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LA VIDA ACARAMELADA (parte 9)

  • 25 mar 2020
  • 9 Min. de lectura

La tormenta de polillas apareció en el noticiero de Kioto al día siguiente, pero nadie entendía de donde habían salido. Al rastrear su ruta, parecía que habían salido del bosque Tadasu, ósea, del santuario Shimogamo, pero todavía no se podía asegurar nada. No había explicación para que todas las polillas del bosque decidieran migrar simultáneamente. También circulaba el rumor de que las polillas habían llegado desde el pueblo vecino, Izumigawa, pero ese rumor tampoco tenía sentido.

Parece que la tormenta de polillas se había reunido en una esquina de mi residencia esa noche. Cuando llegué el pasillo estaba lleno de polillas muertas, y como había olvidado cerrar la puerta de mi habitación, ahí también había otro montón.

Junté y enterré los cadáveres con el máximo respeto.

***

Con un montón de polillas pasando por mi cara, algunas de ellas entrando en mi boca, galantemente protegí a Akashi de la peor parte. Yo soy originario de la ciudad y nunca había coexistido con insectos, pero estos dos años en la residencia me habían permitido acostumbrarme a todo tipo de artrópodos.

Aun así, la cantidad abrumadora de polillas de esa noche sobrepasaba los límites del sentido común. El zumbido estremecedor del aleteo nos abstrajo del resto del mundo. Parecía más una banda de diablillos alados que un enjambre de polillas. Era casi imposible ver, solo pude percibir el brillante cabello negro de Akashi en medio de las polillas que se movían iluminadas por las luces anaranjadas de los postes.

Luego de un tiempo la tormenta terminó de pasar, dejando solo algunas rezagadas volando por aquí y por allá. Akashi se levantó con la cara pálida, se sacudía todo el cuerpo frenéticamente mientras preguntaba repetidamente—: ¿Ya se fueron? ¿Ya se fueron? —Luego echó a correr hacia el extremo oriental del puente para alejarse de las polillas que quedaban en el lugar. Cuando por fin se detuvo se desplomó en el suelo iluminado por la luz que se proyectaba del café al otro lado de la calle.

La alfombra de polillas todavía se dirigía hacia Shijou cuando me di cuenta de que Jougasaki seguía ahí de pie como si no se hubiera dado cuenta de las polillas atoradas en su cabello.

Miré alrededor bajo las suaves luces naranjas de las linternas a los costados del puente, pero no pude ver a Ozu por ningún lado, era como si hubiera hecho un gran escape sobre las alas de aquellas polillas.

—Ese imbécil realmente se cayó —musitó Jougasaki, asomándose por la baranda.

***

Jougasaki y yo bajamos el terraplén del costado occidental del río y nos encontramos de frente con las fuertes aguas del río Kamo. El río había crecido y cubría las plantas que crecían a sus orillas.

Nos metimos al agua y nos aproximamos a la parte debajo del puente pues parecía haber algo escondido entre los pilares del puente. Ozu se aferraba a uno de ellos como un pedazo de basura que se negaba a ser llevado por la corriente. Aunque el río no era muy profundo sí iba muy rápido y Jougasaki casi perdió el equilibrio. Logramos llegar hasta él con algo de dificultad.

—¡Imbécil! —le grité empapado por el agua, pero él simplemente rio a través de las lágrimas diciendo—: Por favor perdónenme, consideren el estado en el que me encuentro.

—Como sea, quédate quieto —le dijo Jougasaki.

—De acuerdo. Me duele mucho la pierna —dijo sumisamente.

Con la ayuda de Jougasaki levantamos a Ozu que se quejaba diciendo—: Auh, auh, ¡más cuidado! —hasta que eventualmente lo logramos llevar a la orilla como si fuera un tronco. Aunque Akashi había sufrido un susto muy fuerte a causa de las polillas, había sido lo suficiente atenta como para llamar una ambulancia y acercarse a la orilla del río. Ella se sujetaba las mejillas sentada en un banco. Temblábamos de frío mientras intentábamos secar nuestra ropa.

—Me duele, me duele. Ayúdenme —se quejaba.

—Cállate. No sé para qué te tenías que montar en la baranda —le recriminé—. Pronto vendrá la ambulancia, aguántate un poco más.

Al poco rato el maestro de Ozu bajó la pendiente y se nos acercó; era obvio que no se había esforzado por llegar allí rápido.

—Me estaba preguntando a dónde habían ido todos.

—Ozu se hirió, Higuchi. Parece que se rompió algo —dijo Jougasaki.

—Qué tipo tan miserable.

—Pero maestro, hice todo esto por ti —lloró Ozu lastimosamente.

—Ozu, has estado a la altura de mis expectativas —le dijo el maestro.

—Maestro… ¡Muchas gracias!

—Pero ¿sí sabias que cuando te dije que te rompieras una pierna no me refería a que lo hicieras literalmente? Vaya tonto incorregible.

Ozu se sentó sollozando.

La ambulancia llegó luego de unos cinco minutos y el maestro fue a hablar con los paramédicos para que atendieran a Ozu; lo cubrieron con una cobija y lo subieron a una camilla. Yo hubiera celebrado que lo tiraran al río en ese momento, pero ellos, como profesionales, no distinguían entre pacientes. Llevaron la camilla hasta la ambulancia sin importarles las maldades de Ozu.

—Yo acompañaré a Ozu —dijo el maestro subiéndose a la ambulancia.

Como si se hubiera olvidado por completo de Ozu, Jougasaki dijo algo sobre conseguir un auto para recoger a Kaori y se fue de la orilla del río.

Solo quedábamos los dos, yo con mi ropa empapada y Akashi tapándose la cabeza con las manos.

—¿Te encuentras bien? —le pregunté a Akashi.

—No soporto las polillas —dijo con un suspiro.

—¿Quieres tomar un café para calmarte un poco?

No me estaba aprovechando del momento de debilidad de una chica para alcanzar fines indecentes. Simplemente estaba preocupado por ella, todavía estaba muy pálida.

Mientras bebimos juntos las latas de café que compré en la máquina expendedora del lugar, su cara iba recuperando gradualmente un color normal. Comencé a hablar de mis problemas con Ozu y eventualmente le conté los eventos de los últimos días, pero cuando hablé de lo enojado que estaba con Ozu por inventarse a la señorita Higuchi y jugar con mis sentimientos como lo había hecho ella inesperadamente se disculpó.

—Me disculpo, yo también tuve algo que ver en eso. Ozu me pidió que fuera su escritora fantasma.

—¿Qué?

—Como sugeriste, leí veinte mil leguas de viaje submarino.

Apareció una sonrisa refrescante en su rostro.

—Tus caras fueron muy buenas. Aunque había muchas mentiras estaban muy bien escritas.

—¿Te diste cuenta?

—Sí, pero como yo también estaba mintiendo supongo que estamos a mano —dijo, y agregó de repente, con una sonrisa dibujada en su cara todavía pálida—: Nos conocimos en la feria de libros usados del santuario Shimogamo, ¿no te acuerdas?

***

El año anterior, en la feria de libros usados del santuario Shimogamo.

Cerca al sendereo del santuario, extendiéndose de sur a norte, están los terrenos donde se monta a caballo, pero en ese entonces estaba repleto de carpas llenas de gente buscando libros. Como quedaba a pocos pasos de la residencia Shimogamo Yuusuisou, fui casi a diario.

Caminaba por el terreno bebiendo mi Ramune bajo los árboles bañados por la luz solar mientras disfrutaba de la refrescante atmosfera del verano y entraba a las diferentes carpas del lugar. Había tantos libros apilados sin importar a donde mirara que me comenzó a dar vueltas la cabeza. Por fortuna había bastantes sillas dispuestas en el lugar para que las personas pudieran reposar y me senté en una de ellas. Era agosto y me estaba sofocando, me tuve que limpiar el sudor de la frente con un pañuelo.

Había una tienda llamada Librería Gabi frente a mí y una chica estaba sentada en el mostrador con el cejo fruncido inmersa en sus pensamientos.

Me levanté y comencé a mirar las estanterías. Ella solo bajó un poco la mirada cuando la volví a mirar e hicimos contacto visual. Decidí comprar Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne y cuando me estaba alejando de la tienda ella me alcanzó corriendo.

—Por favor usa esto —dijo y me ofreció un abanico con la frase “brisa nocturna en la feria de libros de segunda mano” inscrita en su interior. Caminé por el bosque mientras sostenía el libro con una mano y me abanicaba la cara con la otra.

***

Esa noche Jougasaki volvió por Kaori y los dos retomaron su tranquila vida amorosa.

Según Ozu, Jougasaki también era popular con las chicas y tuvo diferentes relaciones estando en su club. No era algo difícil de imaginar teniendo en cuenta sus características bien definidas. Lo que no podía entender era por qué alguien con tantas mujeres entre las que escoger, hubiera optado por entregarse completamente a Kaori. Parecía que había estado viviendo con ella por al menos dos años, estaba bastante comprometido.

—Cuidar una muñeca sexual y vivir con ellas tiene cierto tipo de significado. Que tuviera una novia real es otro asunto. Se trata de una forma de amor muy refinada, algo que una persona vulgar como tú, que solo ve a las muñecas sexuales como instrumentos, jamás podrá entender —me instruyó.

Como alguien que ha vivido con Kaori por cuatro días puedo entender por qué lo hacía Jougasaki, pero es un camino que no estaba hecho para mí. Supongo que al final prefiero una doncella de cabello negro, una viva. Quizá alguien como Akashi.

El maestro de Ozu continuó viviendo en el segundo piso de Shimogamo Yuusuisou y ocasionalmente me lo encontraba, siempre usando su yukata azul oscuro hacía lo que le daba la gana, tan sereno como un pensionado. Akashi lo venía a visitar frecuentemente.

—Es por eso por lo que el maestro es tan grande; siempre hace lo que quiere —es como ella lo elogiaba. El hombre me ofreció volverme su discípulo, algo que consideré por un tiempo.

Lo que me preocupaba era lo que me tocaría hacer exactamente como su discípulo, pero eso nunca me lo explicaron. Lo otro que me hizo desistir es que Ozu se convertiría en mi superior si me volvía el discípulo de ese maestro.

Hace unos días participé de una sopa a en la habitación del maestro y ahí me encontré con Hanuki.

—Vaya que es pequeño el mundo —exclamó.

Incluso después de haber sido involucrado en ese plan de secuestro de Kaori, todavía no sabía mucho sobre el conflicto entre Jougasaki y Higuchi, aunque parecía que haberla secuestrado había ido contra las reglas. Akashi reemplazó a Ozu perfectamente mientras él estaba en el hospital, convirtiendo la bicicleta de Jougasaki en una máquina de cinco ruedas.

***

Luego de que acabara el incidente con Ozu comencé a acercarme a Akashi.

Creo que pueden decir que había un vestigio de bondad a la sombra de Ozu después de todo, aunque, incluso considerando todo el material que me había dado para mis sesiones de conversación en la escuela de inglés, que eran esperados con ansias por mis compañeros de clase, todavía no era suficiente para ganarse mi perdón.

***

Describir cómo se desarrolló la relación entre Akashi y yo sería desviarse del propósito de este escrito, por lo que me contendré de recapitular cada uno de los acontecimientos maravillosos. Estoy seguro de que mis lectores preferirían no desperdiciar su tiempo en cosas tan insignificantes.

No hay nada más aburrido que contar una historia de amor exitosa.

***

Hablando después de experimentar los numerosos eventos que permearon mi vida de campus luego de estos, es irritante tener que reconocer lo ingenuo que fui. No soy alguien que reconozca sus errores fácilmente. Es cierto que me apreciaba mucho, pero ¿qué mujer hubiera querido aferrarse a un joven tan repugnante como mi yo de veinte años? Me enojé tanto por eso que rechacé vehementemente ayudar a mi antiguo yo.

No puedo quitarme el sentimiento de que escoger el club de softbol Honwaka en frente a la torre del reloj ese día había sido un error. ¿Qué si hubiera escogido otro club? Si hubiera escogido el club de cine Misogi, respondido ese llamado por discípulos o incluso entrado a la sociedad secreta mis últimos dos años de vida hubieran sido muy diferentes. Cuando menos es seguro que mi vida no hubiera sido tan mala como lo fue. Quizá esa elusiva vida universitaria color rosa hubiera estado al alcance de mi mano. No puedo negar que mis últimos dos años habían estado repletos de errores y oportunidades desperdiciadas.

Pero, sobre todo, ese infortunado encuentro con Ozu seguramente me perseguirá por el resto de mi vida.

***

Ozu fue internado en un hospital cerca al campus.

Era placentero verlo amarrado a la cama del hospital. Su tez pálida daba la impresión de que había contraído una enfermedad terminal cuando solo se trataba de una fractura. Probablemente sería apropiado decir que fue suertudo al escapar solo con una fractura. Vine a regodearme por su incapacidad para llevar a cabo sus habituales fechorías, pero me quedé comiendo una Castella en silencio sin decirle nada.

—Espero que hayas aprendido tu lección y no te entrometas en los asuntos de otras personas —dije rellenándome la boca de Castella, pero el solo negó con la cabeza.

—Me niego. A fin de cuentas, no hay otra que tenga que hacer.

Que personaje tan incorregible.

Le pregunté porque estaba tan interesado en molestar a una persona tan inocente como yo.

***

Hizo su habitual mueca de youkai.

—¡Así es como demuestro mi amor!

—No necesito una cosa tan repugnante —le respondí.

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