LA VIDA ACARAMELADA (parte 6)
- 25 mar 2020
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En ese momento noté cuatro cosas.
Primero: sentía los suaves bultos de su pecho. Intenté lidiar con esa situación calmadamente, pero fue muy difícil. Desprecié la capacidad que tienen las curvas femeninas para dominar completamente a los hombres. Por muchos años me pregunté la razón por la cual aquellas curvas, cuya única característica es ser suaves, poseen tanto poder sobre nosotros. Aunque no se debía únicamente a los pechos de Hanuki tengo que admitir que fui excitado por la situación, pero no tenía la menor intención de dejar que unos meros bultos de carne arruinaran el corazón puro que pasé tantos años protegiendo. Hacerlo hubiera sido imperdonable.
Segundo: cuando me alejé de la lengua juguetona de Hanuki noté un tablero en la pared. Estaba lleno de fotografías, algunas de las cuales fueron tomadas en el extranjero. Entre ellas había algunas de Italia, una con el Coliseo al fondo. En medio de aquella absurda situación volvieron a mi mente las palabras de la adivina. ¿Acaso la ocasión que estaba buscando estaba frente a mí?
Tercero: habiendo decidido que había esperado suficiente, Jhonny intentaba imponer su dominio. —Maldita sea ¿todavía no es mi turno? —Alzó su cabeza. Traté de contenerlo, pero el insistió bastante persuasivo—: ¿Acaso esta no es la ocasión que buscabas? Estoy cansado de esperar. ¡Es hora de que me dejes trabajar!
Cuarto: a mi izquierda, por la pared que iba hacia la cocina, había un baño. Podría refugiarme allí hasta que pasara la tormenta.
Hanuki continuó abalanzándose sobre mí intentando lamerme la cara.
Mientras mi mente intentaba decidir el curso de acción Johnny seguía retorciéndose de un lado a otro tratando de llamar mi atención. Intentaba usar mis apetitos carnales para apoderarse de mi cuerpo. Aunque mi mente no le había dado permiso Johnny estaba golpeando la puerta de los cuarteles generales intentando imponerse.
—¿Qué estás haciendo? ¡Esta es tu oportunidad! ¡lo estás haciendo todo mal! —esos eran sus gritos de guerra.
Bloqueé estoicamente sus gritos tras las puertas de los cuarteles generales y miré a los soldados frente a mí. —¿Pueden llamar civilizada a una persona que se deja llevar por su lujuria? ¿Dónde estaría mi orgullo si tomase ventaja de una mujer borracha como ella?
En respuesta a mi discurso solemne Johnny levantó sus puños hacia el cielo y comenzó a golpear las puertas de hierro de los cuarteles generales y comenzó a gritar como loco—: ¡solo déjame hacerlo! ¿¡no te das cuenta de lo importante que es esto!? ¡Déjame trabajar!
—¿Qué tipo de significados hay tras esos actos? Preservar mi orgullo es mucho más importante —le contesté, a lo que Johnny cambió su tono a uno suplicante.
—¿Cuál es el punto en mantener tu orgullo? ¿Quién te va a elogiar por mantenerlo intacto? Serías capaz de abrir las puertas a un nuevo mundo si haces esto. ¿No quieres ver lo que hay al otro lado?
—Quiero, pero este no es el momento adecuado.
—¿Cómo puedes seguir diciendo eso? ¿No puedes ver que esta es tu ocasión? ¡Incluso viste el Coliseo! Justo como esa vieja te dijo.
—Solo yo decido si aprovechar o no esa ocasión. Tú no tienes poder de decisión.
—Aaaahhhggg. Creo que comenzaré a llorar.
Me decidí. Hui de Hanuki, que todavía trataba de dominarme, arrastrándome por la pared como ruta de escape. Ella me persiguió y cruzamos la habitación hacia la cocina como una pareja de animales salvajes.
—¡Una cucaracha! —grité, causando que Hanuki se sorprendiera y volviera la vista. Tomé ventaja de su momento de distracción para levantarme y correr al baño, donde cerré la puerta y aseguré mi guarida. Aunque lo hice para proteger mi honor, estoy seguro de que no se sintió así.
Johnny rugió frustrado.
***
—¿Qué te pasa? ¿Estas enfermo? —preguntó a la ligera del otro lado de la puerta.
—Estoy bien, solo un poco… —respondía mientras aguzaba el oído. Luego la escuché volver a la sala.
Me senté tras la barricada y pensé en las tres mujeres que se movían a mi alrededor. Una era la desconocida destinataria de mis cartas, otra era una muñeca silenciosa y la otra era esa mujer completamente borracha que intentaba lamerme la cara.
Nunca había pasado por una situación así en mis otros dos años de universidad. Oh, vaya vida acaramelada. Quizá los vientos comenzaron a cambiar desde que Ozu llevó a Kaori a mi habitación y desde ese momento mi calendario se llenaría de un montón de citas y agotaría mi garganta hasta sangrar a causa de los continuos susurros de coqueteo. Solamente pensar en ello era algo agotador. Comencé a perder la calma y la tarea me empezó a parecer una expedición al monte Hiei.
Si no planeaba volverme un maestro de las artes sexuales debía limitarme a una sola persona.
Entre las tres mujeres una de ellas era una doncella silenciosa por lo que quedaba fuera de cuestión sin importar por donde lo viera. A otra, de acuerdo con mi filosofía, nunca la vería. Lo que dejaba, finalmente solo a Hanuki.
Justo como predijo la adivina había visto una foto del coliseo. Ceder el control a la parte baja de mi cuerpo como tanto insistía Johnny era algo falto de sentido. En su lugar decidí esperar ahí, de acuerdo con mis normas caballerescas, hasta que Hanuki volviera a sus sentidos, para comenzar las negociaciones sobre nuestra unión.
Incluso si estaba borracha, nunca trataría de lamerle la cara a alguien por el que no sentía nada. Yo era alguien excéntrico, por lo que no era extraño que ella mostrara tanto interés en mí. En ese momento, en ese lugar, podía comenzar de nuevo, aprovechar esa ocasión y comenzar un camino brillante hacia el futuro. Tenía fe en mi potencial, solo que estaba esperando, oculto bajo la superficie.
Me calmé y, luego de que Johnny también se calmara, salí del baño. Hanuki estaba boca abajo en medio de la habitación, roncando como un fuelle. Decidí esperar a que despertada y me senté a su lado.
***
Debido al alcohol, a pesar de todos mis esfuerzos, me dormí. Pensé que estaba recostado contra la pared, pero sin darme cuenta cuándo, me vi posado sobre el suelo. Algo alarmante.
Cuando finalmente desperté, restregándome el sueño de los ojos, vi en frente de mí un demonio sentado ceremoniosamente.
Resistiendo mi instinto por saltar y esconderme lo miré detenidamente y me di cuenta de que era Ozu. Qué extraño, estaba seguro de que estaba en el apartamento de Hanuki y aun así ahí estaba él frente a mí. Quizá había sido Ozu quien se había disfrazado de la dentista Hanuki todo este tiempo; eso implicaría que había sido lamido por Ozu y que había pensado negociar una unión con él.
—¿Por qué carajos estás acá?
Ozu despejó un humo imaginario frente a él.
—Me llamaron para que viniera justo cuando las cosas se estaban poniendo buenas con las primerizas. Parece que me necesitaban con urgencia, incluso me tocó tomar un taxi.
No tenía idea de lo que estaba diciendo.
—Hanuki es una gran amiga de mi maestro, pero tiene una debilidad. Cuando se emborracha tiende a perder el sentido.
—¿Qué?
—Parece que te lamió.
—Bueno… sí.
—Normalmente se comporta, pero parece que hoy se pasó bebiendo contigo. Le gustaría que hicieras como si no hubiera pasado nada hoy.
—¿Hah?
Estaba pasmado.
—Ella quiere que me disculpe en su lugar, aunque es un poco tarde para eso.
Desde el baño se oían rugidos muy fuertes, era como si el baño mismo fuera quien protestaba. Parece que Hanuki se había encerrado y estaba pagando con creces haberse excedido con el alcohol.
—¿Por qué viniste?
—Estoy aquí para explicarte la situación en su lugar. Simplemente no puedo ignorar a los amigos del maestro cuando me necesitan.
Había pensado en las acciones de Hanuki como un punto clave en mi vida, aunque en retrospectiva eso suena bastante estúpido. Era algo bueno que hubiera mantenido el control, pero todavía me molestaba que fuera Ozu quien me hubiera lanzado ese baldado de agua fría llamada realidad.
—¿No intentaste nada raro? —me preguntó.
—Nada. Simplemente… me lamieron la cara.
—Bueno, no esperaba mucho de ti. Probablemente corriste al baño y te escondiste ahí cuando se te echó encima.
—Claro que no. Me aseguré de que estuviera bien, justo como un caballero.
—Seguro.
—Maldición, esto es irritante.
—No la juzgues. Ella está recibiendo su castigo en el baño.
—Me refiero a ti. ¡Eres una molestia!
—Por favor, no me involucres en esto.
—Siempre estás ahí cuando me meto en problemas. Eres un maldito ángel de la muerte.
—Siempre lleno de improperios. ¿Por qué piensas que vine todo el camino hasta aquí si estaba en una fiesta rodeado de primerizas? Es porque quería confortarte como un buen amigo.
—No necesito tu lástima. Eres la principal razón de mis problemas.
—Es increíble que me digas eso con una actitud tan orgullosa.
—Si no te hubiera conocido mi vida hubiera sido mucho más significativa. Me habría aplicado a los estudios, habría salido con doncellas de cabello negro y habría disfrutado una vida maravillosa sin una sola nube posada sobre mi cabeza. Al menos eso es seguro.
—Sigues borracho, ¿verdad?
—Es solo que ha sido hasta hoy que me he dado cuenta lo mucho que he desperdiciado mi vida de estudiante.
—No es por confortarte ni nada por el estilo, pero creo que sin importar cómo hubieras encaminado tu vida, igualmente hubieras sido contaminado por mí eventualmente. A fin de cuentas estoy poniendo todo mi esfuerzo por hacerte una persona inútil. No hay nada que puedas hacer en contra del destino —Me apuntó con el dedo dramáticamente—, tú y yo estamos ligados por el hilo negro del destino.
Me estremecí cuando una imagen de los dos, hundiéndonos en el fondo del océano atados por una soga negra, me llegó a la mente.
—En fin, has estado saliendo con alguien por dos años, ¿verdad?
—Fu-fu —dijo sonriendo.
—¿De qué te ríes?
—Secreto.
—Nunca te lo perdonaré, divertirte tanto sin mí.
—Cálmate, mi felicidad es algo irrelevante en estos momentos. Acepta este regalo y pretende que nunca pasó lo de hoy —Y señalo una caja.
—¿Qué es eso?
—Una disculpa de Hanuki, una Castella. Por favor acéptala como un ofrecimiento humilde —dijo sonriendo como un empleado que pensaba hacerse con el negocio donde trabajaba algún día.
***
El cielo comenzaba a iluminarse mientras caminaba por la ciudad.
Como las fiestas habían terminado, las calles estaban vacías y la helada brisa del amanecer penetraba en mis huesos. Me detuve en medio del puente Mikage abrazándome para calentarme y miré la naturaleza a orillas del río Takano. Se sentía refrescante ver aquella agradable escena en la mañana. Volví a Shimogamo Yuusuisou con un corazón pesado. Todo se sentía un poco más melancólico, las luces fluorescentes del vestíbulo, el estante de zapados, los pasillos llenos de polvo.
Me tambalee por los fríos pasillos y colapsé en mi futón todavía destendido cuando llegue a mi habitación. Bajo el calor de mi futón, recordé los eventos de la noche anterior. Lo más molesto es que Ozu hubiera aparecido de la forma en que lo hizo, disipando por completo mis planes de hacer un futuro con Hanuki, pero supongo que aquello solo significaba volver al punto cero en el juego del amor, aquel era mi sitio común. Debo pensar en la Castella que recibí como un buen presagio. Tenía que ser paciente.
Pero no lo podía entender.
No podía llenar el hueco en mi corazón.
Le eché una ojeada a mi compañera de habitación. Kaori, como siempre, estaba recostada sobre el estante de libros mientras leía serenamente su libro. Me levanté y acaricié su cabello. De repente sentí un fuerte impulso por abrazar aquella doncella cautiva de cabello negro.
—… soy imbécil.
Sacudí mi cabeza y volví al futón.
Era vergonzoso que experimentara aquellos salvajes espejismos sobre mi estado de vida. Quizá, si hubiera actuado acorde con las predicciones de la adivina y dejado que mi Johnny tomara el control, culminando en una infame unión con Hanuki, aquella nueva vida probablemente se hubiera abierto para mí. No, Sabía que eso era tonto. Las relaciones entre hombre y mujeres deberían darse de formas mucho más solemnes, no nacer de un impulso y atarse con un cordón para zapatos.
Había pensado que todo había comenzado a cambiar desde que Ozu había llevado a Kaori a mi habitación, pero, de las tres chicas que giraban a mi alrededor, Hanuki había salido inesperadamente de la ecuación, esa fantasía no había durado ni medio día. Las únicas que quedaban eran mi amiga por correspondencia, a quién nunca conocería, y la mujer sin vida que vivía conmigo.
En otras palabas, no quedaba nadie.
Debía hacerle frente a esa fría realidad. Siempre que estuviera vivo habría posibilidades.
Mientras yacía en mi futón y miraba a Kaori Johnny dio una sacudida inesperada, pero logré dormir y evitar más problemas.



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