LA VUELTA A LA GALAXIA DE TATAMIS (parte 2)
- 25 mar 2020
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Hay una famosa novela sobre un hombre ordinario que se despierta un día y se da cuenta que se ha transformado en un insecto, pero mi caso no fue tan dramático; pasé cada día navegando en mi habitación, cada día era igual al anterior, incluso podrían decir que desde el comienzo siempre fui un bicho.
El reloj marcaba las seis, pero era imposible saber si era de mañana o de noche. Medité sobre ello echado en mi futón, pero no tenía idea de cuando había dormido.
Me sacudí como un insecto durante un tiempo hasta que finalmente me levanté.
Todo estaba en silencio.
Hice café y comí un poco de Castella. Luego de terminar mi desayuno primitivo sentí una gran presión en mi vejiga y decidí salir a los baños compartidos cerca a la entrada de la residencia.
Cuando abrí la puerta de mi habitación di un paso sobre una estera de tatami.
Qué extraño.
Miré sobre mi hombro. Mi caótica habitación de cuatro tatamis y medio estaba justo detrás de mí, pero frente a mi puerta, delante de mí, se veía la misma habitación caótica. Era como si estuviera mirando en un espejo.
Pasé la puerta hacia el espacio que yacía tras ella. No había duda, era mi habitación; el sentimiento del tatami cuando me senté, los libros del estante, el televisor roto, el escritorio que había usado desde que estaba en la escuela primaria, el lavabo cubierto de polvo, todo lucía viejo y familiar.
Retrocedí por la puerta, pero nuevamente encontré el mismo paisaje. Ni los largos años de entrenamiento decidido, ni el constante moldear mi corazón, ni la personalidad imperturbable que había construido por tanto tiempo me habían preparado para algo como eso. Era sorprendente que mi habitación se hubiera clonado de repente.
Ahora que me era imposible salir por la puerta mi única opción era a través de la ventana.
Al subir la cortina que permanecía siempre extendida fui recibido por la luz de una lampara fluorescente que pasaba a través del vidrio. Abrí la ventana y contemplé el paisaje de mi propia habitación. Pasando cuidadosamente por el marco de la ventana, inspeccioné los muebles de esa habitación, solo para llegar a la misma conclusión.
Volví a mi habitación original y encendí un cigarrillo para intentar calmarme.
Estaba a punto de comenzar mi expedición de ochenta días a través de ese universo de cuatro tatamis y medio.
***
La aventura en la que me embarqué tomó lugar a través de una gran cantidad de habitaciones de cuatro tatamis y medio casi idénticas, por lo que me gustaría que mis lectores tengan una imagen clara de cómo luce esa habitación antes de continuar con el relato.
Primero, hacia el norte está la puerta, casi tan endeble como una galleta de bebes. Todavía está repleta de una gran cantidad de pegatinas que dejó el antiguo residente.
Justo pasando la puerta hay un lavabo absolutamente sucio, repleto de botellas de champú, acondicionador y otro montón de basura. Seguramente desanimaría incluso a los cocineros más determinados; yo rechacé vehementemente cualquier posibilidad de cocinar en esa cocina tan triste y asumí la filosofía de que los hombres no debían entrar a la cocina.
La mayoría del costado norte es un armario lleno de ropa monótona, libros que no había leído, papeles que no me podía forzar a botar, un calentador eléctrico y otro poco de artículos varios. Mi biblioteca pornográfica también estaba escondida ahí.
La pared del este es dominada por estanterías, también había una espiradora y una arrocera que no usaba casi nunca.
Al sur hay una ventana y justo debajo el amado escritorio que he estado usando desde que estaba en la escuela primaria. Rara vez abro los cajones y he olvidado por completo lo que hay dentro de ellos.
El rincón que existe entre mi escritorio y las estanterías era tierra de nadie, allí iba a parar la basura que no tenía otro sitio donde ir, me refería a ello como un exilio a Siberia. Algún día necesitaría descubrir lo que existía allí realmente, pero en ese entonces era demasiado espeluznante adentrarme allí; me daba la sensación de que una vez entrara allí mis oportunidades de salir serían extremadamente reducidas.
Al costado occidental había un televisor roto y una pequeña nevera.
Y así, volvemos al norte.
Solo toma unos pocos segundos darle la vuelta a esa habitación, pero en esos momentos se sentía una conmigo mismo.
***
¿Por qué había escogido una habitación de cuatro tatamis y medio en primer lugar?
Sé de alguien que vivía en una habitación de tres tatamis, pero él era incluso más huraño que yo. Como se obstinó a alejarse y separarse del mundo después de aficionarse a leer el ser y el tiempo de Heidegger sus padres tuvieron que venir y llevárselo de la universidad.
Por increíble que parezca, ciertamente existen habitaciones de dos tatamis en Kioto. Cerca de Joudo-ji hay habitaciones compuestas por dos tatamis puestos uno al lado del otro. Si duermes ahí es seguro que terminarás encorvado.
Existe el terrorífico mito urbano de que en cierta ala del hospital general de Kitashirakawa hay habitaciones de un solo tatami, pero los estudiantes que vieron aquellas habitaciones desaparecieron misteriosamente a los pocos días y sus amigos sufrieron destinos trágicos.
Luego están las habitaciones de cuatro tatamis y medio.
En comparación con las de uno, dos o tres tatamis, las habitaciones de cuatro y medio se organizan bellamente. Puedes formar un vigorizante cuadrado al disponer los tatamis encadenados uniendo la parte angosta de uno con un borde de la parte ancha del siguiente y rellenar el hueco central con el otro medio tatami ¿no es eso bello? Es cierto que también puedes hacer un cuadrado con dos tatamis, pero el espacio resultante sería demasiado estrecho; por otro lado, si hicieras un cuadrado más grande, sería tan espacioso como el baño de Takeda Shingen y podrías naufragar en él.
Al entrar a la universidad decidí apoyar las habitaciones de cuatro tatamis y medio.
Existen habitaciones de seis, siete y ocho tatamis, pero ¿puede alguien que vive en ellas realmente ejercer su supremacía sobre todo ese espacio? ¿pueden describir todos los rincones de ese territorio como si fuera la palma de su mano? Un gran poder exige una gran responsabilidad. Nosotros los humanos solo somos capaces de controlar espacios de hasta cuatro tatamis y medio, y aquellos seres avaros que ansían por más se encontrarán algún día con la temida insurrección desde alguno de los rincones de sus habitaciones, eso es lo que profesaba.
***
Mi aventura en la galaxia de tatamis estaba a punto de comenzar, pero no planeaba salir corriendo. Examiné lo que tenía a mi disposición una y otra vez, llegando poco a poco a idear una buena estrategia. Quizá sería apropiado decir que solía sobre analizar las cosas hasta que las oportunidades de hacer algo se desvanecían.
Volví a la habitación original y medité sobre lo que debía hacer.
Una persona realmente admirable jamás perdería la compostura sin importar el tipo de situación en la que se encontrara. Luego de un análisis exhaustivo me hice a la idea de que tenía que usar la botella de cerveza que Ozu había dejado en mi habitación dos semanas atrás. Una vez aligerada mi vejiga recuperé la calma.
Entrar en pánico no me llevaría a ningún lado. Como un estudiante universitario de tercer año, solo de nombre, había pasado la mayor parte de mi tiempo en esa habitación. Considerando mis ideales estético-filosóficos hubiera sido demasiado vulgar desear salir de aquel lugar a causa de esa situación. Siempre y cuando no hubiera nada que me amenazara, no tenía razones para salir, me establecería en ese lugar y construiría cuidadosamente mi vida; se trataba de un cambio para mejor.
Esta decidido. Relajadamente tomé mi copia de veinte mil leguas de viaje submarino y dejé que mi espíritu fuera transportado al distante mundo submarino. Cuando me cansé posé mi mirada hacia mi colección pornográfica, tomé las medidas necesarias y me transporté a otro mundo completamente distinto. Eventualmente también me cansé de ello.
Se me ocurrió encender el televisor, pero nunca había funcionado correctamente. La pantalla daba vueltas como un molino en medio de un huracán por lo que, si no se tiene una visión cinética super humana, era imposible entender lo que aparecía en la pantalla. Lo miré hasta que me arte. Hubiera hecho arreglar el televisor previamente de haber sabido que me iba a ver en esa situación.
Eventualmente las manecillas del reloj dieron un giro completo y mientras cocinaba los restos de una hamburguesa de pescado me di cuenta de que solo me quedaba la Castella. También había algo de rábano, pero decidí obviarlo en ese momento. Antes de dormir volví a inspeccionar solo por curiosidad, pero al otro lado de la puerta y de la ventana yacía la misma habitación de cuatro tatamis y medio; me metí en mi futón y miré al techo. ¿Por qué me había metido en ese universo?
Solo llegó una hipótesis a mi mente: la maldición de la avidina de Kiyamachi.
***
Unos días antes decidí matar algo de tiempo e ir a Kiyamachi, luego de ojear una vieja tienda de libros comencé a vagar sin rumbo. Ahí fue cuando conocí a la adivina.
Entre los bares y burdeles, una pequeña y oscura casa se erguía en las sombras. Bajo el alero, una vieja se sentaba en una silla de madera cubierta por una tela blanca; lucía como una adivina. En el letrero colgante había inscritos unos cuantos kanjis de forma críptica. De la luz anaranjada de la linterna la cara de una bruja flotaba por la oscuridad. La apariencia del conjunto era algo amenazante, como un fantasma que trata de tomar las almas de los transeúntes. Alguna vez me leyeron el futuro, pero después de ello mi fortuna empeoró, la sombra de una mujer me seguía a donde iba. Nada de lo que hice terminó bien; la gente a la que esperaba me dejaba plantado, nunca pude encontrar nada de lo que se me perdía, reprobé mis clases, la tesis que estaba a punto de entregar comenzó a arder de la nada, caí en los canales del río Biwa, fui estafado por un vendedor de aceite de serpiente en la calle Shijou, y muchas otras cosas desagradables me pasaron. Mientras pensaba sobre todo eso la vieja se percató de que la miraba. Desde la espesa oscuridad me dirigió una mirada con unos ojos relucientes que me atraparon en su aura fantasmagórica. Aquello tenía un poder persuasivo, y llegué a la conclusión de que alguien con ese tipo de aura emanando de sí no podría equivocarse en sus predicciones.
En mis casi veinticinco años de vida eran pocas las veces en las que había tomado el consejo de alguien humildemente. Aunque tomé pocos riesgos en mi vida todavía fue posible que eligiera un camino lleno de espinas. Si tan solo hubiera escogido dejar de confiar en mi propio juicio antes, no hubiera sido coaccionado por la sociedad secreta del “restaurante del gato afortunado”, no me hubiera resguardado en mi habitación, no habría conocido a un personaje tan laberíntico como Ozu. En su lugar habría sido dotado de mentores y amigos increíbles, habría sido reconocido como un artista talentoso, por supuesto que tendría una bella doncella de cabello negro a mi lado, tendría de frente un futuro brillante y conseguiría esa tan importante “vida de campus color rosa”. Para alguien como yo, no parecía muy difícil tener ese estilo de vida.
Eso es.
Todavía no era demasiado tarde. Podía escuchar el consejo objetivo de alguien y terminar con esta vida desgraciada.
Moví mis piernas hacia la vieja como atraído por su extraña aura.
—Muchacho ¿Qué es lo que deseas saber?
La vieja masculló como si su boca estuviera llena de algodón dando la impresión de que sus palabras eran aún más valiosas.
—Esa es una buena pregunta, ¿qué debería decir?
Viéndome sin palabras ella se rio.
—Por tu cara puedo decir que estas muy frustrado. No eres capaz de usar tus talentos; tu situación actual no es adecuada para ti.
—Sí, me pasa exactamente eso.
—Muéstrame tus manos.
La vieja agarró mis manos y las examinó gruñendo con aprobación.
—Tienes un gran talento en tu interior.
Me quité el sombrero ante su perspicacia. Justo como un gran maestro que oculta sus habilidades, que pudiera darse cuenta de mi gran talento oculto en menos de cinco minutos demostraba que ella no era una persona ordinaria.
—No debes dejar que se escape tu ocasión. Una ocasión no es más que una oportunidad excelente. ¿Entiendes? Es difícil asir las ocasiones. Algunas veces están ocultas en lugares que no esperarías, y algunas veces algo que pensabas que era una ocasión no era nada en realidad. Pero debes actuar si quieres aprovecharla. Parece que vas a tener una vida larga, así que tarde o temprano serás capaz de tomarla.
En concordancia con su aura, sus palabras eran realmente profundas y misteriosas.
—No quiero esperar demasiado por algo así; quiero tomar la oportunidad ahora. ¿Puedes ser un poco más específica?
Las arrugas de la vieja aumentaron con mi pregunta. Pensé que su mejilla derecha le estaría picando o algo por el estilo, pero luego de un rato ella sonrió.
—Es difícil ser específicos sobre el futuro. Incluso si te lo dijera con exactitud cambiaría rápidamente por el efecto del tiempo mismo. El destino es algo que cambia segundo a segundo.
—Pero todavía no me has dicho nada más que cosas confusas.
Al inclinar mi cabeza en confusión ella resoplo por la nariz.
—De acuerdo, me contendré de hablar de cosas muy lejanas, pero te puedo hablar sobre lo que está pronto a venir.
Ensanché mis orejas como Dumbo.
—Coliseo —susurró de repente.
—¿Coliseo? ¿Qué es eso?
—Es la señal de una ocasión. Cuando la ocasión se presente, será precedida por un coliseo —dijo.
—¿Me estás diciendo que tengo que ir a Roma?
Pero la anciana se limitó a sonreír.
Muchacho, cuando se presente tu oportunidad no la debes dejar escapar, no puedes seguir buscando a tientas como siempre. Aférrate a ella atrevidamente, no como tus acciones hasta ahora. Si lo haces no estarás insatisfecho por más tiempo y te podrás embarcar en un nuevo camino. Aunque puede que ese te lleve a un tipo distinto de insatisfacción. Espero que lo entiendas.
No lo entendí en lo más mínimo, pero igual asentí.
—Incluso si no tomas esta no necesitas preocuparte, eres un joven esplendido y algún día lo conseguirás. Lo puedo ver, no hay por qué apresurarse.
Con eso, la vieja termino sus predicciones.
—Muchas gracias.
Asentí y pagué la tarifa.
Luego, al igual que una oveja perdida, me volteé y seguí vagando por Kiyamachi.
Me gustaría que tomaran en serio lo que predijo la adivina.



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