LA VIDA ACARAMELADA (parte 3)
- 25 mar 2020
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Aunque era algo anticuado, amaba escribir cartas y desde niño había deseado tener un amigo por correspondencia, mucho mejor si era mujer, o mejor dicho, ¿sería posible tener una vida intelectual y a distancia sin la participación de una dama? Decidí que tener ese tipo de correspondencia era la única que me serviría.
Un punto esencial es que las cartas deben ser escritas a mano y en ninguna circunstancia, incluso si se abre un portal desde el infierno y llega el fin del mundo, se debe conocer al otro participante. El segundo punto es aún más importante, si descubres que tu compañero es una joven dama, es natural que un hombre esté urgido por conocerla, pero es justo en ese caso en el que se debe perseverar; si se falla, todos los esfuerzos puestos en esa relación elegante se disiparán en un instante.
Un día, de la nada me surgió la idea de intentar comenzar una elegante amistad por correspondencia. Sin embargo, encontrar una chica desconocida a la cual escribirle cartas resulto ser una tarea ardua; enviar una carta a una dirección desconocida y esperar que respondiera una bella joven es algo falto de refinamiento, quizá incluso algo degenerado, pero consultar en algún sitio como la sede de la sociedad japonesa de correspondencia era algo que iba incluso más en contra de mis ideales.
Cuando le comenté a Ozu mis intenciones, inmediatamente fui tildado de pervertido. Sin siquiera darme tiempo para defenderme, me miró de arriba abajo y me dijo—: O sea que no quedarás tranquilo hasta mandarle cartas cochinas a una chica desconocida ¿verdad? Realmente necesitas ponerle un alto a tu impulso sexual. ¡maldito enfermo!
—¡No voy a hacer nada cochino!
—Vamos, te conozco muy bien. Eres 50% porno.
—¡Cállate!
A pesar de eso, fue gracias a Ozu que tuve la oportunidad de comenzar esta correspondencia.
El otoño de mi segundo año Ozu, cuyos gustos literarios no se extendían más allá de las revistas pornográficas, comenzó a leer una novela normal y me la dio cuando la terminó. Dijo que la había encontrado en la sección de cien yenes de una tienda de libros usados en Imadegawa y que la había comprado por capricho. Dijo que no necesitaba una cosa inmunda después de terminar de usarla.
La novela describía la monótona vida de un estudiante lleno de sufrimientos y casi no mencionaba a ninguna chica, era poco interesante, pero mis ojos se posaron en la última página y allí encontraron un nombre y una dirección escritos en una maravillosa caligrafía. Normalmente, ese tipo de cosas serían borradas antes de enviar el libro a una tienda o la tienda los borraría para evitar problemas futuros, pero parece que se les había pasado.
Esta es mi oportunidad, pensé en ese momento. ¿Se trataba de una señal de los cielos? ¿No era aquella una oportunidad entre un millón para comenzar una correspondencia con una doncella desconocida?
En retrospectiva, yo no tenía ninguna evidencia que me sugiriera la edad de aquella mujer, mucho menos de mi idea de ella como una chica que amaba los libros, que era reservada y que no se había dado cuenta de lo bella que era. Supongo que sería justo llamarme pervertido, pero en pro de ese momento crítico estoy dispuesto a cargar con esa infame etiqueta.
Salí apresurado al distrito comercial Demachi para comprar un papel hermoso que desbordara sinceridad, del tipo que enmendaría mis actos desvergonzados.
Sabía que, dado que la carta llegaría sin avisar, debía limitar sus contenidos a una conversación inofensiva. Si fuera a enviar una carta detallada con significados inciertos no me sorprendería que la reportaran a la policía. Primero me disculpé por enviar una carta inesperada, humildemente añadiendo que yo era un estudiante diligente y que siempre había soñado con participar de un intercambio por correspondencia. Luego escribí sobre la novela que acababa de terminar, sin alabarla ni criticarla, sin escribir nunca nada sobre esperar una respuesta. Sería sospechoso si la hubiera hecho muy larga, por lo que luego de algunos intentos logré condensarla hasta una página y media. Cuando la terminé la leí una y otra vez, olía a sinceridad sin una sola gota de pensamientos impuros e incluso yo estaba orgulloso de aquel éxito. Al final, las cartas son cosas que vienen del corazón.
En este mundo corrupto, responder una carta desconocida requiere pensárselo bien, incluso más si eres una doncella de buena familia. Me convencí de no decepcionarme si nunca recibía una respuesta, pero, para mi agradable sorpresa, llegó.
Así, con ese evento increíblemente afortunado, comenzó una correspondencia que duró medio año y terminó en mayo de la peor forma posible.
***
Estimado señor,
Se ha vuelto bastante caluroso desde el festival de las alceas. Se siente como si hubiéramos entrado en los días más fuertes de verano incluso antes de que llegue la temporada de lluvias.
Dado que no me gusta mucho el calor, me gustaría que pronto llegaran las lluvias. Hay mucha gente que dice que es muy triste y húmedo, pero el sonido del agua me relaja. Mis abuelos tienen algunas hortensias en su casa y siempre he disfrutado verlas florecer desde el balcón.
Como me recomendaste en tu carta de hace unos días, comencé a leer veinte mil leguas de viaje submarino. Voy en la tercera parte. Al principio pensé que era un libro para niños, pero entre más leo más profundo me parece. Disfruto con la personalidad extraña del capitán Nemo, pero si tuviera que decidir, mi personaje favorito es el arponero Ned Land. Siento lástima por él, está encerrado en el submarino sin libertad para moverse. El profesor y Conseil también están encerrados, pero ellos parecen felices; solo Ned Land luce frustrado con la situación, y sin darme cuenta me descubrí dándole ánimo. Quizá es porque soy tan glotona como él.
Si tuviera que recomendar un libro diría que la isla del tesoro de Stevenson. Puede que ya la hayas leído, pero era uno de mis favoritos cuando era pequeña.
Mi trabajo va sin mayor novedad, no hay nada que contar sobre ello.
Hace poco, un profesor mio que vivió en Japón los últimos tres años regresó a su país y le hicimos una fiesta de despedida en un bar irlandés de la calle Oike. No pude beber alcohol, pero la comida era deliciosa, en especial el pescado frito.
El profesor era de San Francisco, nos dijo que lo visitáramos si algún día íbamos allá. Él tiene un poco más de treinta, pero parece que sigue estudiando. Creo que sería divertido hacer un intercambio académico, pero estoy demasiado ocupada como para hacer ese tipo de cosas por lo que creo que se quedará en sueños.
Me disculpo si me excedí al decir todo esto, pero me parece maravilloso ser capaz de estudiar lo que uno quiera en la universidad. Seguramente soy una persona como tú, una que usa las oportunidades con las cuales ha sido bendecida por la vida para mejorarse a sí misma. Ya que vas a comenzar tu tercer año de universidad esta primavera, por favor cree en ti mismo y haz todo lo que puedas.
Sin embargo, no te excedas, la salud es lo más importante.
Dijiste que tu comida favorita eran las hamburguesas de pescado, pero no debes comer demasiadas, intenta comer alimentos variados y cuídate debidamente.
Con ello concluyo mi carta. Espero tu respuesta.
Sinceramente,
Higuchi Keiko
***
Cuando llegó la tarde, mi habitación se hizo más asquerosa. Entre más calor hacía, más enojado me ponía y resurgía mi furia contra el ladrón de ropa interior. Me acurruqué en un rincón de la habitación, miré a Kaori que lucía fascinada por el libro y retorcí el osito que me habían dejado a cambio de mis boxers.
Me puse a estudiar para alejar mi mente de esos pensamientos. Sin embargo, al mirar mi libro de texto concluí que debía hacer algo para recuperar aquellos últimos dos años improductivos de mi vida. Ese patético ser estaba en total contradicción con mi verdadera estética. En consecuencia, gallardamente decidí abandonar mis estudios. Esa era, quizá, la ruta más caballerosa.
Como había abandonado la ruta del estudio no me quedaba otra alternativa que recurrir a Ozu para que me proveyera el reporte que necesitaba entregar. La sociedad secreta tenía un taller de copiado donde se podía solicitar y comprar tareas falsificadas. Si no hubiera confiado en ese taller, si no hubiera tenido a Ozu como intermediario para conseguir mis tareas, hace mucho me hubiera estropeado. Tanto mi mente como mi cuerpo estarían rotos en pedazos. Mi relación inseparable con Ozu probablemente también tendría algo que ver con esto.
Aunque todavía era mayo, hacía tanta humedad que se sentía como si fuera verano. Aunque la ventana estaba abierta de par en par e invitaba a exhibiciones obscenas, el aire todavía se sentía estancado. En aquel aire inmóvil, elementos de composición misteriosa se entremezclaban y fermentaban a tal punto que, como si se tratase de la destilería de whiskey Yamazaki, seguramente marearían a cualquiera que entrara a ese espacio de cuatro tatamis y medio. Por otro lado, al abrir la puerta que llevaba al corredor, los bellos gatitos que vagaban por la residencia entraron intempestivamente en la habitación. Eran tan adorables que casi me daban ganas de comerlos, pero no caería tan bajo como para llegar a hacer algo tan mezquino como eso. Incluso si solo me quedase un juego de ropa interior, siempre actuaría como lo haría un caballero. Luego de acariciar sus ojos soñolientos los saqué de la habitación.
Me tiré al piso y quedé dormido sin darme cuenta. Me había levantada mucho antes de lo que acostumbraba, por lo que no había dormido suficiente. Para cuando me levanté el sol ya se estaba poniendo y mi día feriado había sido casi completamente desperdiciado. Lo único que había planeado hacer era ir a mi clase de conversación en inglés y ya casi era hora de empezar, por lo que me alisté para salir.
Considerando mis horribles experiencias en el club de softbol Honwaka, no estaba preparado para confiar en otro club en esos momentos. Pero obviamente todavía tenía un montón de tiempo. Como la señorita Higuchi había mencionado que trabajaba en una escuela de conversación en inglés en Sanjou, el otoño pasado había usado esa información como mi impulso para empezar a aprender inglés en una escuela en Kawaramachi en Sanjou. Por cierto, en esa escuela no había nadie apellidado Higuchi.
—Bueno, Kaori, cuida mi cuarto mientras no estoy.
Como estaba tan inmersa en su libro ni siquiera levantó la mirada. Realmente es algo hermoso poder recordar una escena de una bella doncella perdida en las fantasías dentro de un libro.
***
Salí de Shimogamo Yuusuisou en mi bicicleta.
Estaba cayendo la noche en el vecindario y el cielo se teñía de rosa. La fría brisa de la tarde golpeaba mi cara.
Cuando pasé el santuario Shimogamo crucé el puente Mikage y luego salí por completo de la calle del santuario. Después pasé por el área entre los puentes Kawai y Demachi, donde se unían el río Kamogawa, proveniente del oeste, y el río Takano, del este, conocida como el Kamo delta. Por esa época del año siempre se realizan fiestas de bienvenida para los nuevos estudiantes. Yo también había ido a una al entrar a ese peculiar club de softbol cuando era un primerizo, pero por alguna razón nunca me incluyeron en las conversaciones y solo me quedan esos miserables recuerdos de rebotar piedras en el río.
Mientras pasaba por el terraplén de lado oeste entre los puentes Demachi y Kamo comencé a tener pensamientos hirientes y miré a los juerguistas al otro lado del río. Entre ellos divisé a Ozu, no había forma de que me equivocara con su silueta repulsiva. Contra lo que me decía mi juicio, detuve mi bicicleta.
Ozu lucía contento de estar rodeado por un grupo de primerizos. No le importaba una mierda la clase de fatídico día que había tenido yo y decidió irse de fiesta con sus nuevos amigos. Yo, por mi parte, me senté al otro lado del río echando humo. Era completamente indignante que un youkai como él estuviera rodeado por un grupo de felices y animados estudiantes primerizos. No había forma de que detuviera la propagación de maldad.
Me senté allí a mirarlo por un rato, pero lo único que conseguí fue que mi estómago comenzara a rugir. Me levanté y volví a pedalear.



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