sin alterarse. Aunque asumo que la mayoría de mis lectores lo podían intuir.

El otoño pasado Ozu comenzó a salir con Jougasaki luego de que lo echaran del club, escuchaba sus quejas y entre ambos maldecían al responsable de su infortunio, aunque recuerden, ya mencioné que la culpa de todo fue de Ozu. Así Ozu se labró un camino hacia el corazón de Jougasaki y aseguró su puesto como hombre de confianza. Cada día intimaban más, como un par de serpientes que se enroscaban entre ellas, y cuando Jougasaki descubrió que Ozu era discípulo del maestro Higuchi le pidió que fuera su espía, a lo que Ozu accedió con la sonrisa de un comerciante retorcido —Jougasaki, eres muy astuto.

Con Ozu tras bambalinas se había armado un escenario propicio para comenzar una lucha sin sentido.

Bajo las órdenes del maestro Higuchi, Ozu metió diez tipos distintos de insectos en el buzón de Jougasaki; en respuesta, bajo las órdenes de Jougasaki, pintó de rosa el yukata del maestro. Poco a poco, yendo de un lado a otro haciendo maniobras complicadas, se convirtió en un doble agente. Sin mucho esfuerzo, podemos saber que solo Ozu trabajaría así de intensamente. Es difícil saber qué buscaba con todo eso, es un enigma tentador, pero uno que no intentaré resolver.

—Me di cuenta de que era su espía, pero como era divertido no lo molesté —dijo el maestro.

—Entonces, básicamente todo era su culpa —teoricé—. Ambos estuvieron bailando en la palma de su mano.

—Tengo que admitir que estoy sorprendida —dijo Akashi.

—Sí, bastante —dijo el maestro sin enfadarse—. Es un tonto incorregible. En toda la historia de la guerra masoquista de los representantes jamás hubo alguien como él. Su nombre será grabado en la historia. Ah, una Castella.

El notó la Castella y comenzó a comer sin que nadie le hubiera ofrecido. Anunció triunfante—: Bueno, esta noche es el duelo del puente Kamo.

—Maestro, espera un momento.

Asintió a mi confusión.

—Supongo que deseas querer saber los detalles. Es hora de que te explique los orígenes de la guerra masoquista de los representantes.

***

¿Qué es la guerra masoquista de los representantes?

Este conflicto miserable, aunque noble, puede ser rastreado hasta antes de la guerra del pacífico.

Se dice que proviene bien de una rivalidad entre amantes de preparatoria o bien de una competencia de bebida, pero no se puede asegurar ninguna ya que los detalles se han perdido con el tiempo.

La primera batalla duró mucho tiempo, los participantes la comenzaron en preparatoria y no la habían terminado al momento de graduarse de la universidad. Los anónimos beligerantes abandonaron la idea de resolver su problema siendo estudiantes, la única solución hubiera sido hacer la paz, pero los dos eran demasiado obstinados y se negaron. Como estaban muy cansados y no querían seguir peleando, pero también era muy orgullosos y no querían dejar el problema sin resolver, eventualmente llegaron a una solución sorprendente: obligar a dos estudiantes menores para que lucharan en lugar de ellos como sus representantes.

Así fue como comenzó la larga historia de la guerra de los representantes.

Aunque nadie sabe cómo se luchaba esa guerra antiguamente, es seguro que las reglas no escritas del conflicto consistían en hacerse bromas mezquinas. No es necesario que exista enemistad entre los dos participantes, el único requisito es que deben pelear. Los nuevos representantes simplemente continuaron luchando en esa guerra al igual que sus predecesores; no sabían si debían o no terminar la guerra y eventualmente le pasaron el testigo a un nuevo par de representantes, lo que postpuso la resolución del conflicto aún más.

Pasando por la guerra, la derrota y la postguerra, la guerra de los representantes continuó sin importarle lo que pasaba en el mundo. La razón del conflicto se olvidó y solo se transmitieron las reglas que funcionaron como tradiciones que regulan por completo las acciones de los participantes.

Neko Ramen se convirtió en el lugar de las negociaciones y las ceremonias de herencia en la segunda mitad de la década de los 80’s. Cuando los participantes concluyeran su duelo en el puente Kamo le pasarían el testigo a sus representantes y entonces los nuevos participantes comenzarían su propia batalla; ellos, eventualmente, también tendrían que elegir nuevos representantes para que los sucedieran.

Ese día Ozu se volvió el representante de Jougasaki y yo el del maestro Higuchi.

La guerra se comenzó a llamar la “guerra masoquista de los representantes” puesto que se basaba en dos representantes que se atormentaban mutuamente. Para ser precisos esta sería la guerra masoquista de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes- de los representantes. Ozu y yo somos la trigésima generación.

En otras palabras, esta guerra era un completo sinsentido.

***

—¿Esto es un chiste?

—Si no te conviertes en mi representante, Jougasaki y yo nunca nos podremos reconciliar. Ozu es un entrometido, estoy seguro de que valdrá la pena.

—¡Tienes que estar bromeando!

El maestro Higuchi se postró ante mí repentinamente.

Me costaba pensar que se tratara de una tradición que ameritara tanto, pero no podía negarme a su petición. Comencé a llorar para mis adentros sabiendo que mi vida universitaria color rosa se estaba escapando entre mis manos.

—De acuerdo —musité. El maestro levantó la cabeza y asintió satisfecho.

—Akashi, ¿serías el testigo? Necesito que te asegures de que ambos cumplan con su deber de corazón y que mantengan la calma si el otro se pasa de la raya.

—Comprendo —dijo tajantemente.

No había vuelta atrás.

El maestro dejó salir un suspiro de alivio y relajó su cuerpo. —Ahora no tengo nada que lamentar —masculló y encendió otro cigarrillo. Siendo forzado a tomar el testigo de esta guerra sin sentido y abandonando cualquier posibilidad para aprovechar la ocasión que se avecinaba, miserablemente comencé a pensar en lo que me depararía este antiguo conflicto inútil, y en medio de eso noté cómo Akashi me picaba incesantemente señalándome la caja que contenía el cepillo Kamenoko.

—Maestro, tengo el cepillo Kamenoko. Akashi lo consiguió en mi lugar.

Los ojos del maestro se abrieron de la sorpresa que le dio cuando se lo mostré y comenzó a jadear, pero enseguida puso una cara de disculpa.

—Perdón —dijo—, me iré cuando terminé el duelo.

—¿Eh? —Akashi quedó boquiabierta.

—Así que realmente te vas a ir en un viaje por el mundo. Todavía me sigue pareciendo un poco excesivo.

Él negó con la cabeza.

—Fue por ese propósito que te escogí como mi representante. No volveré a esa habitación de cuatro tatamis y medio por un tiempo, ¿puedo pedirte que la limpies en mi lugar?

—Egoísta hasta el final.

—Supongo —dijo sonriendo.

—Miren la hora, necesitamos irnos al puente Kamo. Es mi última batalla con Jougasaki.

Tan pronto nos disponíamos a salir de la habitación entró Hanuki completamente falta de aliento. —Genial… lo logré… —jadeó—, corrí para acá apenas salí del trabajo.

—Estaba pensando que no ibas a venir a mirar.

—Aunque sea una batalla sin sentido quiero verla con mis propios ojos.

Luego partimos hacia el puente Kamo.

***

Estábamos al costado este del puente Kamo. El maestro se remangó el yukata y miró su viejo reloj de pulsera.

La tarde había dado espacio al crepúsculo y los estudiantes comenzaban a ocupar el Kamo delta. Probablemente se trataba de otra fiesta de bienvenida para nuevos estudiantes. Hablando de ello, pasé dos años evitando involucrarme en ese tipo de actividades.

El río Kamo estaba crecido debido a las lluvias del otro día y las luces de los postes de luz, que comenzaban a encenderse, tornaban su superficie de un color platino. La calle Imadegawa estaba concurrida y las luces de los autos pasaban por el puente Kamo. Las luces anaranjadas de las lámparas que brillaban en el puente misteriosamente bajaron su intensidad. Por alguna razón, el puente lucía extremadamente amplio.

—Ah, ya vienen —dijo el maestro sonando alegre y comenzó a caminar hacia el puente.

Pude ver a Jougasaki y a Ozu caminando del otro lado del puente.

Los dos grupos se miraron durante el recorrido y se encontraron en el centro del puente. Bajo ellos se formaban pequeñas olas entre el río y los pilares del puente. Entre la oscuridad, hacia el sur, se podían divisar, brillando como gemas preciosas, las lejanas luces del barrio Shijou.

—¿Akashi? —preguntó intrigado Jougasaki.

—Buenas noches —le respondió ella.

—¿Conoces a Higuchi?

—Me volví su discípula el otoño pasado.

—Ella es solo una espectadora. Este es mi aprendiz, te lo presenté anoche —dijo el maestro señalándome con el dedo—. Por cierto, ¿no es tu representante también mi discípulo?

Una sonrisa apareció en el rostro de Jougasaki.

—¿Pensaste que era tu hombre? Todo el tiempo ha sido mi espía. ¿Te engañe?

—Me engañaste —dijo el maestro con una sonrisa triste.

—Bueno.

—Hagámoslo.

El aire se puso tenso de repente.

Vimos como asumieron una posición de ataque. La luz pálida bañaba las cinceladas facciones de Jougasaki haciéndolo parecer un asesino del final del shogunato, y Ozu, a su lado, aumentaba aquella sensación con su sonrisa tenebrosa. Oponiéndoseles está el maestro Higuchi con su cara de berenjena tan tensa como podía estarlo y sus brazos cruzados noblemente frente a su yukata azul, pude sentir un vigor inefable radiando de él. Los dos oponentes lucían como rivales poderosos dispuestos para un enfrentamiento épico.

¿Qué tipo de enfrentamiento vendría? Nosotros esperamos, inquietos por su desarrollo, sosteniendo el aliento.

Finalmente, Hanuki se paró junto a ellos y puso su mano como si fuese a cortar la cuerda que los mantenía unidos.

—Apresúrense.

Sin duda esa fue una introducción decepcionante para un duelo que terminaría con cinco años de conflicto.

Jougasaki asumió una pose de artes marciales mientras Ozu se retiró hacia atrás igual que Akashi y yo; el maestro permaneció completamente inmóvil. Jougasaki levantó la palma de su mano izquierda hacia el cielo mientras que hizo un puño con la derecha y la posicionó al lado de su cintura, parecía estar listo para saltar hacia el maestro. Él, como respuesta, extendió sus manos e hizo extrañas y esotéricas señas como si estuviera recitando mantras.

—Hagámoslo, Higuchi —gruñó Jougasaki.

—Preparate —le respondió el maestro.

Luego de una pausa en la que ninguno respiró, ambos saltaron a la acción.

—Piedra, papel-

—Y tijeras!

Jougasaki se desplomó dramáticamente.

—Listo, ¡tenemos un ganador! —dijo Hanuki mientras aplaudía; Akashi se le unió prontamente. Yo estaba demasiado desconcertado para moverme.

—Gané, así que tú darás el primer golpe —me explicó el maestro.

El duelo del puente Kamo no era nada más que una partida de piedra, papel y tijeras que decidía cuál representante comenzaría las bromas.

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