top of page

LA VIDA ACARAMELADA (parte 7)

  • 25 mar 2020
  • 9 Min. de lectura

Me levanté al anochecer y caminé a un café en Demachi para cenar.

Cuando pasé por el Kamo delta, vi que el sol iluminaba las de montañas, donde pronto encenderían los fuegos Daimonji. Me quedé ahí imaginando cómo sería ver los fuegos con la señorita Higuchi Keiko, pero sabiendo que solo aumentaría mi hambre al estar ahí mientras la brisa de la tarde pasaba por mi lado decidí dejar de soñar despierto.

Cuando volví a Shimogamo Yuusuisou me senté en mi escritorio y me concentré en responderle a Higuchi buscando encontrar un lugar donde refugiarme de los pensamientos que me perturbaban.

Querida señorita Higuchi.

Como si hubiera llegado el verano, estos días de calor continúan sin fin. El aire no circula mucho en mi residencia, por lo que se vuelve insufriblemente sofocante. Algunas veces siento ganas de tender una hamaca en el pasillo, pero no puedo forzarme a hacer algo tan descabellado. Es bastante molesta no ser capaz de estudiar en el dormitorio. Creo que pronto me veré forzado a pasar mucho tiempo en la biblioteca, el ambiente es fresco y calmado ahí, espero que pueda pasar el tiempo de una manera productiva en ese lugar.

Estoy feliz de que estés disfrutando veinte mil leguas de viaje submarino. Cuando lo leí tenía un mapa del mundo en el que iba marcando los lugares por los que pasaba el Nautilus. Hacer eso me hacía sentir como si yo también estuviera en medio de un viaje marítimo por el mundo; recomiendo que lo hagas. Todavía no he leído la isla del tesoro de Stevenson, la buscaré en la librería. Las viejas novelas de aventura tienen el poder de ponerte en el filo de la silla a la vez que te hacen sentir completamente a gusto, es algo bastante excitante; aunque son aventuras no son sangrientas, algo que aprecio.

No estoy seguro cómo son los bares irlandeses, pero espero conocer uno algún día. Como paso la mayor parte de mi tiempo en la universidad y en mi residencia no he tenido muchas oportunidades para pasear por la ciudad.

He estado muy ocupado con mis clases y experimentos desde que comenzó el semestre de primavera y, aunque mirado desde fuera mi horario parezca muy exigente, cada día es bastante satisfactorio. El mundo de la ciencia es un lugar maravilloso. Ha pasado mucho desde los escritos fantásticos que hizo Julio Verne en el siglo diecinueve y es lamentable que la mayoría de las personas se queden al pie de la montaña y no puedan admirar los progresos que tenemos por delante. Sin embargo, es gracias a sus esfuerzos que podemos disfrutar como ahora, lo que es todo un lujo.

Como mencionaste, estoy aprovechando al máximo las oportunidades que se me presentan para mejorar como persona. Evidentemente la salud es muy importante y estoy tratando de hacer ejercicio siempre que tengo algo de tiempo libre, también estoy poniendo más atención a mi dieta.

Sin embargo, no me alimento de hamburguesas de pescado todos los días. Espero que no me hayas malinterpretado, soy el tipo de persona que no le pone problema a la comida, incluso si es comer baldados de yogur de aloe.

Asumo que también estás bastante ocupada, pero por favor acepta mis mejores deseos.

Siempre tuyo.

***

Asentí satisfecho con la cara y bajé mi bolígrafo.

Había algunos retoques por aquí y por allí, pero en su conjunto era una pieza agradable. Incluso cuando las palabras que me salían eran poco sinceras, comencé a pensar en mi como me había descrito. Escribir cartas es la marca de un estudiante modelo, pero cuando terminé, me comencé a sentir como si hubiera sido un sueño. Era doloroso descubrir cuánto me había desviado de mi ideal, cuán desvergonzado me había vuelto para escribir cosas como “mejorar como persona”. Aunque tenía los ánimos estaba completamente rodeado por oscuridad, ¿cómo es que iba a mejorar exactamente? No pude espantar el sentimiento de que solo estaba amontonando barro para restregarlo por mi persona, ya completamente sucia.

Guardé mi carta en un sobre vacío y releí la que me había enviado la señorita Higuchi.

Mencionó que disfrutaba la época de lluvias, que le gustaba ver las hortensias desde su ventana. Sentía lástima por el cautivo arponero del libro y me recomendaba cuidar de mi cuerpo.

Me pregunté qué tipo de persona era ella.

Aunque había escrito la carta para distraerme, era irónico que me doliera aún más el corazón. Presioné la carta contra mi pecho y suspiré. Incluso para mí eso era una acción despreciable y al darme cuenta volví a mis sentidos.

Sin pensarlo, comencé a acariciar el osito que había encontrado en la lavandería, su pelaje me ayudó a calmarme. Entre más lo miraba más bonito me parecía, por lo que decidí darle un nombre. Después de cinco minutos pensando, lo decidí nombrar según su incomparable suavidad y lo llamé Mochiguma.

***

Esa noche, mientras me preguntaba si tenía el coraje para hacerle algo a Kaori y me susurraba cosas indescriptibles, Ozu llegó de visita.

—¿Cuándo vas a sacar esta cosa de mi habitación?

—Pronto, pronto —dijo sonriendo—. Aunque secretamente disfrutas vivir con ella, ¿no? Incluso la tienes leyendo un libro.

—Cállate. Cállate en este momento y no te atrevas a volver a abrir la boca.

—Me niego. Moriría si no pudiera hablar.

—Eso sería agradable.

—Por el contrario, viviré siempre que pueda desperdiciar mi aliento, incluso si me matas.

Se puso a hablar un montón sobre un cepillo mágico, cuyas fibras eran increíblemente tenaces, tanto que usaban la fuerza de Van der Waals para atrapar las partículas de suciedad y así librarse de toda la mugre sin poner una gota de esfuerzo; parece que el maestro le había pedido que encontrara aquel artefacto fantástico llamado cepillo Kamenoko.

—¡No hay forma de que exista algo así!

—No, te aseguro que existe. No es extraño que no lo conozcas, al parecer nunca tuvo un gran éxito de ventas debido a la presión que ejercieron diversas compañías que temían ese sorprendente poder de limpieza. De Cualquier manera, si no lo encuentro…

—Veo que tu mente también se ha estropeado.

—Es complicado que el maestro siempre esté pidiendo cosas. Es fácil conseguir crepes de pimientos japoneses o los mochis de arroz de Demachi, pero incluso pide cosas como globos antiguos, pancartas de librerías, caballos de mar y pulpos gigantes. Y si le llevamos algo que no le agrade nos amenaza con excomulgarnos. No hay reposo para el cansado.

A pesar de decir todo eso, Ozu parecía extrañamente animado.

—Oh sí, cuando el maestro pidió un caballo de mar conseguí una pecera de la basura y la subí a su cuarto, pero cuando tratamos de llenarla el agua comenzó a filtrarse por todos lados y la habitación del maestro se inundó completamente.

—Espera, ¿cuál es la habitación de tu maestro?

—Al que queda encima de esta.

En ese instante enfurecí. Hace un tiempo mi habitación comenzó a gotear mientras yo no estaba y cuando volví todos mis libros estaban arruinados. No solo eso, mi computadora se estropeó y perdí todos mis archivos. Ese percance agilizó mi separación de la ruta estudiosa. Estaba dispuesto a realizar una protesta iracunda, pero decidí que era demasiado molesto involucrarme con ese residente desconocido y dejé las cosas sin resolver.

—Así que fue tu culpa.

—Estoy seguro de que no fue muy relevante la destrucción de tu colección pornográfica —dijo audazmente.

—Vete, estoy ocupado.

—Me voy. De todas formas, hoy tengo una sopa a ciegas en la habitación del maestro —dijo mostrándome una bolsa llena de ingredientes.

Cuando se giró para irse sus ojos se posaron en el osito que tenía a lado del televisor. Lo agarró y se dio cuenta de su suavidad.

—¿Por qué tienes algo tan adorable en tu habitación?

—Lo encontré.

—¿Me lo puedo quedar?

—¿Para qué?

—Quiero ver qué pasa si lo pongo en la olla.

—¿Eres estúpido? No te puedes comer eso.

—Quizá alguien lo confunda con un pastel de arroz e intente comerlo.

—Lo dudo.

—Si no me lo das puede que algún día se me vuelva a derramar agua en la habitación de arriba y se arruine tu biblioteca pornográfica.

—¡Está bien, cógelo! —le grité. Era desgarrador ser apartado de uno de mis pocos consuelos, pero quería que Ozu se fuera de mi habitación sobre todas las cosas.

—Jejejeje. Gracias. No te pongas a hacer cosas raras con Kaori.

—¡Cállate y vete!

Cuando se fue me sentí inesperadamente cansado. Rogué al dios del santuario Shimogamo que Ozu se atragantara con ese osito y se muriera.

***

Pasé el día siguiente metido de lleno en mis clases y el laboratorio y por la noche cené espagueti Pollock en “Café Collection”. Después fui a la calle Imadegawa y miré el monte Yoshida, cuyos arboles eran iluminados por el sol.

Ahh.

Troté bajando por el camino que va a Ginkaku-ji.

No estaba seguro qué me había pasado.

La compañía de Kaori en mi habitación y los acercamientos de Hanuki me habían ayudado a salir de mi caparazón. En otras palabras, me había vuelto susceptible a esa enfermedad llamada amor.

Puse a Kaori y a la señorita Higuchi en una balanza ignorando el hecho de que eso no era algo que pudiera ser considerado tan trivialmente. Aunque las dos parecían vivas había una gran diferencia entre una humana y una muñeca, además, aunque fuera solo a través de cartas, me conocía con la señorita Higuchi desde hacía medio año; y Kaori estaba contaminada por los crímenes de Ozu. La balanza se decantó fuertemente hacia la señorita Higuchi, quizá es más adecuado decir que esas fibras en mi corazón, normalmente tan plácido como el océano pacífico, habían comenzado a sacudirse.

En conclusión, terminé llevando mis pies en dirección a la residencia de la señorita Higuchi, a quién me había prohibido conocer en primer lugar. No sé qué me pasó, pero si no hubiera decidido ir a su casa y perforar el velo de misterio, nunca lo hubiera podido superar. Es difícil decidir cual decisión hubiera sido la correcta.

Como empujado por mi anhelo por compañía humana, llegué a la calle Shirakawa. La intersección entre las calles Shirakawa e Imadegawa estaba llena de autos. El frio viento corría fuertemente haciéndome sentir aún más solitario. Parecía que el camino filosófico continuaba al otro lado de la calle, donde el sol iluminaba por entre las ramas y hojas de los florecientes árboles de cerezo.

Solo voy a mirar en qué tipo de lugar vive. No voy a ir a verla, me dije sin mucha convicción.

Y así me encaminé hacia la casa de la desconocida y nunca vista señorita Higuchi, el Jardín Blanco Joudo-ji.

***

Bajando por la calle Shirakawa divisé la parada del bus Joudo-ji y desde ahí comencé a caminar hacia el centro.

Por las cartas sabía su dirección, pero nunca había buscado la ubicación exacta con un mapa y tenía que confiar en mi intuición para encontrarla. Sin ningún objetivo en mente, caminé por las calles mientras oscurecía. En el fondo, me preguntaba si era mejor que no la encontrara y evitaba pedir indicaciones. Mientras caminaba por el silencioso vecindario me consolé pensando en el pacífico día a día de la existencia de la señorita Higuchi.

Después de media hora de deambular sin sentido comencé a reflexionar sobre mi comportamiento vulgar. Quizá era mejor no encontrar su dirección. El sol casi se había ocultado, por lo que hubiera sido mejor volver a mi residencia, pero en ese momento repentinamente vi una señal que ponía “Jardin Blanco Joudo-ji”.

El edificio estaba perfectamente escondido, se trataba de un edificio de apartamentos tan bello que parecía hecho de caramelo. La diferencia entre ese lugar y Shimogamo Yuusuisou era como del cielo a la tierra.

Pero ahora que había descubierto donde vivía no sabía qué hacer. Miré casualmente al buzón, pero no había ningún nombre ahí. La puerta principal estaba cerrada, por lo que no pude entrar, pero pude ver el corredor del primer piso, donde ella vivía, a través de la reja. Su apartamento era el 102, por lo que asumí que sería la segunda puerta de izquierda a derecha; al mirar la puerta cerrada de su apartamento me sentí cometiendo un crimen horrible y consideré irme antes de que me viera, pero como todavía no le había visto la cara mi mente estaba totalmente confundida.

Mientras me mecía entre la soledad y el autodesprecio se abrió la puerta 102. Estuve a punto de esconderme, pero no pude resistir la oportunidad que se me presentaba ante los ojos y posé mis ojos en la señorita Higuchi.

La señorita Higuchi que vi tenía una cara misteriosa. Demacrada como si no estuviera alimentándose correctamente. Recordaba la cada de alguien que vive en el lado oscuro de la luna. Una sonrisa demoniaca que parecía anhelar por la desdicha ajena apareció en su cara. Su cara y la de Ozu eran idénticas, de hecho, la única forma para explicar eso es que se trataran de la misma persona.

En ese caso, la expresión “la desgracia raramente viene sola” hubiera sido apropiada.

No había error.

Era Ozu.

Sin siquiera mirar en mi dirección, él caminó hacia la puerta principal, se dirigió al estacionamiento de bicicletas y montándose en su “escorpión negro” salió hacia la calle Shirakawa con una sonrisa pintada en los labios.

Yo me quedé ahí, escondido tras el muro, temblando como un bloque de gelatina.

El complejo de apartamentos definitivamente era el Jardín Blando Joudo-ji, tampoco me había equivocado de número de apartamento. Era casi inconcebible que Ozu y ella fueran conocidos, pero ¿eran tan cercanos para que el la fuera a visitar? No, no era tan estúpido como para creer algo así. Que mi amiga por correspondencia fuera una amiga cercana de Ozu era algo tan ridículo que ni siquiera un dios se atrevería a maquinar.

Entonces, ¿qué otra razón podía haber?

De repente recordé que Ozu nunca me había dicho donde vivía. Allí estaba yo en Joudo-ji, y dos noches antes Hanuki me había dicho algo en un bar en Kiyamachi.

—… en Joudo-ji, en un edificio de apartamentos que parece hecho de dulces bajando un poco por la calle Shirakawa.

Si Hanuki no me había mentido, entonces era seguro concluir que el apartamento 102 del jardín blanco Joudo-ji era la residencia de Ozu y me di cuenta de que la señorita Higuchi vivía en el mismo lugar. Me tomó un montón de esfuerzo poder asimilar esa inevitable conclusión. Rogué por un terrón de azúcar que me ayudara a soportar aquel dolor insoportable.

La señorita Higuchi Keiko no existía.

Me había estado mandando cartas con Ozu por más de medio año.

Comentarios


Gracias por consultar el sitio

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

bottom of page