LA VUELTA A LA GALAXIA DE TATAMIS (parte 6)
- 25 mar 2020
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Esto ocurrió a finales de otoño del año anterior.
Aijima, quien se había convertido inexplicablemente en el jefe de la policía de la biblioteca, interrogaba a todos sobre sus tareas. Había movilizado a la organización con el único propósito de derroca al presidente del club de cine Misogi; el objetivo era el dictador de ese club, alguien llamado Jougasaki.
Había ocurrido un conflicto entre Aijima y ese tipo Jougasaki, pero había algunos que decían que su verdadero objetivo era hacerse con el control del club e impresionar a una de las chicas de ahí. Cualquiera que fuera la razón, Aijima había puesto a Jougasaki en su mira.
El primer paso era, como siempre, reunir información.
Gracias a la red de información que se extendía por el campus, obtuvimos todos los detalles relacionados con la vida de Jougasaki. Entre los informes había una foto de una mujer que circuló durante el consejo de guerra para derrocar a Jougasaki y una voz impasible se alzó.
—Esa es Kaori.
Ese era el sucio y despreciable plan de Aijima. No veía a Kaori como nada más que un peón; si la secuestrábamos, Jougasaki no tendría más opción que ceder ante nuestras demandas.
La operación se desarrolló la noche anterior al festival cultural de la universidad, cuando el campus estaba lleno de jovialidad y Jougasaki había salido de su apartamento para reunirse con los miembros de su club. Muchos miembros de la policía de la biblioteca miraban a la multitud alegre con tristeza preguntándose por qué eran obligados a participar en aquel operativo mientras se movían en medio de la oscuridad en dirección al santuario Yoshida, yo entre ellos, donde nos encontramos con el cerrajero y fuimos al apartamento de Jougasaki.
El plan era que el cerrajero nos diera acceso al apartamento, permitiéndonos entrar y robar a Kaori, sin embargo, nos encontramos con una dificultad antes de entrar al edificio. Entre nosotros hubo alguien que, al darse cuenta de que el operativo era un acto criminal, perdió la compostura y sus ganas de participar. Ese fui yo.
Hice un berrinche y me aferré desesperadamente a un muro de concreto. Los otros miembros también albergaban dudas con respecto al plan, pero al verme en ese estado comenzaron a pensárselo realmente. Mis nobles y rectos argumentos estaban a punto de arruinar el plan de Aijima, pero en ese momento él llegó de repente.
—¡Estúpidos, ¿por qué vacilan?! —gritó, pero nosotros estábamos divididos en dos facciones: la primera quería continuar con el plan de inmediato, la otra estaba preparada para salir corriendo tan rápido como pudiera. Por supuesto que yo era parte de la facción que quería salir corriendo, o como me gusta referirme, que quería hacer una retirada táctica.
Cuando salí corriendo en medio de la noche vociferé—: ¡Que se joda tu estúpido plan! —Los ojos de Aijima se afilaron como los de una serpiente; pensé que me iba a matar.
Me adentré en la ciudad y me escondí entre la multitud maldiciéndome por haber dicho esas palabras.
Al final mi protesta resultó ineficiente y Aijima terminó secuestrando a Kaori.
Más tarde esa noche, en algún rincón bajo subterráneo del campus, Jougasaki fue forzado a aceptar las demandas de Aijima y a los pocos días le cedió el control del club que había fundado y gobernado con puño de hierro.
Aijima fue alabado por todos debido a su éxito.
Yo estaba furioso.
Nunca perdonaría a la policía de la biblioteca.
No es por alabarme, pero yo también tenía algunas cartas bajo la manga. Inmediatamente hui al escondite que Ozu me había preparado donde me pude esconder del alcance de Aijima. Suspire de alivio y frustración mientras temblaba de rabia.
***
Decidí pasar la noche en la habitación K.
Cuando me desperté todavía no sentía ganas de continuar. Medité la situación rascándome las patillas, que para ese entonces ya se habían confundido con mi barba. Mi mirada se posó en la pared sucia tras el televisor mientras tomaba café y tuve una revelación.
Por veinte días había repetido monótonamente el ciclo de entrar y salir por puertas y ventanas, pero ¿no era eso demasiado simple? Si realmente quería escapar, ¿por qué no había roto las paredes? Quizá eso solucionaría mi problema. Había un estudiante de intercambio viviendo al lado mío, pero incluso si fuera a irrumpir en su habitación a través de la pared estoy seguro de que él simplemente se reiría gracias a su mente abierta.
Me volví a llenar de confianza.
Examiné la pared. Mi hombría no era la única razón por la que soportaba el calor y no había instalado un aire acondicionado; las paredes de esa residencia eran como las galletas del festival cultural, tan delgadas y llenas de huecos que podía escuchar a mi vecino y a su novia susurrándose cursilerías a través de la pared justo como si estuviera a su lado. Tan pronto como instalara el aire acondicionado, todo el viento fluiría hacia la habitación 109, luego a la 108, a la 107 y así hasta recorrer todo el piso. Básicamente estaría pagando una factura de aire acondicionado en beneficio de todos los residentes de la primera planta.
En ese momento, todo mi sudor iba a punto de recibir su paga.
Hice algunas flexiones y sentadillas para calentar y luego me arrojé hacia la pared. La partición se abolló fácilmente y apareció una pequeña grieta. Me sentí como si fuera Hercules y felizmente golpeé la pared mientras me cubría una nube de polvo, pero eventualmente me cansé de tanto golpear. Le di una patada a la grieta con todas mis fuerzas y abrí un pequeño agujero de unos quince centímetros de diámetro. Del otro lado llegó la luz fluorescente de una lámpara.
—¡Genial! —grité, y agrandé el hueco un poco más para poder pasar.
Luego me encontré en otra habitación idéntica de cuatro tatamis y medio.
***
Continué rompiendo paredes, intenté y fracasé romper el techo, me animé y desanimé, abrí puertas, lamí salsa de soya, abrí ventanas, dormí por dos días completos, me emborraché y vomité, y volví a romper paredes. Continué mis andanzas por ese infinito mundo de cuatro tatamis y medio.
Lo siguiente son extractos de los siguientes veinte días de mi viaje. Cabe decir que las fechas están basadas únicamente en mi horario de sueño en ese mundo, no hay forma de ofrecer una representación certera de cuánto tiempo pasó realmente, pues yo demarcaba día y noche según me iba a dormir y la hora a la que despertaba.
Día 24
Desperté a las dos. Tomé café y vitaminas para desayunar. Pasé a través de varias paredes, no recuerdo cuantas. Los muros que separan las habitaciones siguen siendo frágiles sin importar cuantos destruya. Aun así, destruir muros se ha convertido en un tipo de entretenimiento, siento que aumentan mis esperanzas al mirar hacia la siguiente habitación cada que rompo un muro. ¿Será un sueño? Quizá este infinito mundo de cuatro tatamis y medio es solo un sueño, ¿estaré soñando? Un sueño. Un sueño. Mi sueño. Una brillante y significativa vida de campus color rosa.
Día 25
Me levanté a las cuatro. Como no tenía ganas de hacer nada hoy, viajé muy poco. Luego bebí whiskey; es algo un poco triste, pero, aunque ese whiskey es algo fuerte, ya me he acostumbrado por completo.
Día 27
Me siento más fuerte. Aunque no he sido capaz de salir de estas habitaciones he conseguido tonificar mi cuerpo. Debe ser a causa de todas las sentadillas y golpes a las paredes que he hecho para ahuyentar la depresión. Me pregunto cómo se hacen las verdaderas sentadillas hindúes. Tal vez las que inventé son más efectivas que las que ya existían. Cuando salga de este mundo debería intentar divulgar este método.
Día 30
Hoy encontré algo interesante en una de las habitaciones que pasé. Pensé que se trataba de una simple caja de paulonia, pero cuando la abrí descubrí un cepillo Kamenoko en su interior; lo probé en el lavabo y limpió toda la suciedad sin siquiera tener que usar detergente ni ningún tipo de esfuerzo, es super efectivo. Sé que solo soy un viajero pasando por todas esas habitaciones, pero por capricho terminé por limpiar un lavabo hasta dejarlo reluciente. Vaya que soy idiota.
Me pregunto por qué existen esas pequeñas diferencias en cada habitación. ¿Qué las causará? Kaori también estaba en uno de ellos. A primera vista todas lucen igual que mi habitación, pero ¿qué causará esas variaciones? No tengo ni las ganas ni el dinero para comprar una muñeca sexual, tampoco recuerdo nada de este cepillo.
Todo es un misterio.
Día 31
Me desperté a las tres.
No sé si es medio día o de madrugada. Alguien dígame por favor, al que lo haga le regalaré tres mil yenes. Hoy atravesé temerariamente por muchas habitaciones, sin embargo, probablemente no fue una buena idea hacerlo sin antes haber planeado una dirección a seguir. Creo que dejaré de destrozar paredes de ahora en adelante y volveré a moverme a travesando puertas y ventanas. Aunque probablemente llegará el momento en el que me pregunte sobre el otro lado y comience a romper paredes otra vez.
Tomé una siesta y tuve un nuevo sueño.
Una de las habitaciones estaba partida en dos por la gran muralla china. Probablemente fui capaz de escalarla con facilidad debido a que era un sueño. Teniendo en cuenta que puede ser vista desde el espacio exterior no debí ser capaz de escalarla de un solo impulso, pero repito, era solo un sueño; Ozu estaba sentado al otro lado comiendo carne a la parrilla de una pinta deliciosa, la lengua de ternera con puerro estaba casi lista, pero el comenzó a molestarme y cogió toda la carne de la parrilla; se la comió a medio cocinar sin siquiera dejarme probarla. Me desperté en ese momento, sintiéndome completamente frustrado. Ese bastardo, incluso en sueños es todo un patán, pero aunque haya frustrado mis planes en mi sueño siento que lo extraño.
Dios de los cuatro tatamis y medio, por favor concédeme algo de carne. No pido nada extravagante, solo un poco de berenjena asada, de puerro a medio cocinar o incluso solo la grasa de la carne.
Día 34
Hoy detuve mi viaje un poco temprano y me puse a cocinar. Hice migas con la Castella y la freí junto a la hamburguesa de pescado. Tenía un sabor un poco extraño, pero al menos era un cambio. Nunca me cansaré del café, pero me pregunto cuántos nutrientes hay en él. Esa es una pregunta muy importante. La consideré, me comencé a preocupar por mi falta de vegetales y me comí unas vitaminas. Quiero comer algo nutritivo, quiero un poco de algas marinas.
Me lavé el cabello en el lavabo y fui a dormir. ¿Por qué será que lavarme el cabello con agua fría me da tanto sueño? Me quebré y comencé a llorar, probablemente lo hice para aliviar algo de estrés.
Día 38
Se supone que debes quedarte quieto y esperar a que te rescaten cuando estas perdido, pero ¿cuántos estarían dispuestos a quedarse quietos si estuvieran en mi situación? Si no me moviera se me acabaría la comida muy rápido. Soy un nómada que recorre este mundo de cuatro tatamis y medio en búsqueda de hamburguesas de pescado y Castella. No tengo lujos ni libertades.
De cualquier forma, ¿quién me rescataría? ¿Cómo debería referirme a esta situación? ¿Fue el mundo el que desapareció o fui yo quien lo hizo?
Si fui yo, entonces ya había pasado por lo menos un mes en el mundo exterior. Ya habrá terminado junio. Soy como la versión de los cuatro tatamis y medio de Urashima Taro, aunque él no lo pasaba tan mal, a fin de cuentas, pasó todo si tiempo en el palacio del rey dragón.
Mi familia probablemente me estará buscando, me siento mal por mis padres.
Pero Ozu nunca se plantearía buscarme. Probablemente solo se está riendo con algunos estudiantes más jóvenes diciendo cosas como “me pregunto a donde habrá ido”. Todavía tengo fresco ese sueño en el que Ozu me negó la posibilidad de comer lengua de ternera.
Día 39
¿Qué haré si realmente no puedo escapar de este lugar?
Tendré que sobrevivir valientemente como un colonizador por mí mismo. Usaré Castella y hamburguesas de pescado para inventar algunos otros platos de comida, comenzaré a cultivar hongos, romperé todas las paredes y construiré una cancha de bolos, una sala de cine, unos recreativos y todo tipo de centros de entretenimiento hasta crear mi propio paraíso.
Me estoy emocionando solo de pensar en ello.
¿Por qué estoy llorando a pesar de estar tan emocionado?



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