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LA GUERRA MASOQUISTA (parte 9)

  • 25 mar 2020
  • 9 Min. de lectura

—Bueno, eso es un peso menos.

El maestro suspiró, miró al cielo índigo, cruzó sus brazos y retomó a su imperturbable semblanza. Jougasaki se levantó con una cara despreocupada como si nada hubiera pasado. El maestro sacó un cigarrillo y se lo ofreció.

—¿Qué vas a hacer ahora que todo ha acabado? —le preguntó luego de la primera bocanada de cigarrillo.

—Saldré a explorar el mundo.

—Oye, Hanuki, Higuchi está hablando como un loco otra vez.

—¿Hah?

—Por lo que te daré mi globo.

—Está bien, pero recuerda que era mi globo en primer lugar.

—¿Lo era?

Al parecer si pensaba irse.

Cuando trataba de encontrar las palabras para responderle comenzaron a escucharse gritos que se acercaban desde el Kamo delta. Las fiestas de los estudiantes se habían interrumpido y todo el mundo corría hacia el norte tratando de escapar de algo. Cuando me acerqué a la baranda pude entrever una especie de nube oscura que se acercaba al delta desde el parque Aoi. A medida que crecía y cubría el Kamo delta por completo aumentaba el volumen del zumbido. La gente dentro de la nube corría en todas direcciones agitando sus brazos y golpeándose las cabezas como si estuvieran locos. La nube oscura comenzó a acercarse hacia nosotros por el río. La miramos fascinados.

El ruido del delta comenzó a tornarse más bullicioso. La nube que emergió del parque continuaba acercándose a nosotros. Aquello no era un hecho ordinario. Con el zumbido fortaleciéndose, la nube se nos acercó moviéndose como una alfombra voladora hasta que finalmente ascendió de la superficie del río, pasó por la baranda y cubrió el puente como una avalancha.

—¡GYAAAAAAAHHHHH! —Akashi gritó como si fuera un personaje de caricaturas.

Era un enjambre de polillas.

***

La tormenta de polillas apareció en el noticiero de Kioto al día siguiente, pero nadie entendía de donde habían salido. Al rastrear su ruta parecía que habían salido del bosque Tadasu, ósea, del santuario Shimogamo, pero todavía no se podía asegurar nada. No había explicación para que todas las polillas del bosque decidieran migrar simultáneamente. También circulaba el rumor de que las polillas habían llegado desde el pueblo vecino, Izumigawa, pero ese rumor tampoco tenía sentido.

Parece que la tormenta de polillas se había reunido en una esquina de mi residencia esa noche. Cuando llegué el pasillo estaba lleno de polillas muertas y como había olvidado cerrar la puerta de mi habitación ahí también había otro montón.

Junté y enterré los cadáveres con el máximo respeto.

***

Con un montón de polillas pasando por mi cara, algunas de ellas entrando en mi boca, galantemente protegí a Akashi de la peor parte. Yo soy originario de la ciudad y nunca había coexistido con insectos, pero estos dos años en la residencia me habían permitido acostumbrarme a todo tipo de artrópodos.

Aun así, la cantidad abrumadora de polillas de esa noche sobrepasaba los límites del sentido común. El zumbido estremecedor del aleteo nos abstrajo del resto del mundo. Parecía más una banda de diablillos alados que un enjambre de polillas. Era casi imposible ver, solo pude percibir el brillante cabello negro de Akashi en medio de las polillas que se movían iluminadas por las luces anaranjadas de los postes. No tuve calma como para preocuparme por los demás.

Luego de un tiempo la tormenta terminó de pasar, dejando solo algunas rezagadas volando por aquí y por allá. Akashi se levantó con la cara pálida, se sacudía todo el cuerpo frenéticamente y preguntaba repetidamente—: ¿Ya se fueron? ¿Ya se fueron? —Luego echó a correr hacia el extremo oriental del puente para alejarse de las polillas que quedaban en el lugar. Cuando por fin se detuvo se desplomó en el suelo iluminado por la luz que se proyectaba del café al otro lado de la calle.

La alfombra de polillas todavía se dirigía hacia Shijou.

Me di cuenta de que los otros miraban a los alrededores, los imité dirigiendo la mirada a los puntos naranjas que brillaban a lo largo del puente.

El maestro no se encontraba por ningún lado, es como si hubiera hecho su escape en medio de la nube de polillas. Aquel brillante escape reiteraba que él merecía el nombre de maestro. Ozu, misteriosamente, tampoco estaba a la vista; pensé que también había planeado desaparecer desde un comienzo.

—¡Higuchi y Ozu desaparecieron! —dijo Jougasaki asombrado mientras continuaba inspeccionando el puente.

—Salgamos de aquí —sugirió Hanuki, quien todavía se sujetaba a la baranda mientras la briza seguía corriendo.

***

—Me voy a ir de copas esta noche —declaró Hanuki con las manos en la cintura—, acompáñame Jougasaki.

—Vamos —dijo con una expresión algo distante, casi solitaria—, ese tarado de Higuchi ni siquiera se despidió. Hubiera sido un bonito recuerdo si lo hubiera hecho.

—Ha pasado tiempo desde que bebimos juntos.

Hanuki se me acercó y me dijo—: Encárgate de Akashi. —Luego ambos caminaron hacia Kiyamachi.

Caminé hacia Akashi, que todavía estaba acurrucada bajo la luz del café.

—¿Te sientes bien? —pregunté—. El maestro se ha ido.

Se volteó y me miró con una cara mareada.

—¿Será que tomar una taza de té te ayudará a reponerte? —Ciertamente no me estaba aprovechando de su miedo a las polillas, simplemente estaba preocupado por su cara pálida. Ella asintió y entramos juntos al café.

—Me pregunto que le pasó al maestro Higuchi y a Ozu —murmuré mientras tomaba una taza de café.

Me miró mientras tenía la cabeza inclinada y de la nada comenzó a reírse.

—Es como si fuera uno de esos hechiceros ermitaños o algo parecido. Simplemente desapareció en medio de la nada —tomó un sorbo—, muy propio de él.

—Me pregunto a donde fue —Volví a inclinar mi cabeza—, estoy seguro de que Ozu tiene algo que ver.

Mientras nos tomábamos el café recordé repentinamente el coliseo y comencé a hablar sobre eso. Me pregunté si cuando ella dijo la palabra la otra vez era la ocasión que estaba esperando. Estoy seguro de que hubiera sido capaz de comenzar una nueva vida si el maestro no me hubiera arrastrado a este camino. Con un suspiro, lamenté volver a dejar escapar mi vida universitaria color rosa.

—La dejé escapar entre mis dedos… —gruñí—, ahora volveré a pasar por lo mismo otra vez.

—No, te equivocas —me dijo Akashi meneando la cabeza—. Estoy segura de que aprovechaste la ocasión, es solo que no te has dado cuenta.

Escuchamos acercarse una ambulancia mientras seguíamos en el café, pensamos que pasaría rápidamente, pero se detuvo en el extremo occidental del puente Kamo, lo que generó un fuerte bullicio en el café.

—Por cierto, gracias por encontrar el cepillo Kamenoko.

Incliné mi cabeza y ella me respondió con una sonrisa temblorosa.

—Aunque es una lástima que se haya ido el maestro estoy contenta de que te haya hecho feliz.

De repente sentí un torrente de emociones impropias dirigidas hacia alguien del que se supone estaba encargado. Aunque es contra mis principios explicar exactamente la naturaleza de esos sentimientos, sentí que necesitaba hacer algo, cualquier cosa, en concordancia con esos sentimientos. Balbuceé solo una pregunta.

—Akashi, ¿te gustaría ir a Neko Ramen conmigo?

***

Describir cómo se desarrolló la relación entre Akashi y yo sería desviarse del propósito de este escrito, por lo que me contendré de recapitular cada uno de los acontecimientos maravillosos. Estoy seguro de que mis lectores preferirían no desperdiciar su tiempo en cosas tan insignificantes.

No hay nada más aburrido que contar una historia de amor exitosa.

***

Después de ese incidente perdimos todo rastro sobre el paradero del maestro Higuchi. Nadie pensó que fuera a llevar acabo un escape tan dramático sin siquiera despedirse. Todavía no sé si realmente salió en un viaje alrededor del mundo.

Luego de su desaparición, a Hanuki, Akashi y yo, nos tomó medio mes poder limpiar la habitación 210. Aunque el cepillo Kamenoko demostró ser de gran ayuda seguía siendo todo un predicamento. Hanuki abandonó las labores de limpieza antes que nosotros dos; Akashi intentó escapar cuando miró la suciedad acumulada; y Ozu, que fue a presenciar nuestros esfuerzos por limpiar apoyado en muletas, vomitó en el lavabo.

Mi ira contra el maestro por ser forzado a convertirme en su discípulo había sido máxima justo antes de que él hubiera desaparecido, pero incluso en esos momentos en los que ya no estaba me sentía disgustado. Cuando vi los alfileres que el maestro había puesto en el globo señalando las posiciones del Nautilus desbordé de emoción y casi me lanzo a abrazarlo y restregar mi cara contra toda su superficie, pero me logré contener. Le quité los alfileres y me pregunté dónde podría estar el maestro en ese momento.

Por cierto, el fantástico cepillo Kamenoko está en la habitación de Akashi en estos momentos. Ella ha aprendido a usarlo con gran destreza.

***

Después Hanuki me contó que Jougasaki había dejado el laboratorio para buscar trabajo en algún lado, y ahora que lo pienso me pregunto dónde está esa bella y silenciosa doncella que Ozu intentó secuestrar. Ruego por que continúe viviendo una vida dichosa junto a Jougasaki.

Hanuki sigue trabajando como dentista en la clínica dental Kubozuka. Yo fui a que me examinara los dientes aproximadamente dos meses después de la desaparición del maestro. Tenía la muela del juicio deteriorada, por lo que Hanuki me dijo—: ¿no te alegras de haber venido a tiempo? —Más aun, fui bendecido con el honor de que ella misma me removiera la placa de mis dientes. Es admirable, tiene unas manos muy gentiles a pesar de tener esa arrogante cara de comandante militar, es toda una profesional.

No es admisible que un rufián como yo se imagine por lo que pasó luego de que el maestro se fuera, pero asumo que estuvo muy sola. Por lo que siempre que me invitaba a beber algo, Ozu, Akashi y yo aceptábamos su oferta valientemente.

Siempre era algo difícil de aguantar.

***

La única preocupación del maestro, la guerra masoquista de los representantes, fue tomada por Ozu y por mí. Me llené de tristeza al asumir que me tocaba continuar esa guerra estúpida hasta que encontrara mi propio representante.

Como se había decidido que yo diera el primer golpe en el duelo del puente Kamo me aproveché de la hospitalización de Ozu para pintarle de rosado brillante su bicicleta, que llamaba “escorpión negro”. Fue tan bien logrado que era difícil que reconocieras que era la misma bicicleta.

Cuando Ozu salió cojeando y se dio cuenta comenzó a echar humo como una hamburguesa y llegó montando en ella hasta Shimogamo Yuusuisou.

—¡Esto es indignante! ¿Cómo se te ocurrió pintarla de rosa?

—Tú pintaste el yukata del maestro de rosa.

—¡Eso es algo completamente distinto!

—¡Claro que no!

—Me voy a quejar con Akashi, estoy seguro de que ella estará de acuerdo conmigo.

Y partió.

***

Hablando después de experimentar los numerosos eventos que permearon mi vida de campus luego de la desaparición del maestro, es irritante tener que reconocer lo ingenuo que fui. No soy alguien que reconozca sus errores fácilmente. Es cierto que me apreciaba mucho, pero ¿qué mujer hubiera querido aferrarse a un joven tan repugnante como mi yo de veinte años? Me enojé tanto por eso que rechacé vehementemente ayudar a mi antiguo yo.

No puedo quitarme el sentimiento de que escoger ser el discípulo del maestro frente a la torre del reloj ese día había sido un error. ¿Qué si hubiera escogido otro club? Si hubiera entrado al club de cine Misogi, escogido el club de softbol o incluso entrado a la sociedad secreta mis últimos dos años de vida hubieran sido muy diferentes. Cuanto menos es seguro que mi vida no hubiera sido tan mala como lo fue. Quizá esa elusiva vida universitaria color rosa hubiera estado al alcance de mi mano. No puedo negar que mis últimos dos años habían estado repletos de errores y oportunidades desperdiciadas.

Pero, sobre todo, ese infortunado encuentro con Ozu seguramente me perseguirá por el resto de mi vida.

***

Ozu fue internado en un hospital cerca al campus justo después de la desaparición del maestro.

Era placentero verlo amarrado a la cama del hospital. Su tez pálida daba la impresión de que había contraído una enfermedad terminal cuando solo se trataba de una fractura. Probablemente sería apropiado decir que fue suertudo al escapar solo con una fractura. Vine a regodearme por su incapacidad para llevar a cabo sus habituales fechorías, pero me quedé comiendo una Castella en silencio sin decirle nada.

¿Por qué se había fracturado?

Volvamos esa tarde en que las polillas se apoderaron del puente.

***

Con un montón de polillas pasando por mi cara, algunas de ellas entrando en mi boca, galantemente protegí a Akashi de la peor parte.

Ozu, por su parte, fue completamente arrasado por las polillas y, sin dejar de sonreír tenebrosamente, se quedó inmóvil esperando a que todo terminara. Parece que lo único que le preocupaba era despeinarse.

Vio que el maestro Higuchi se subió a la baranda del puente en medio de la tormenta de insectos con los brazos extendidos como preparándose para salir volando sobre la ciudad, y cuando Ozu gritó instintivamente “¡maestro!” un montón de polillas se le metieron en la boca y ahogaron su grito. No obstante, caminó hacia la baranda y agarró el yukata del maestro como si estuviera en medio de un sueño. De repente el maestro comenzó a elevarse en medio del cielo y Ozu fue levantado por él. El maestro lo miró y cuando vio que Ozu se le aferraba en medio de aquel fuerte aleteo le dijo—: Ozu, has estado a la altura de mis expectativas.

Como era Ozu quien nos dijo todo eso obviamente no le creí nada.

Ozu dice que el maestro se le escurrió de entre los dedos y desapareció luego de decirle eso.

En ese momento Ozu perdió el equilibro y cayó al río Kamo rompiéndose una pierna y aferrándose a un pilar del puente como un pesado de basura hasta que lo descubrió uno de los fiesteros del Kamo delta.

Parece que la ambulancia que habíamos escuchado Akashi y yo cuando tomábamos café elegantemente fue llamada para socorrerlo.

***

No me convenció para nada la historia que dijo Ozu sobre el maestro, y sospecho que hay otra perspectiva de los hechos.

—¿Entonces estás diciendo que el maestro comenzó su viaje llevado por ese enjambre de polillas?

—Eso mismo, no hay otra explicación.

—No puedo creerte nada.

—¿Acaso te he mentido alguna vez?

—Es bastante difícil creer que te abalanzarías sobre el maestro para intentar detenerlo.

—Él es una persona que aprecio mucho —reprochó indignado.

—Si realmente te preocupas por él, ¿por qué cambiaste al bando de Jougasaki como un oportunista cualquiera? ¿Qué buscabas con eso? —le pregunté.

***

Hizo su habitual mueca de youkai.

—¡Así es como demuestro mi amor!

—No necesito una cosa tan repugnante —le respondí.

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